El Gobierno presentó ayer para su tramitación en el Congreso los Presupuestos Generales para 2022. Unas cuentas públicas que la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ha vendido como «una oportunidad única» para la recuperación económica superando definitivamente los efectos de la pandemia.

Lo que sí podemos afirmar es que estos presupuestos están diseñados en clave política, pensando en próximas confrontaciones electorales. Y, para ello, nada mejor que apretar el acelerador del gasto: casi 350.000 millones.

La cuestión es si estas cuentas son creíbles. Es decir, si no se trata de un ejercicio de voluntarismo basado en unas previsiones alejadas de la realidad, práctica a la que este Gobierno nos tiene acostumbrados.

Telegráficamente, he aquí algunos aspectos que nos hacen dudar:

1º La previsión de crecimiento para 2022 es del 7%. El FMI ya ha rebajado ese dato al 6,4%. Los nubarrones que se dibujan en el horizonte: subida de los precios de la energía, consecuente aumento de la inflación, posible repunte de los tipos de interés, etc. nos ponen sobre aviso de futuras revisiones a la baja en el crecimiento no sólo de España.

2º El Gobierno incorpora en los Presupuestos 27.000 millones provenientes de fondos europeos. Pero esos fondos están condicionados a reformas. Fundamentalmente, pensiones y laboral. La reforma que pretende el Gobierno en el terreno laboral va justo en sentido contrario a lo que pide la Comisión Europea. Es decir, que el Gobierno está vendiendo la piel del oso antes de cazarlo.

3º La previsión de ingresos es demasiado optimista, en línea con lo que ya hemos apuntado con el crecimiento del PIB. Pero, además, queda por ver la repercusión que van a tener en la inversión medidas como el decreto sobre el sector eléctrico o la prometida ley de la vivienda, que fija un tope para los alquileres. Por el momento, es difícil estimar su efecto. Pero, desde luego, no va a ser positivo.

4º Los tipos de interés subirán. No de forma explosiva, pero sí significativa. Eso encarecerá el servicio de la deuda. Por cierto, España necesita captar el 2022 más de 240.000 millones de euros (la deuda se elevará a 1,29 billones de euros). Y ya no tendremos al BCE en disposición de comprar a mansalva como ha sucedido hasta ahora.

5º La negociación para la aprobación del Presupuesto aún no está cerrada. Es decir, que es muy posible que tanto ERC como el PNV condicionen su apoyo a nuevas partidas de gasto. Eso ya lo hemos visto en otras ocasiones y no debería sorprendernos.

La esencia de las cuentas públicas es un gasto disparado con tintes electoralistas. España no se encamina a la quiebra, pero sí a un ajuste muy duro cuando concluya la fiesta

El Gobierno quiere dar la impresión de que con un Presupuesto expansivo va a cumplir su promesa de «recuperación justa». Pero los problemas surgirán cuando se constate que la economía crece menos de los previsto y que en Bruselas ya no son tan simpáticos y van a exigir, a cambio de los fondos, unas políticas incompatibles con las pretensiones de UP. La fuerza que exhibe Yolanda Díaz es vista con preocupación en la UE. Veremos si Pedro Sánchez termina cediendo a sus pretensiones de cargarse la reforma de Rajoy. Y también habrá que ver hasta qué punto es coherente la vicepresidenta económica Nadia Calviño, muy desdibujada últimamente.

Presupuestos políticos que van a propiciar a corto plazo una recuperación del empleo en base a un paquete inversor (40.000 millones) que no es sostenible en el tiempo. Otro reto que tiene por delante el Gobierno -suponiendo que Bruselas de vía libre a los 27.000 millones previstos para 2022- es cómo se van a emplear esos fondos. Eso lo iremos viendo a los largo de los próximos meses.

España no se encamina a la quiebra, como afirmó Pablo Casado en una reciente entrevista a El Mundo, pero, con estos presupuestos, el Gobierno está poniendo las bases para que nos veamos obligados a un duro ajuste cuando se acabe la fiesta del gasto. Esa experiencia ya la vivimos con la crisis financiera. Como gráficamente suele decir el ex ministro de Industria Miguel Sebastián, hace once años en el Gobierno de Rodríguez Zapatero «nadie quería apagar el tocadiscos». Estos Presupuestos garantizan baile para, al menos, un año más. Después vendrá la resaca.