Europa necesita a África y África necesita a Europa. 

Este viernes, con un retraso de dos años impuesto por la pandemia, se clausuró en Bruselas la sexta cumbre Unión Europea-Unión Africana para reforzar, renovar y recalibrar nuestra asociación económica y estratégica. Precisamente el covid-19 ha dejado al descubierto la vulnerabilidad de nuestras sociedades y economías, profundamente interdependientes. Europa necesita a África y África necesita a Europa, decimos. Pero no sólo eso: Europa tiene que intentar buscar una nueva y mejor posición como socio del continente africano por varias razones. 

En primer lugar, porque los grandes retos, relacionados por ejemplo con el cambio climático o la pérdida de biodiversidad, no podremos abordarlos sin una cooperación más estrecha. Pero también porque los problemas y oportunidades de África son problemas y oportunidades para la UE. Necesitamos una diversificación de las perspectivas africanas y europeas para fundamentar opciones políticas viables; tenemos que olvidar las viejas dinámicas donante-receptor y buscar soluciones concertadas entre socios iguales. 

La UE tiene que asumir que la competencia geopolítica se ha incrementado en el continente: China ha ganado espacio

La UE tiene que asumir que la competencia geopolítica se ha incrementado en el continente. China, el principal socio comercial de África, ha ganado un espacio fundamental en inversión e infraestructuras, pero también en unos intercambios políticos, sociales y culturales cada vez más estrechos. 

No obstante, esta relación se pone cada vez más en entredicho porque los últimos veinte años de cooperación intensificada están mostrando las debilidades de un acceso fácil a la financiación por la ausencia de condicionalidades democrática, lo que deja a su paso elevados niveles de endeudamiento y revela profundas deficiencias institucionales. Según el Banco Mundial, los niveles de deuda de los países de renta baja y media de África subsahariana alcanzaron la cifra más alta en la última década, situándose en los 702.000 millones de dólares en 2020. 

Aquí es donde la UE tiene una oportunidad y una responsabilidad para demostrar que puede convertirse en socio preferente, dando acceso a financiación, inversiones y creación de empleo –elementos mutuamente beneficiosos– y apoyando al mismo tiempo la construcción de institucionalidad democrática, gobernabilidad y estabilidad sobre valores universales y compartidos.

Las conclusiones de la cumbre de Bruselas marcan una hoja de ruta importante. Son una primera piedra en un largo camino de construcción que debemos poner conjuntamente en marcha. Es aquí donde todo el corolario de nuestra asociación cobra un papel doblemente relevante. Esta cumbre no debe servir sólo como un impulso político, una declaración de intenciones: debe convertirse en un catalizador de relaciones a todos los niveles en el que la sociedad civil, los parlamentos y el sector privado encuentren espacios y motivos renovados para intensificar y renovar sus intercambios.

Desde el Parlamento Europeo y como presidenta para las relaciones con el Parlamento Panafricano, he estado trabajando junto a líderes y expertos para establecer las líneas prioritarias de la nueva de cooperación.

La pandemia ha desnudado las grandes carencias de los sistemas de salud de nuestros continentes. Pero también ha subrayado la desigualdad global de la que ambos partimos. La vacuna de la covid-19 ha sido quizás el ejemplo más claro: sólo alrededor del 10% de la población africana está vacunada con ambas pautas, frente al 81,4% de los europeos.

Los esfuerzos de la UE en la respuesta Equipo Europa en materia de fortalecimiento de sistemas de salud y la donación de vacunas en el marco de la iniciativa Covax no han sido suficientes. Hay que mejorar mucho las condiciones de entrega y cooperar en la ruptura de barreras para el suministro a través de la promoción de la producción local y la transferencia de tecnologías. Es una prioridad para África, pero también para la UE, que a estas alturas debería haber comprendido que no habrá salud para uno si no la hay para todos. 

Esta cumbre coincide también con un incremento de golpes de estado en el continente africano, y de recrudecimiento de los desafíos de paz y seguridad. El terrorismo en el Sahel y el conflicto en Etiopía son prioridades que exigen incrementar la colaboración con las organizaciones regionales y acompañar las iniciativas que aborden la seguridad desde una perspectiva integral: atendiendo a los elementos indisociables relacionados con el desarrollo, los derechos humanos y la gobernabilidad democrática. 

El comercio y las oportunidades de diversificación e integración en cadenas de valor regionales e internacionales que abre la reciente creación de la Zona de Libre Comercio Continental Africana (AfCFTA) son un reto para la UE, que deberá conjugar sus Acuerdos de Asociación bilaterales con una perspectiva continental, contribuyendo a corregir disparidades regionales y utilizando el conocimiento técnico del que dispone para apoyar a sus socios africanos.

La transición ecológica juega un papel fundamental para una gran cantidad de países africanos con alta vulnerabilidad a los riesgos climáticos

Además. esta cumbre tiene que impulsar las áreas que siguen siendo controvertidas. Por un lado, la creación de empleos de calidad y la gestión de la migración conjunta y basada en mejoras en los esquemas de migración regular y vías seguras son prioridades conjuntas en las que hay gran margen de mejora.

Asimismo, la transición ecológica juega un papel fundamental para una gran cantidad de países africanos con alta vulnerabilidad a los riesgos climáticos que necesitarán espacio para la adaptación y la transición justa y equilibrada, compatible con un avance en la industrialización necesario para muchos países.

Por último, Europa y África tienen también el potencial de ser grandes aliados por el multilateralismo, en un momento en el que el orden internacional liberal está en jaque frente a actores de gran peso en el continente como China y Rusia. 

Nada de todo esto se conseguirá sin un impulso diferente del que ya conocemos. Esta cumbre marca el camino. Tiene que ser un hito, pero lo que importa, como siempre, es ese camino. En un contexto de confusión y pesimismo a nivel internacional, ahora es el momento para la nueva alianza euroafricana. Es responsabilidad de todos. No perdamos la oportunidad.


Soraya Rodríguez, eurodiputada en la delegación de Ciudadanos, preside la delegación del Parlamento europeo para las Relaciones con el Parlamento Panafricano