La aparición de la nueva variante ómicron en el sur de África ha puesto de relieve la gran desigualdad del reparto de las dosis de las vacunas y sus consecuencias en la salida de la pandemia. Mientras la adinerada Europa ya vacuna de terceras dosis, África apenas tiene vacunada con la pauta completa al 8% de su población. Estamos avisados por la ciencia, mientras no se vacune a todo el mundo y el virus circule, surgirán mutaciones del coronavirus que pueden hacer que todo lo andado hasta la fecha se vaya al traste con una variante peligrosa. No está claro todavía si será así con ómicron, pero puede ser la siguiente variante o la próxima.

Los Centros Africanos de Adquisición de Vacunas (AVAT) y los Centros Africanos de Control de Enfermedades (Africa CDC) han hecho balance de Covax, el programa internacional liderado por la Organización Mundial de la Salud, Gavi y UNICEF para hacer llegar la vacuna a los países de renta baja y media. Hasta la fecha, se han entregado 590 millones de dosis. El análisis de lo experimentado hasta el momento es una crítica clara a la desorganización de los países ricos para hacer llegar su ayuda. 

Las vacunas estaba previsto que llegaran por dos vías principales: la adquisición directa de vacunas con dinero donado y por envío solidario de vacunas de países. Pero no se movilizó todo el dinero necesario y con el que se disponía se concentró en la compra de dosis Astrazeneca elaboradas en la India, que fue un error.

“Covax no ha respondido a su misión por diferentes motivos. Por un lado la infrafinanciación para cubrir la vacunación del 20% de la población en casi un centenar de países más desfavorecidos, que fue el objetivo que se fijó para finales de 2021. Por otro lado, Covax nunca ha sido un comprador de vacunas prioritario a lo que se añade el acaparamiento de dosis por parte de los países más ricos. Todo esto ha supuesto que se coloque a la cola en la adquisición de las vacunas y esta debilidad no se puede suplir con donaciones”, explica la investigadora de Salud por Derecho, Irene Bernal

“La mayoría de las vacunas de Covax se esperaban de Astrazeneca con el acuerdo de fabricación con Serum Institute of India, pero no se puede dejar la vacunación del mundo en una sola empresa. Simplemente, así no funcionan las cosas, porque no vas a tener suficientes dosis y no puedes garantizar la cadena de suministros”, explica Mohga Kamal-Yanni, investigadora de The People Vaccine y la Alianza Global de Salud y Acceso a los Medicamentos. “Cuando Serum no pudo exportar por el impacto de la pandemia en la India [el país cerró fronteras] Covax se quedó sin vacunas. Ahora empieza a tener las que Biden ha donado de Pfizer y Moderna, empresas para las que, hasta ahora, no había existido África”.

Porcentaje de dosis administradas

La llegada de dosis con cuentagotas es otro de los “elementos clave que han afectado más a Covax. Han sido muchos los retrasos en la llegada de las pocas vacunas que han ido aterrizando en los numerosos países, dificultando la planificación y la administración de las dosis”, añade Irene Bernal.

Según el balance de los centros de recepción de vacunas de África la mayoría de las donaciones, hasta la fecha, se han proporcionado con poca antelación y con una vida útil corta. Esto ha hecho que sea extremadamente difícil para los países planificar campañas de vacunación y aumentar la capacidad de absorción. 

Los países africanos demandan un suministro predecible y confiable porque tener que planificar con poca antelación y garantizar la absorción de dosis con una vida útil corta aumenta, exponencialmente, la carga logística sobre unos sistemas de salud que ya están sobrecargados. También aumentan los riesgos de caducidad una vez que llegan al país dosis cercanas a la caducidad.

Los ricos primero

Detrás de la ausencia de vacunas está el acaparamiento de los países ricos “países que tienen músculo financiero para comprar y preservar han acaparado en exceso y las fabricadas no se han distribuido de manera más equitativa”, explica Raquel González de Médicos Sin Fronteras. Para González Covax “era una buena idea, con la que se quería hacer una distribución equitativa de las vacunas con países de rentas bajas y medias, aquellos países que no podían pujar por las vacunas, pero no ha funcionado”.

Dosis administradas por continente

Según Kamal-Yanni la razón de porqué no han llegado las vacunas radica en que no se han compartido el conocimiento necesario para hacer las vacunas. “Desde el principio hemos dicho que Covax tenía que apoyarse en compartir el conocimiento y el saber hacer para que las empresas en los países en desarrollo fueran capaces de fabricar más vacunas. Pero esto no ha ocurrido porque las empresas no se han visto obligadas a compartir su conocimiento”. La disputa por la liberación de patentes ha tenido un amplio apoyo en el mundo salvo en Europa que se ha opuesto frente al criterio de EEUU. “Moderna no produce vacunas, ha compartido su conocimiento con otras empresas, podría haberlo hecho con los países en desarrollo, pero no lo ha hecho”, añade.

La representante de Médicos Sin Fronteras coincide con su análisis. “La fabricación de las vacunas bajo el sistema de protección intelectual basado en que las farmacéuticas –con mucho dinero público– han hecho una investigación de desarrollo histórico en menos de un año.  Pero ese conocimiento se ha quedado en sus manos y ellas decidían qué plantas de fabricación, si suyas o con terceras. Si se hubiera compartido el conocimiento se hubieran podido fabricar más y más descentralizadas, los países del sur hubiesen tenido más músculo de producir a nivel local o regional”. 

Mohga Kamal-Yanni no comprende porque no se ha llevado a cabo la liberación de patentes que contempla la Organización Mundial del Comercio para situaciones excepcionales como parece la crisis sanitaria global causada por el Covid. “Qué podemos aprender de esta pandemia, los líderes de los países tienen que decidir, no hemos terminado esta pandemia y cada dos por tres tenemos una variante, no pueden dejar estas decisiones vitales de producción, asignación y precio en las manos de las empresas farmacéuticas, todo el conocimiento que rodea a los productos contra la pandemia deben ser compartidos. La propiedad intelectual no puede ser una barrera contra esta producción”, denuncia. 

Habiendo fallado el reparto solidario de la vacuna, la lógica del mercado se ha convertido en una aliada del virus al dejar atrás a millones de personas sin vacunar y favoreciendo su circulación y mutación. De momento la decisión sobre la liberación de patentes sigue sin tomarse. La semana pasada tenía que haberse celebrado en Ginebra una reunión de alto nivel en la Organización Mundial del Comercio para tratar el asunto, pero se canceló por el cierre de vuelos con el sur de África por culpa del ómicron. Paradójicamente, Sudáfrica es junto con India el principal promotor de la liberación temporal de la patente sobre la vacuna.