Empecemos por decir que quién más quién menos, ha intentado adaptarse a las limitaciones incluidas en el decreto-ley aprobado por el Gobierno.

Pero en la mayoría de los casos lo que se ha organizado es una abierta confusión sobre la contradicción evidente entre las medidas obligadas durante la pandemia y las que ahora impone el nuevo decreto-ley.

De todos modos, no se va a producir una “caza de brujas” como ayer ya dijo el presidente socialista de Asturias Adrián Barbón contra quienes necesitarán más tiempo que los 20 días que quedan hasta la llegada del mes de septiembre para adaptar sus comercios a las nuevas directrices. 

Ésa va a ser la tónica general de todas las administraciones autonómicas con las que se debió contar desde el principio dado que a ellas les competía la aplicación de la mayor parte de las medidas, incluidas las sanciones que pudieran derivarse de su incumplimiento,

No se ha hecho así y ahora cada comunidad verá qué puede hacer cuando haya que aplicar las elevadas sanciones que en principio, sólo en principio, tendrían que aplicarse.

Pero una cosa es el comercio, la hostelería o los hogares y otra la industria, especialmente la del gas y la electrointensiva, para las que el presidente de la CEOE ha pedido ya ayuda económica, que es en lo que se traduce la expresión “mecanismos de apoyo” que ha utilizado Antonio Garamendi.

Porque ya se ha dicho muchas veces pero conviene repetirlo otras tantas veces más: es imprescindible establecer un diálogo con los sectores empresariales afectados por las medidas de restricción de consumo eléctrico porque no se trata sólo de que un comercio apague la luz a las 10 de la noche. 

Muchas de estas medidas tienen un impacto directísimo en la actividad y en los costes de estas industrias a las que no se ha consultado nada por el momento.

Pero, ya que no ha podido ser ahora, por pura desidia gubernamental, no debería el Gobierno repetir la misma operación cuando ponga a punto el verdadero plan de ahorro energético que tiene previsto elaborar a lo largo del mes de septiembre. Ése será el plan de verdad porque éste que hemos coonocido de una manera tan improvisada es una mera aproximación.

Es imprescindible que el Gobierno se prepare para la verdadera cogobernanza que se va a necesitar y para escuchar a los sectores afectados por las restricciones»

Pero para entonces le es exigible un plan de coordinación con las comunidades autónomas, que son las que han de implementar las medidas de ahorro, y por supuesto, una negociación con los sectores afectados que son las industrias electrointensivas y del gas, además del sector del comercio, de los locales de ocio, el sector del espectáculo y tantos otros.

No es posible repetir el error cometido en la elaboración del decreto-ley que se está aplicando a partir de ayer. Es imprescindible que el Gobierno se prepare para la verdadera cogobernanza que se va a necesitar y para escuchar a los sectores afectados por las restricciones, que son muchos.

Por lo demás, que el primer día de restricciones de consumo energético haya sido el día en que más se ha incrementado ese consumo tiene que ver sobre todo con la ola de calor que estamos padeciendo. 

Probablemente no se ha tirado del aire acondicionado nunca como en estos días de calor asfixiante y eso incluye también a los hogares donde ni siquiera se puede dormir sin él.

Y aunque es verdad que nos hemos acostumbrado a algo que las generaciones anteriores a las actuales jamás tuvieron, también es verdad que temperaturas como las  que estamos sufriendo en estos dos meses han sido algo muy inhabitual.

Se suman así dos factores esencialmente incompatibles: la necesidad de ahorrar energía y la necesidad de consumirla en proporciones no acostumbradas. 

Y en este dilema nos vamos a mover mientras el calor arrecie. Y encima no sabemos lo que nos deparará el invierno: si temperaturas más cálidas de lo normal o un enfriamiento súbito que nos acabe congelando.

Ese es nuestro problema hoy: que tenemos que conciliar el cambio climático con el ahorro de energía. Y eso puede convertirse en una operación muy complicada para los estándares de vida a los que nos habíamos acostumbrado.

Pero hay que hacerlo.