Irene Montero le arrebató ayer el protagonismo a Grande Marlaska. Su intervención generó tal escándalo en el Congreso que la comparecencia del ministro del Interior quedó casi en un segundo plano. Una muestra: el Telediario de TVE dio la bronca generada por la ministra de Igualdad como primera noticia de su informativo de las 15 horas, mientras que la explicación de Grande Marlaska sobre su actuación quedó relegada a un discreto tercer puesto.

Seguramente la intención de la titular de Igualdad no era hacerle sombra a su colega del Gobierno, pero el caso es que le hizo un enorme favor. De nuevo, lo impactante primó sobre lo importante. Eso explica, entre otras cosas, el deterioro de la vida política en España.

El ministro de Interior acudía a la Cámara para dar explicaciones sobre su actuación en el asalto a la valla de Melilla que se produjo el 25 de junio de 2022 y en el que murieron oficialmente 23 personas (todavía hay más de 70 desaparecidos). El pasado martes, El País, como miembro del consorcio Litghthouse Report, publicó un impactante documental que, en línea con el realizado por la BBC, ponía de manifiesto que al menos un muerto se había producido en territorio español, que luego fue arrastrado por gendarmes marroquíes al otro lado de la frontera. Hubo también heridos en la parte española de la valla y se llevaron a cabo decenas de ‘devoluciones en caliente’. El ministro había dicho con anterioridad que no había habido pérdida de vidas en suelo nacional. Pero la evidencia del documento demuestra todo lo contrario. Sólo había dos opciones: o mentía el ministro, o el documental estaba manipulado.

Todo hacía pensar en una sesión tensa en el Congreso. Varios grupos tenían previsto pedir la dimisión del ministro, un ministro ya quemado por otros graves asuntos.

Sin embargo, unos minutos antes de que comenzara a dar su versión sobre los hechos se produjo el bombazo de Montero. La diputada del PP Belén Hoyo le preguntó a la ministra de Igualdad si se había puesto «en el lugar de las víctimas cuyos agresores han sido excarcelados o han visto rebajadas sus condenas como consecuencia de la denominada ‘ley del sí es sí'». Entonces, la ministra, apoyándose en campañas institucionales de los gobiernos regionales de Galicia y Madrid lanzó la provocadora y gravísima acusación al grupo del PP de «promover la cultura de la violación».

La ministra de Igualdad, al acusar al grupo del PP de «promover la cultura de la violación», desvió la atención mediática que debería haberse centrado en un ministro que ha mentido sobre los graves hechos que sucedieron en la valla de Melilla en junio de 2022

Tengo que hacer memoria, pero no recuerdo algo parecido en el Congreso, y he visto muchas barbaridades. Montero, en definitiva, acusó al principal partido de la oposición, al partido que la inmensa mayoría de las encuestas dan como el más votado en España en estos momentos, de incitar a la comisión de un delito, ¡nada menos que de violación! La respuesta de la bancada popular fue inmediata. No así la de la presidenta de la Congreso, Meritxell Batet, que se limitó a recriminarle su actitud («esta presidenta considera que la expresión que ha utilizado no es adecuada dirigida a un grupo parlamentario»), pero no la expulsó del hemiciclo, como sí hizo el vicepresidente de la Cámara, Gómez de Celis, el pasado martes con la diputada de Vox Patricia Rueda por decir que el Gobierno premiaba a «filoetarras» con los presupuestos.

Posteriormente, Montero se mostró ufana ante los periodistas por la reacción provocada entre los diputados populares. La ministra de Derechos Sociales, Ione Belarra, se sumó a la bronca provocada por su compañera de partido. Su compañero y fundador de Podemos, Pablo Iglesias, que no se pierde una, salió también en defensa de Montero en Twitter: «No querer ver en estas campañas institucionales del PP la cultura de la violación es no tener ojos en la cara o ser muy miserable».

No hay, por tanto, rectificación, sino reafirmación en la atribución de un grave delito al principal partido de la oposición. Orgullo de crear un clima irrespirable, que ahora está en el Congreso, pero que, poco a poco, se va transmitiendo a la calle.

Patxi López criticó las palabras de la ministra. Pero eso no es suficiente. ¿Qué piensa el presidente del Gobierno de lo que dijo su ministra de Igualdad? ¿Está de acuerdo?

Cuando, a veces con razón, se acusa a Vox de alentar la crispación se olvida quién trajo a España técnicas tan repugnantes como el escrache. O la utilización del término «fascista» para todo aquel que se salga de sus estrictos marcos ideológicos.

Montero no ha lanzado la acusación al PP en un momento de calentón verbal, sino con toda la frialdad de una argumentación que sólo busca un objetivo: polarizar. Ni Montero, ni Belarra, ni Iglesias creen en el consenso porque ellos sólo pueden destacar en la cultura de la bronca.

La pretendida defensa de los derechos humanos de los dirigentes de Podemos es tan sólo una excusa, como se pudo comprobar ayer en el Congreso. Montero quiere que se la recuerde por su odio a la derecha. Lo está consiguiendo.