Feijóo parece que ha vuelto a aquello de la pinza, aquel monstruo un poco de quitina y un poco de papel que Anguita siempre dijo que nunca existió. Aquella IU aliada con el PP tras una cena de Anguita y Aznar en casa de Pedro J. Ramírez era todo un peliculón, pero lo que pasaba era que Anguita votaba siempre según el programa, que para él era como las Sagradas Escrituras de un rabino, y la pinza resultaba ser simplemente coherencia. La famosa pinza la solíamos ver a veces casi físicamente, que yo creo que te la traía El País encartada, hermosa y plastificada como cuando regalan piezas de cubertería. Pero lo que ocurría era que Anguita no iba a ayudar a aquel PSOE de la corrupción, los GAL y el pelotazo simplemente por compartir rojos decorativos y barbudos de cabecera. Feijóo saca un poco ahora la pinza como la lanza de Longinos, de poderes míticos o imaginarios, pero Abascal no es Anguita, aunque le haya copiado la barba aquea o filistea o lanceolada, y Vox no está ahora en el purismo del programa, programa, sino al contrario, en el juego de supervivencia de las sillas.
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