Una fotografía; un encuentro breve, apenas una hora, y la versión de sólo una de las partes. La reunión de Pedro Sánchez con el líder de ERC, Oriol Junqueras, en el Palacio de la Moncloa es una buena muestra de la debilidad de un Gobierno que se plantea cada iniciativa como un acto de resistencia.

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Ya es un hecho insólito que el presidente reciba en la sede del Gobierno a un político inhabilitado para cargo público. En Moncloa lo han explicado como una muestra de la "normalización" de las relaciones entre Cataluña y España. En sí, esto ya es una anomalía. Porque, o bien lo normal ahora es no respetar las sentencias del Supremo; o bien, lo normal es que la relación con Cataluña se circunscriba a los acuerdos con los líderes independentistas condenados.

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Con ser este elemento importante, porque los símbolos en política lo son, y porque Junqueras llevaba sin pisar el Palacio de la Moncloa desde 2016, cita en la que, por cierto, no se reunió con el entonces presidente Rajoy, sino con su número dos, Soraya Sáenz de Santamaría, no es esto lo sustancial del encuentro.

Junqueras, que sí que le da importancia a lo simbólico, se negó a atender a los periodistas en el recinto presidencial. Lo hizo al aire libre, en una zona ajardinada al lado de la Facultad de Estadística, porque no quería aparecer al lado de la bandera española. Otra prueba de que la normalización que vivimos no es nada normal.

El líder republicano se apuntó el tanto de haber logrado la reforma del sistema de financiación autonómica antes de que se reúna el Consejo de Política Fiscal y Financiera, que está convocado para la semana que viene. Según su versión, Cataluña será la tercera comunidad en recibir dinero, porque es la tercera en aportar. Lo que quiere decir que Sánchez ha aceptado el principio de ordinalidad, que, de facto, acaba con la esencia de un sistema basado en la solidaridad interregional. Junqueras dijo que, con este acuerdo, Cataluña recibirá 4.700 millones más que ahora, lo que representa un 12% más de fondos para la Generalitat.

Junqueras no quiso hablar con los periodistas en Moncloa para no aparecer junto a la bandera española

Es lógico que el resto de las autonomías, no sólo las gobernadas por el PP, sino también las gobernadas por el PSOE, como Asturias y Castilla La Mancha, pongan el grito en el cielo, ya que para la reforma de un sistema que lleva caducado desde hace más de diez años se ha dado prioridad a Cataluña, dándole un trato especial y discriminatorio respecto a las demás. Aunque el pacto salga adelante en la reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera -el Gobierno goza de mayoría absoluta-, la reforma de la Lofca que debe llevarse a cabo para aplicar el nuevo sistema de financiación requiere de 176 votos en el Congreso de los Diputados, lo que, hoy por hoy, es una entelequia. Para lograrlo, el Gobierno necesita del apoyo de todos los partidos que apoyaron la investidura de Sánchez, entre ellos, Junts. Pues bien, los portavoces de Junts (tanto Miriam Nogueras como Josep Rius) dijeron que votarían en contra de este acuerdo y que sólo avalarían un nuevo sistema con su voto si este no significa que Cataluña tenga un concierto como el que rige en el País Vasco.

La reunión, la foto de Sánchez y Junqueras en la Moncloa, sólo servirá para que ERC apoye los presupuestos de Salvador Illa en Cataluña, lo que se concretará este viernes. Pero no hay ninguna garantía de que ERC vaya a aprobar los presupuestos generales del Estado, cosa que Junqueras liga a que Sánchez le ceda a Cataluña la recaudación íntegra del IRPF.

Así que Sánchez se ha plegado a las exigencias de Junqueras a cambio de nada. Bueno, a cambio de que ERC no apoye una moción de censura, a cambio de dar la imagen de que hay gobierno para rato.

No hay, por tanto, motivos de alborozo ni para Sánchez ni para Junqueras. El modelo de financiación no se va a cambiar sencillamente porque el Gobierno no tiene mayoría suficiente como para que el Congreso lo apruebe. Es el sino de lo que queda de legislatura: gesticulación sin ningún efecto práctico.