Sánchez se quita de en medio yéndose otra vez a la India, donde ya lo vimos como casándose por el rito bollywoodiense con Begoña, entre hemorragias de flores y sedas y bueyes de gala (allí estaban, como comiéndose una pata de elefante, cuando la dana, que menos mal que no estaban en el Ventorro). Primero Dubái, luego la India… Sánchez está como dando la vuelta al mundo huyendo de los escándalos, que cada vez son más y cada vez lo soplan a él y a su globo más lejos. Yo creo que llegará un momento en que no pueda volver y se quede por ahí en un atolón o en un iglú, como esas viñetas de Ibáñez. Mejor lejos, dándole a la geopolítica de paipái, que aquí, donde le esperan las sombras de las elecciones, de Adamuz, de su pasado y de su futuro. Ahora que nos hemos enterado de que Koldo llamaba Dios a Sánchez, o sea que no sólo es “El Uno” sino que es uno y trino, resulta más natural que esté y no esté simultáneamente en todos sitios y en ninguno. De momento, el mismísimo Dios se ha aparecido en la India, como los dioses con cabeza de animal de allí, mientras aquí le esperan el jefazo de la policía acusado de violación o el teléfono de Koldo destripado por Pedrojota en fascículos, entre otros escándalos nuevos o viejos. Lo mismo ya no vuelve, que hay cosas (lo decía Tomás de Aquino) que ni Dios puede evitar.
Sánchez está en India hablando de start-ups, que en realidad en sus labios suena a táper, como antes estaba en Dubái hablando de redes sociales y buscando pelea con Musk. Donde no puede estar es aquí, hablando de todo lo que le pasa a él y de todo lo que le pasa al ciudadano por culpa de él. Irse al ministerio de Yolanda, un día, como si paseara por el serrallo, es como estar en otra India de tumoraciones florales y reverencias de elefanta. Y pasar otro día por el Congreso, como el que pasa por el estanco, para no decir nada, sólo para echarse flores, que encima eran flores de muerto y lo vestían como a un caballo de armón fúnebre; eso también es huir. Sánchez sólo huye, que quiere decir que ya no puede explicar nada porque todo lo suyo ya está explicado. Huye inventándose polémicas exóticas en Dubái o polémicas exóticas en su sotanillo de la Moncloa (ese sotanillo sí que es exótico, mezcla de búnker, guarida, sentina, sanatorio, capilla y fumadero). Sánchez huye de gobernar, huye de la verdad y huye de su futuro, que estaba ya escrito en su pasado. Sánchez huye con tanta desesperación que le alivia cuando un escándalo tapa otro escándalo, como esto del DAO.
Ahora nos encontramos con este DAO (director adjunto operativo), jefazo policial forrado de pegatinas y chapas como el comandante de la Estrella de la Muerte, reviejo de viejo verde, de dobladillo y de cargo (se le prorrogó en el puesto, en vez de mandarlo a mirar obras o pantorrillas, porque según Marlaska era “indiscutido e indiscutible”). Mano derecha, firme y temblona del ministro más quemado e incombustible, el DAO ha sido acusado de violación y con pruebas bastante serias, según parece. Y, sin embargo, esto el sanchismo lo puede manejar sin mucho problema con eso de la contundencia, la celeridad y la empatía, que ellos tienen siempre mucha contundencia y celeridad al deshacerse del que acaban de pillar, y mucha empatía por las víctimas y los damnificados que no evitaron. A pesar de la gravedad del asunto, uno cree que no supone mucho para un sanchismo que se deshizo, con el mismo argumento, de Cerdán, de Ábalos, de Salazar y hasta de lo de Adamuz, existiendo mucha más cercanía a Sánchez, o sea a Dios, un Dios que parece que sólo se rodea de sacristanones torpes, mangones o rijosos. Lo de El Español sí que apunta a Sánchez. Es tan grave que la misma sanchosfera no deja de hablar del DAO, que tiene un conveniente nombre de virus o de misil y una conveniente apariencia de viejo verde pardusco.
Sánchez huye ya tirándonos escándalos a la cara para que nos olvidemos de otros escándalos peores
Lo de El Español sí que apunta a Sánchez, a su esencia, a su ser, a su origen, como si fuera el origen del Joker, aunque en la sanchosfera parezca que Pedrojota sólo ha sacado en el periódico, encartada, una fotonovela de las de antes. En un par de días hemos visto, igual que en esas fotonovelas, cómo se coordinaba el amaño de las primarias y cómo la pareja monclovita o neroniana trazaba una trama de intereses e influencias entre la Organización Mundial del Turismo, Air Europa y la República Dominicana. Y lo que nos queda por saber... Cristian Campos escribía que “al final, Pedro Sánchez y Begoña Gómez han resultado ser lo que parecían”. Lo habían demostrado ya, en realidad, salvo para los ciegos de fanatismo, los mudos en nómina o los tontos sin remedio. Como hemos dicho alguna que otra vez, la única explicación que da sentido a todo lo que ha pasado (Ábalos, Koldo, Cerdán, la Jesi, Delcy, Leire, García Ortiz, el expresidente de la Sepi, la expresidenta de Adif, TVE, Óscar Puente, Tezanos, algún mindundi más y, por supuesto, la entrepreneur Begoña y el inmortal Sánchez); la única explicación, decía, es que siempre fueron lo que parecían. Tampoco es que se hayan molestado mucho en ocultarlo estos aguilillas, que confiaban, con buen tino, en la estupidez, el fanatismo, el interés o el aborregamiento del personal.
Sánchez huye, a Dubái, a la India o a su cueva; huye siempre como en auto loco, en batiscafo blindado o en murciélago gigante, entre infantil y terrible, entre majestuoso y ridículo. Huye geográficamente, políticamente, moralmente, cuando está lejos y cuando está aquí; ya no puede hacer otra cosa desde que no puede engañar a nadie, sólo comprarlo o meterle miedo. Huye ya tirándonos escándalos a la cara para que nos olvidemos de otros escándalos peores. A Sánchez lo llamaban Dios mientras se iba construyendo la leyenda como los pistoleros y los mafiosos, desde la primera trampa al último crimen, pero hasta los dioses caen (los de Wagner caen, precisamente, por las contradicciones entre sus palabras, sus pactos, sus ambiciones y sus actos). Hay cosas que son inevitables. Algunos lo llaman lógica, otros destino, y allí en la India, donde Sánchez parece un Dios de aparadorcito o de carretón, como una Virgen del Rocío ahogada en flores, lozas, bollones y acequias, hablarían del karma.
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