La literatura sobre el 23-F es variada y extensa. Desde Pilar Urbano (Con la venia, yo indagué el 23-F) al coronel Amadeo Martínez Inglés (El golpe que no existió) hasta Pepe Oneto (23-F/ La historia no contada), para recalar en otro libro que no aportando ningún dato nuevo, pero sí una visión distinta y de altura literaria: Anatomía de un instante, de Javier Cercas (que después ha sido llevado a serie de televisión). Sólo he mencionado algunos libros, pero hay muchos más: unos, con intención de descubrir algo que no sabíamos; otros, con el objetivo de meter a todo el mundo en la conspiración, incluido el rey Juan Carlos.

PUBLICIDAD

Por supuesto que aún puede quedar algo por saber, sobre todo, las conversaciones de don Juan Carlos con los jefes de las capitanías generales, y el papel clave de Sabino Fernández Campo a la hora de desactivar la intentona. Por tanto, bienvenida sea la luz sobre todo aquello que tenemos derecho a saber.

PUBLICIDAD

El Consejo de Ministros aprobará hoy la desclasificación de los documentos relacionados con el golpe de Estado de Tejero, Milans y Armada y el miércoles podremos leerlos en el BOE y en la página web de Moncloa (eso si antes no hay una filtración a un medio amigo).

Sin embargo, el Gobierno ha decidido dar ese paso sin que exista una ley que lo respalde. Por el momento, la ley vigente es la de 1968 (con Franco todavía en plena forma), a la que se dieron unos pequeños retoques en 1978. El caso es que, según la ley en vigor, la desclasificación de documentos es competencia de la Junta de Jefes de Estado Mayor, ¡un órgano que ya no existe!

El PNV lleva muchos años pidiendo una ley de secretos oficiales. Quiere que se conozcan los pormenores de casos como el asesinato de Lasa y Zabala, por ejemplo. Le interesa sacar a la luz las barbaridades que se hicieron contra ETA. Pero distintos gobiernos se han negado aduciendo excusas variadas. Cuenta hoy en El Independiente Mikel Segovia que al PNV este Gobierno le llegó a decir que la desclasificación de los documentos del 23-F "no se podía hacer" porque no había base legal para ello.

Sin un ley que lo ampare, el Gobierno desclasifica el 23-F con el objetivo espurio de que se hable de ello y no de otras cosas más molestas

La izquierda a la izquierda del PSOE le ha exigido también que levante la alfombra. Fue una de las condiciones para la constitución del Gobierno de coalición. Tanto Podemos como Sumar se barruntan que el emérito estaba metido en el golpe.

Por fin, en julio de 2025 el Gobierno aprobó un proyecto de ley de Información Clasificada, en un tenso Consejo de Ministros. El pulso fue entre el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, y la ministra de Defensa, Margarita Robles. La cuestión era dirimir quién tenía el poder para desclasificar: si el CNI (dependiente de Defensa), o Moncloa. ¿Adivinen quién ganó el pulso?

Pues bien, esa ley de Información Clasificada, que establece la gradación de los secretos y los plazos para hacerlos públicos, todavía está atascada en el Congreso, porque este Gobierno no tiene mayoría para sacarla adelante.

Así que, sin tener en cuenta el pequeño detalle del marco legal en el que se ampara, el Gobierno ha decidido desclasificar los documentos del 23-F. Ahora, sí se puede.

Es decir, que ahora al Gobierno le viene bien que se hable de Tejero, Armada, Milans y don Juan Carlos.

Insisto en que me parece estupendo que todo lo que tiene que ver con el golpe de Estado salga a la luz, pero debería haberse hecho de otra forma, amparándose en una ley que sustituyera a la vieja norma de 1968. Lo que ha decidido Pedro Sánchez no sólo demuestra que quiere cambiar la conversación pública, como se dice ahora, sino que no le importa el método para hacerlo.