Opinión

EL GOLPE

Moreno Bonilla: Taburetillo y taburetazo

Moreno Bonilla: Taburetillo y taburetazo
El presidente del PP de Andalucía y candidato a la reelección de la Presidencia de la Junta Juanma Moreno | Europa Press

Moreno Bonilla está hecho un Taburetillo, o un Leiva cantando por la nariz, entre el moco, el soplido y el quejido (la mayoría del indie o pseudoindie español consiste en no poder distinguir si uno está resfriado, melancólico, colocadete, caliente o aburrido). No es que a Moreno Bonilla le hayan hecho una canción para la campaña, ni un videoclip para la canción (la canción y el videoclip son como de agencia de viajes o de Tío Pepe), sino que la canción la ha compuesto y la canta él mismo, el propio presidente, que parece el cura cantando o el profe cantando. La verdad es que el cura y el profe que cantan hace mucho que no son modernos ni guais sino lastimosos y sospechosos, que no sé si es más preocupante que no sepan que están haciendo el ridículo o que no les importe estar haciendo el ridículo. Moreno Bonilla tampoco es que se haya puesto folclórico, aceitunero, cascabelero, jondo o ancestral; no es que se haya arrancado por la Jurado, por Camarón, por Triana o por Silvio. No, Moreno Bonilla se ha metido en el moderneo de derechas, esa música que, insisto, hace imposible distinguir si eres poeta o tonto, pijo o desahuciado, bohemio o anémico. Moreno Bonilla, cantando, incluso vocaliza como ellos, o sea como si sólo pudiera pronunciar la sílaba “ñi”: “ñiñiñiñiñí”. Ya no es sólo que un presidente componga y cante, sino que ande pidiendo el taburetazo de Taburete o así.

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Moreno Bonilla superpone versos de azulejo a imágenes de azulejos y voz de terracita a imágenes de terracitas, va arrastrando la lengua de arena por playitas y amaneceres, va salpicando con su musiquilla de ducha, como con el cubo, las macetas del patio, y va derrumbando su amor patriótico, indistinguible de la pereza, por casapuertas, cierros, escalinatas y torreones. La canción se llama Kilómetro sur, que ya es una manera inequívoca de decirnos que está perdido sin remedio, con la brújula loca, el mapa volado, el sistema decimal olvidado y el GPS, como el diapasón, por montera. Me llama especialmente la atención que el título se suponga evocador, poético y significativo, pero no evoque ni poetice ni signifique nada, excepto que no sabe de qué está hablando ni dónde está de pie (“si buscas la dirección para tu corazón no hay un sitio mejor que el kilómetro sur”, dice la canción, y arrégleselas usted para encontrar esas coordenadas). Quizá, aunque sea una catetada, quería contraponer Andalucía con el kilómetro cero, o sea Madrid, y se ha quedado como perdido en el universo curvo, en la geometría no euclidiana, en el complejo andaluz o en un bachiller de letras sin atención a Euclides ni tampoco a la poesía.

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La voz de Moreno Bonilla es perezosa o desperezante (no sé si la habrán editado añadiendo autotune y boquita de piñón pegajosa, que seguro que hay un filtro para eso). En cuanto a la letra, es como un almanaque de caja de ahorros, con todos los tópicos ensartados por un cordel más un regalo de mantecados de la tierra. Pero la música, ah, la música no es que sea de Operación Triunfo, que ha dicho Abascal, ni de Willy Bárcenas en un día de tardeo chicloso, ni de panadero de Barrio Sésamo, sino de aficionado, que es peor. Y es que “el infierno está lleno de aficionados”, que dijo, o eso dicen, George Bernard Shaw. Parece que él tenía un grupo de joven, Cuarto creciente, que no suena ni a indie ni a garaje sino a orquesta de verbena o a dúo de hotel (no abundaba la imaginación, ni la originalidad, creo, en el grupo). De esa afición o esa frustración, más quizá algunos casetes de Los Piratas confundidos con Los Planetas y alguna chiquilla confundida ahora con ese locus amoenus del “kilómetro sur”, ha salido la cancioncita, que ya nos están diciendo la historia, el oído, la lógica y hasta las tripas que nunca tendría que haber salido.

No entiende uno que nadie en su equipo le haya dicho que este alarde o capricho no era necesario, que no iba a terminar como un Bustamante de seminario sino como Jesulín

Uno no es que quiera hacer sangre del pobre Moreno Bonilla, músico frustrado que no se ha dado cuenta todavía de que su frustración era su salvación y también la de los demás, como suele ocurrir. Quizá se siente un poco emperador con lira, que puede componer, cantar y hasta actuar con colorete y nadie en la corte le va a decir que no lo haga (el lado bueno es que puede que la posible negociación con Vox la tenga ganada sin más que prometer no cantar). El hombre se ha dado el gusto a lo Sergio Ramos o a lo Kiko Rivera, aunque en el género lacio / pijo. Se ha dado el gusto y nos ha dado el disgusto, que ese panorama musical nacional que parece sólo malasañero ya estaba cargadete para añadirle, además, una parodia que se toma en serio a sí misma (por cierto, la mejor parodia del género lacio / pijo fue el Amo a Laura de Guille Milkyway, una genialidad). Lo que ocurre es que la parodia musical se puede trasladar rápidamente a la parodia política.

No quiere uno hacer sangre, decía, o a lo mejor sí, pero no es su música lo importante, que eso salta a la vista. Lo que pasa es que un gobernante que no se da cuenta de qué cosas sabe hacer y qué cosas no sabe hacer, qué cosas son buenas, qué cosas son malas y qué cosas son infames, eso puede ser preocupante. No entiende uno que nadie en su equipo le haya dicho que este alarde o capricho no era necesario, que no iba a terminar como un Bustamante de seminario sino como Jesulín (el cachondeo es todavía peor para un político que para un torero, que se lo digan a Fernando Clavijo), y que se podía ahorrar el ridículo de la cancioncita como se podía haber ahorrado aquel ridículo de la vaca. Yo, además, diría que un gobernante andaluz que no puede evitar subirse al tablaíllo a cantar parece lo que esperaría la señora Ferrusola o así. No sé si Moreno Bonilla se postulará para el Benidorm Fest o se recompondrá, pero yo sí voy a intentar recomponerme, que si ya sufrí descubriendo al Taburete de verdad, lo del Taburetillo me ha dejado no sé si catatónico, sordo o sólo resfriado. Ahora es que sólo oigo algo que hace como “ñiñiñiñiñí”...

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