Feijóo hace sus cuentas de la vieja, con muchos botones y lentejas que saca de sus bolsillos panaderos, que son como nidos de churruscos, asentados de migas y pelusa. Feijóo hace sus cuentas de pesetas, de docenas o de alfileres para una moción de censura que yo no creo que suceda y él, la verdad, diría que tampoco. Pero supongo que piensa que algo tiene que ir haciendo y diciendo, que si no sólo parece que está esperando, como la vieja, que le toque el cupón o que se muera la vecina (Sánchez) con estruendo de gallinas y soponcio de loro. En realidad sí hay cosas que Feijóo puede empezar a hacer y a decir, por ejemplo pensar y explicar su proyecto para España, para cuando le toque el cupón o se mueran la vecina o el loro. Pero ahí está él, que dice que le faltan dos o tres votos y de verdad los está buscando, como cuando se busca un dedal, o los céntimos para el pan, o la zapatilla que se te ha perdido en la noche como una barquichuela. Yo no sé las cuentas que está haciendo Feijóo, ahí como contando clavo y pesando en celemines, porque ninguno de los socios ha hablado de moción. Le han dado a Sánchez, eso sí, la extremaunción de vieja o de loro, con más o menos saña o lástima, pero no es lo mismo ir al entierro que participar en el crimen.
Los socios de Sánchez no van a prestarse a una moción de censura, va contra su lógica de bloques, contra la estrategia de sus guerras particulares (PNV con Bildu y Junts con Esquerra) y contra su desinhibido empeño en sostener a Sánchez pase lo que pase. Aitor Esteban, Aitor el del tractor, declaró el otro día que “la legislatura ha llegado a su fin” con su solemnidad campechana de cura o de árbitro o de árbitro cura después de un concurso de cucaña o de alubias de la parroquia. En realidad ese fin es tan solemne como arbitrario y tan tajante como inofensivo. Quiero decir que nada ha terminado después del sombrerazo o bastonazo de Esteban, y que la legislatura estaba igual de finiquitada hace cuatro meses, o seis, o un año. Hace ya mucho que teníamos a los corruptos en taparrabos, a las putas de leopardo, a las cloacas a toda máquina y a Zapatero haciendo de agente de Maduro, yendo y viniendo como la flor de la canela. Hace mucho que teníamos a Sánchez de único y sospechoso superviviente del Peugeot y, además, sin mayorías estables, sin presupuestos, sin otra gobernanza que la propaganda y sin legislar más que a trompetazos de decreto, que es como el bando con trompetilla del sanchismo. La legislatura ya estaba acabada hace mucho, cosa que no parecía importarles ni a los socios ni al propio Sánchez. Yo creo que aún pueden declararla finiquitada o muerta dos o tres veces más, o las que hagan falta, sin que se finiquite ni se mate nada.
Feijóo cuenta votos como si se contara los dientes que le faltan, cuenta a Coalición Canaria, cuenta al PNV, cuenta a Junts, contará entre los aliados hasta a sus gatos, periquitos y azaleas, pero ni PNV ni Junts van a apoyar una moción, sea instrumental o sea vocal, que es verdad que la cosa suena a conjunto de viejas con pandero. Puigdemont también ha roto sin romper, ha protestado sin castigar y ha ahogado sin matar, lleva desde el primer momento haciendo todo ese juego pasivo-agresivo o sado-maso (recuerden lo de que haría “mear sangre” a Sánchez, que parecía que lo decía desde detrás de una máscara con pinchos). Puigdemont fantaseaba con catéteres y cuchillas, Míriam Nogueras sacaba las espuelas con flecos y la fusta también con flecos en el Congreso, pero todo este despliegue de plástico, acero y cuero no ha conducido más que a una especie de depresión postcoital indistinguible de la modorra. Por supuesto, Junts prefiere a un Sánchez débil, mudando el pellejo en los tribunales y los telediarios, al que poder seguir exprimiendo hasta que muera, seco y amarillo como una tortuga. Y es que al otro lado sólo están PP y Vox.
Feijóo estaría apelando a los socios de Sánchez como si no fueran cómplices de Sánchez, los que le han dado la vida a Sánchez más de una vez
Feijóo sigue buscando votos para una moción de censura como la vieja que busca el bingo en su bingo de casapuerta, pero resulta que nadie está jugando al bingo más que él. La toxicidad de Sánchez es una cuestión de perspectiva o de posicionamiento, y los socios pueden soportar sin problemas la corrupción y hasta la mafia, y que Sánchez ande con botas de pocero por el partido de las cloacas y botas de matarife por el partido de las chistorras, manchando todo el país de mierda y aceite. Esto le da igual al PSOE, que aún defiende a Sánchez, y a sus socios que no van a echarlo para poner a Feijóo contando cabezas de ajo. La corrupción, que quizá es inevitable, es mejor que esté del lado bueno de la historia y que sirva para que conserven el poder los tuyos, o al menos los que puedan darte lo que pides, prebendas, dineros y hasta un brillo de nobleza en tus botijos o tus miserias. Ya conocíamos este cinismo nacional, pero Sánchez lo ha convertido en virguería, en virtuosismo y hasta en musical. Sus socios, por su parte, lo han convertido en bicoca, y nadie renuncia así como así a las bicocas.
Feijóo cuenta votos como ovejitas, busca votos como la perilla de la luz de la cama, pero yo creo que sabe que no puede sacar adelante una moción de censura sea instrumental, vocal o sinfónico-coral. Hubo un momento en que podría haber sido buena idea presentar la moción, incluso para perder, si así conseguía contraponer un proyecto y un liderazgo al caos y la agonía de Sánchez, que parece un surfista californiano que se ahoga espectacular, horrible y largamente. Para que ahora parezca querer de verdad presentarla y ganarla yo veo dos opciones: o Feijóo lo hace para estar haciendo algo, o sea que con el surfista ya medio muerto aún no está haciendo nada, o es que cree que con la moción está trasladando cierta presión moral y democrática a PNV y Junts. A PNV y Junts, repito. Feijóo estaría apelando a los socios de Sánchez como si no fueran cómplices de Sánchez, los que le han dado la vida a Sánchez más de una vez, siguen dándosela cada vez que lo matan o se ahoga en su playa californiana, y se la darían otra vez si llega el gozoso milagro. Si a PNV y a Junts les penalizara electoralmente la moral de Sánchez, Sánchez habría desaparecido hace años. Ellos manejan la aritmética con inmoralidad y Feijóo maneja la aritmética sólo con artritis. Y así es imposible que salgan las cuentas.
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