Al contrario de lo que vaticinaban la mayoría de las encuestas -incluida la de Canal Sur en la noche electoral- Juanma Moreno no logró revalidar la mayoría absoluta que consiguió en 2022. Cuatro años después, se ha quedado en 53 escaños, cinco menos que entonces. Es un triunfo, indudable, pero insuficiente para gobernar sin tener que hacerle alguna concesión a Vox, que logró 15 escaños, uno más que hace cuatro años.

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Moreno ha obtenido 140.000 votos más que hace cuatro años, pero se ha quedado con el 41,5%, mientras que en 2022 acaparó el 43,1% del voto andaluz. ¿Cuál ha sido la clave para que se haya dado esta aparente contradicción? La participación ha subido del 56,1% al 65,4%. ¡Casi nueve puntos más! Es decir, más o menos 500.000 votos más. Al PP le ha votado algo menos de un tercio de esos votantes. Aunque el PSOE también ha subido un poco en votos (unos 80.000 votos más que en 2022) esa subida ha sido insuficiente para lograr la remontada, como pretendía la campaña de María Jesús Montero. Finalmente, el PSOE ha cosechado el peor resultado de su historia con 28 escaños (un 22,7% del voto, casi punto y medio menos que en 2022).

Los factores que han determinado ese resultado han sido, por un lado, el magnífico comportamiento de Adelante Andalucía, que ha obtenido 8 escaños (seis más que hace cuatro años) y ha multiplicado por tres sus votos (hasta alcanzar casi 400.000). Y eso que Por Andalucía (la marca de Sumar) ha repetido con 5 escaños y prácticamente los mismos votos que hace cuatro años.

Por otro lado, al PP y probablemente a Vox le ha hecho daño el efecto SALF. El partido de Alvise Pérez ha obtenido más de 100.000 votos (un un 2,5%), que no le sirven para lograr escaños, pero que sí le han restado opciones a los dos grandes partidos de la derecha.

¿Qué lecciones podemos sacar del 17-M?

En primer lugar, que la moderación de Juanma Moreno no ha tenido el respaldo esperado (el presidente de la Junta de Andalucía lo resumió así anoche: "El PP ha obtenido un sobresaliente, pero no una matrícula de honor"). El candidato del PP ha hecho su campaña llamando al voto útil para no tener que depender de Vox y, al final, estará obligado a ofrecerle alguna cosa al partido de Abascal. No sabemos si incluso alguna consejería.

Para Feijóo tampoco es un buen resultado, ya que Juanma Moreno representa mucho más su modelo de gestión que el que abanderan otros barones del PP; en especial, Isabel Díaz Ayuso.

El aumento de participación deja al PP a dos escaños de la absoluta y al PSOE al borde del colapso

Las cuatro elecciones autonómicas que se han celebrado en los últimos seis meses han demostrado que el PP es el partido hegemónico de la derecha y que es el más votado por los ciudadanos. Pero, al mismo tiempo, han puesto de relieve que necesita a Vox para gobernar, a pesar de que el partido de Abascal haya tocado techo.

Vox, por su parte, no puede exigirle al PP la luna, ya que le triplica en votos. Si propone una negociación de máximos se equivocará. Por mucha diferencia, los andaluces han optado por el PP. Eso no debe olvidarlo Abascal.

Al otro lado del espectro político, la gran noticia ha sido el descalabro de María Jesús Montero. El aumento de participación, algo que pensaba el PSOE podría ser su tabla de salvación, no lo ha sido. Sacar 28 escaños en Andalucía es una vergüenza para el Partido Socialista. Es una derrota de la candidata de Pedro Sánchez y, por tanto, también un varapalo para el presidente del Gobierno, por más que en Ferraz se trate de blindar al líder para que esta debacle no le afecte.

Perder en Extremadura, Aragón, Castilla y León, y ahora en Andalucía es una muy mala racha para el líder del PSOE. Sánchez se ha implicado en la campaña andaluza personalmente, y el resultado ha sido lamentable. El voto de la izquierda no ha disminuido respecto a 2022, pero los votantes ni siquiera han huido al otro partido del gobierno (Por Andalucía), sino que se han ido al partido (Adelante Andalucía) que no sólo critica a Moreno en Andalucía, sino también a la coalición que gobierna.

Sánchez quiere pasar página rápidamente para fijarse nuevas metas, pero su desgaste es cada día mayor. El año que queda para las generales -si no se adelantan- va a ser angustioso para los socialistas. Tampoco Sumar puede sacar pecho. Gobernar con Sánchez también le ha pasado factura al partido de la desaparecida Yolanda Díaz.

Ciertamente, Juanma Moreno no ha logrado su objetivo. Sin embargo, enfrente no hay nada, tan sólo un partido que se hunde.