Ocurrió en noviembre de 2014. Pedro Sánchez apenas acumulaba cuatro meses como secretario general del PSOE. Resolvió que su grupo apoyara en el Congreso una propuesta de IU-Iniciativa per Catalunya Verds-Chunta de reforma del artículo 135 de la Constitución, para revertir el cambio que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero impulsó in extremis en agosto de 2011 tras la presión de los mercados y del Banco Central Europeo. El expresidente aseguró que pondría "una sonrisa" al voto de su partido. Fue diplomático ante los medios, pero aquella decisión de Sánchez no le gustó. Nada. Le cabreó. Y lo hizo saber. En aquel momento la relación de ambos se fisuró, y la grieta fue agrandándose. Se empezaba a larvar el desencanto con el joven dirigente madrileño —42 años entonces— que había alcanzado la cúspide de Ferraz frente al diputado vasco Edu Madina gracias al respaldo de los aparatos territoriales del PSOE. Un aval concertado por Susana Díaz, la recién elegida presidenta andaluza y por aquellos días en su hype, y el propio Zapatero en un cónclave celebrado en junio de 2014 en un hotel de Madrid en el que también participaron los barones madrileño y valenciano, Tomás Gómez y Ximo Puig, además del propio Sánchez. "Este chico no vale, pero nos vale", se oyó decir a Díaz. Allí se urdió el plan original de la líder andaluza: Sánchez le serviría para guardarle la silla en Ferraz hasta que ella pudiera desembarcar en la capital ungida como candidata a las generales. Pero él no se sometió a la hoja de ruta que le habían dibujado. Él quería ser el aspirante a la Presidencia del Gobierno.

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Ese choque de 2014 es útil para ilustrar que no siempre las cosas son como se ven en el presente. Y menos en un partido que en los últimos tres lustros ha vivido en un carrusel constante de emociones. Porque aquel Zapatero, el de 2014, no es el que es sentido y amado y llorado por los suyos hoy. Esos eran los años en los que el PSOE vivía incómodo con su pasado más inmediato, por el hundimiento absoluto de las elecciones de 2011 en las que perdió el poder territorial y la Moncloa por el desastre de la gestión de la crisis financiera del Ejecutivo. Y Sánchez era un líder débil que no lograba combatir la pujanza de un naciente Podemos. Lo que vino después es conocido: el expresidente, como todo el establishment socialista, se volcó con Díaz en las primarias de 2017. Cerradas las urnas y recuperado el trono de Ferraz para Sánchez, Zapatero se realineó con él. Le prestó absoluta lealtad. Fue su principal apoyo. En los momentos fáciles y en los difíciles. A las duras y a las maduras. Y también el muñidor de acuerdos. Con Podemos primero, luego también con Junts.

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El exmandatario socialista había sido rehabilitado por su partido, reivindicado con orgullo por su legado de conquistas sociales y la derrota definitiva de ETA, pero obtuvo la redención total en las generales de 2023. Sánchez parecía desahuciado, el PSOE se veía incapaz de remontar tras el doloroso varapalo de las municipales y autonómicas de mayo. Él fue a terreno hostil, a la COPE, y reivindicó que con su Gobierno se acabó con ETA. A partir de ahí, encadenó entrevistas, actos, mítines. Revigorizó a las bases y los cuadros. Les pertrechó de argumentos, de ánimo. Se convirtió en la estrella de la campaña. El presidente no ganó, pero sí pudo conservar la Moncloa. En buena medida, gracias a su antecesor. Y Zapatero siguió ayudándole. Ejerció de contrapeso a Felipe González y apoyó la ley de amnistía, participó en las infinitas campañas electorales que siguieron, trabajó para muscular la relación con Junts y se convirtió en el interlocutor único con Puigdemont y el emisario del líder hasta la ruptura de octubre de 2025, ejercía a veces de presidente bis. De eficaz y leal número dos de Sánchez.

Zapatero había logrado la redención total en las generales de 2023. Era hasta ahora el referente moral y político para el PSOE y la izquierda, un tótem, un mito respetado y querido por los suyos

La figura de Zapatero se había agigantado en los últimos años. Él era el referente moral y político del PSOE, una autoridad para el conjunto de una izquierda que no escondía su veneración por él. Era más que un reclamo electoral, era un tótem para todo el universo progresista. Un mito. Un icono incuestionado. Un dirigente que no suscitaba rechazo ni anticuerpos en su partido, a diferencia de Sánchez. Un expresidente que era infinitamente más querido que el otro expresidente socialista, Felipe González, cuyo apego a la que un día fue su casa ya era tendente a cero. Zapatero era lo más parecido a un Dios laico para los socialistas. Un hombre que nunca había perdido su talante, su sonrisa, su capacidad de conexión con las bases y con los electores. Respetado y querido por todos.

Esa talla personal y política explica la dimensión de la sacudida del 19 de mayo de 2026. Un día que el PSOE jamás podrá archivar. Con la digestión por hacer del desastre de las elecciones en el territorio fetiche, Andalucía, estallaba la noticia. Zapatero era imputado por presunta corrupción por el juez de la Audiencia Nacional José Luis Calama. La noticia que nadie en su partido quería ni podía creer. Él no. No podía ser él. Pero sí, era él, el señalado en un auto demoledor de 88 páginas como el "vértice" de una "estructura estable y jerarquizada de tráfico de influencias", para la "obtención de beneficios económicos mediante la intermediación y el ejercicio de influencias ante instancias públicas en favor de terceros, principalmente la compañía Plus Ultra". Zapatero, el único presidente del Gobierno cuyos ministros no habían quedado salpicados por un caso de corrupción, estaba siendo investigado por graves delitos, entre ellos tráfico de influencias y blanqueo de capitales.

Desde el pasado martes, el Gobierno y el PSOE han atravesado una de las semanas más duras de los últimos años. Porque nada es comparable con la imputación de Zapatero, ni siquiera la caída de dos de los hombres de confianza de Sánchez, primero José Luis Ábalos y luego Santos Cerdán. Tras transitar unas horas por la tesis del lawfare —que el Ejecutivo no llegó a abrazar formalmente en declaraciones públicas—, los socialistas se dieron cuenta de que la resolución de Calama era "sólida", bien fundada, pero insistieron en que no contenía pruebas "concluyentes", que incriminaran directamente al expresidente. Y a eso se aferraban, a la espera de lo que pueda destapar el sumario —que se comenzó a desgranar ayer sábado por la tarde— y, sobre todo, la defensa que él haga de sí mismo ante el magistrado de la Audiencia Nacional el próximo 2 de junio.

En el partido se preguntan si pudo haber cometido delito, por qué confió en Martínez, cómo sus hijas ingresaron más de medio millón de una sociedad inexistente. Quiere creer que podrá explicarse

El PSOE no ha sabido salir del brutal shock inicial. La enorme conmoción que ha permeado desde la Moncloa hasta la última de las agrupaciones locales del partido. Y todos buscan una explicación. Qué ha podido pasar. Por qué su referente pudo haber cometido alguna actividad ilícita, por qué confió en su amigo Julio Martínez, Julito, empresario dueño de la mercantil Análisis Relevante —epicentro de la trama—, y señalado en el auto como su testaferro, cómo sus hijas, Laura y Alba, pudieron ingresar a través de su empresa, Whathefav, más de medio millón de euros a través de Inteligencia Prospectiva, una sociedad "carente de actividad real" y cuya sede ni existía. Todos quieren creer que es una pesadilla, que Zapatero podrá explicarse y deshacer el lío, que pudo equivocarse con sus amistades y ser un incauto, pero no les cabe en la cabeza que pudiera haberse acercado al delito. Porque él ha sido el ancla del partido todos estos años, el hombre que ha insuflado moral a la tropa cuando más hacía falta, el que desde el PSOE había logrado vitaminar a la izquierda en estos últimos años.

La hondura del golpe aflora en las conversaciones con miembros del Gobierno y de Ferraz, con dirigentes territoriales, con exministros suyos que trabajaron con él y recalcan que no, que no puede ser.

—Hay mucha consternación, y una especie de estado de shock que impide por el momento la reflexión serena —indica con dolor un exintegrante de sus Ejecutivos que lo conoce muy bien—. Hay miedo de que se pueda fundamentar alguna acusación con pruebas, y hay esperanza de que todo pueda diluirse. Yo personalmente estoy muy apenado, porque sea cual sea el resultado, el sufrimiento de Zapatero y su familia es importante y profundo. Mi opinión personal es que si hay alguna maniobra que pueda calificarse judicialmente como delictiva, Zapatero no ha sido el autor ni el instigador, sino más bien una víctima en manos de personas en las que no debió confiar. Puedo imaginar a un Zapatero negligente, pero no un Zapatero delincuente. Descuidado o indolente quizá, pero jefe de una organización criminal... no. Los efectos emocionales sobre la organización quizá conviertan este asunto en el más importante de los que nos ha tocado vivir.

Esta opinión cualificada resume el sentir de muchos cargos consultados. "Puede que haya sido un poco ingenuo, pero no delincuente —resume una ministra de Zapatero—. Hay confianza en que conseguirá demostrar su inocencia en la que se cree. Todo el mundo que lo conoce sabe que no se corresponde con lo que se insinúa en el auto, pero lógicamente el partido tiene un enorme impacto". Ella, como también hace la dirección y la Moncloa, esgrime que la resolución de Calama, aunque "dura", recoge "conversaciones de terceros", sin "pruebas" que apunten al expresidente, y deja ver que "otros se aprovecharon" de él. Esta exministra también incide en que no encaja a muchos en el PSOE que Gertrudis Alcázar, Gertru, la secretaria de toda la vida del expresidente, sea, como afirma el juez, una "pieza operativa esencial dentro de la red organizada".

Hay miedo de que se pueda fundamentar alguna acusación con pruebas, y hay esperanza de que todo pueda diluirse", "puede haber sido un poco ingenuo, no delincuente", dicen dos exministros

Otra exministra del expresidente se reconoce "muy afectada", pero insiste en que confía en su "honestidad e inocencia", "plenamente". "Sería una sorpresa mayúscula que no fuera así. No confío, sin embargo, en la honestidad e inocencia de personas que se hayan podido acercar a él para aprovecharse de su figura", añade. Otro exmiembro de su Consejo de Ministros apela a la presunción de inocencia, al "respeto a las garantías" del proceso, y lo advierte porque "la derecha española lo pisotea una y otra vez, con el consecuente deterioro del servicio público de la Justicia". "Ahora bien", continúa este exministro, "si lo que apunta el auto se confirma con las pruebas de un proceso justo, es inexplicable lo ocurrido para mí". "Y me llenaría de tristeza, claro está, como a mucha gente que profesa los valores de la izquierda. Quien acusa debe probar y Zapatero debe poder defenderse en un proceso justo. Hay que esperar que la instrucción respete las garantías del acusado y el derecho a su defensa sin que se le condene antes de ser juzgado".

Para otro ex alto cargo socialista que formó parte de su Gabinete y que le acompañó durante todo su recorrido político en primera línea del PSOE, es "una broma" que se sugiera que él liderase "una organización pensada para delinquir". Sí pudo pecar de "ingenuidad". Recuerda que los ingresos que describe el auto, a él y a su entorno familiar, de cerca de dos millones de euros, "se reparten entre varios años", y que en todo caso "no hay problema en enriquecerse legalmente". "Es que los expresidentes pueden cobrar por una conferencia en torno a 50.000 euros Me gustaría ver cuánto han facturado [José María] Aznar o [Mariano] Rajoy a través de Thinking Heads [la consultora que gestiona a conferenciantes vip y que abonó a Zapatero 681.318,04 euros]. Y también Aznar pactó una comisión del 1% con Abengoa para conseguir contratos de la Libia de Muamar el Gadafi, que finalmente fracasó por la caída del régimen".

Las alusiones a los expresidentes del PP no son casuales o anécdóticas. También les mencionan otros altos mandos socialistas que protestan, en privado, por el trato desigual de la Justicia. "Entre los nuestros causa sorpresa que nuestro faro moral esté en estas, pero por otro lado vas viendo que lo de que sea líder de una trama es la típica hipérbole de la derecha. Y que luego gente como Aznar se va de rositas, o que [el empresario Víctor de] Aldama parece un héroe y se pasea como Pedro por su casa por los juzgados. Y luego encima sale MÁR [Miguel Ángel Rodríguez, jefe de Gabinete de la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso] anunciando acciones judiciales que se acaban cumpliendo. Todo eso apesta y desanima", observa un jefe de un aparato autonómico. "Así que sí, máximo respeto a la Justicia", continúa, "pero con la mosca tras la oreja, y si fuera fake no sorprendería a nadie".

La sospecha de 'lawfare', desechada oficialmente, sí se escucha aún en el PSOE en privado: "La mayoría piensa que si no fuera Zapatero no estaría imputado", "pocas cosas son casualidades"

La hipótesis del lawfare, de la cacería judicial, no se ha borrado del todo en la organización. "A fecha de hoy —señala otro secretario de Organización de una federación de mucho peso—, la mayoría piensa que si Zapatero no fuera Zapatero no estaría imputado. Lo que han hecho con él no se atreven a hacerlo ni con Aznar ni con su patrimonio". Según recuerda otro alto cargo regional, en más ocasiones ha habido denuncias contra dirigentes socialistas, con recorrido mediático, y que luego se diluían, "por eso paciencia y cautela, y él es pieza de caza mayor". "Lo del lawfare", señala, "no es prudente decirlo, pero que lo hay...". Un relevante presidente autonómico desliza esa misma sospecha: "Nuestros militantes saben leer la realidad. Pocas cosas son casualidades".

La confianza en el expresidente, por el momento, es firme, pero con el paso de los días va creciendo la ansiedad. También la decepción y el temor. "La gente está aún en la fase de incredulidad, pero hay muchas dudas también", describe una veterana. "El problema ya no es solo el reproche penal, es la cuestión ética, y para eso no hay remedio", señala un mando del PSC. "Es que empiezas a pensar qué coño ha podido hacer, sabiendo que quizá no sea nada distinto a lo que han hecho otros ex. Él nunca ocultó esos ingresos antes de que se conociera el auto. Quizá Zapatero no ha aplicado demasiada pulcritud, pero estoy convencido de que es legal. No deja de ser lobby, y aquí también los ex de las comunidades autónomas lo hacen. Los alcaldes muchas veces recibimos llamadas de ellos para que tratemos con cariño algún tema —apunta un secretario provincial y también regidor—. Pero sí, es cierto que la gente está hundida. En shock total. Y con decepción, aunque confíe en él".

Pase lo que pase en el previsiblemente largo proceso judicial, el daño ya está hecho: El problema no es solo el reproche penal, es la cuestión ética, y para eso no hay remedio", señala un mando del PSC

Desde una federación más lejana a Ferraz, se muestran algo más fríos: "No es creer o dejar de creer... Hay incredulidad de que lo haya hecho, pero también lo había de Ábalos, y de Cerdán, y de [Paco] Salazar [acusado internamente de acoso a mujeres]. Entonces hay mucha sensación de que puede ser verdad, aunque nadie quiere que lo sea".

El caso Zapatero duele en el partido. Mucho. Por eso varios responsables consultados se refugian en el silencio cuando se les pregunta. Y eso ya es un mensaje en sí mismo. "Es que todos le queremos mucho y significa mucho para todos. Esto afecta a la médula del PSOE, de la izquierda. No estábamos ya sobrados de referentes en el partido, y siempre hemos necesitado a santones como él. Iconos. Y cuando se caen es doloroso, horrible", manifiesta un alto mando del Gobierno.

Incluso Felipe González ha admitido que siente una "profunda tristeza" por la imputación de Zapatero, pese a sus discrepancias. Apunta que no lo imagina en el "papel" de líder de una trama criminal

Una de las muchas pruebas del impacto de la noticia está incluso en la comedida respuesta de Felipe González. El primer expresidente socialista está a años luz de Sánchez y a la cúpula, también lejísimos de Zapatero, y las bases y buena parte de la dirigencia le rechazan por su distanciamiento emocional con el partido que dirigió 22 años. Pero el pasado viernes González admitió que siente una "profunda tristeza" por la imputación de su sucesor, pese a las discrepancias que mantiene con él respecto su apoyo al Ejecutivo y a su posición con Venezuela. El patriarca socialista apuntó que la presunción de inocencia de Zapatero es "indiscutible", y añadió que no lo imagina "en ese papel", el de líder de una trama organizada de tráfico de influencias. El auto, dijo, es "muy impresionante" y el juez Calama está tomando medidas "muy medidas". Es algo que también se le reconoce al magistrado en el Ejecutivo y en el partido: su actuación "no es como la del juez Juan Carlos Peinado", el instructor del caso Begoña Gómez, y se ha andado con tiento, al no proceder a la detención de Zapatero, ni al registro de su domicilio, ni a la incautación de su teléfono móvil, ni al bloqueo total de sus cuentas —solo inmovilizó 490.780 euros, lo que recibió de Análisis Relevante de 2020 a 2025—.

¿Y qué consecuencias puede tener la investigación al expresidente? En el Gobierno y en la cúpula socialista responden de manera elocuente: "Nada". La Moncloa se ha volcado en los últimos días en defender la limpieza del rescate de la aerolínea Plus Ultra en marzo de 2021, negando cualquier trato de favor, y en explicar uno de los puntos más oscuros que describe el auto: el aplazamiento de las deudas de la compañía con la Seguridad Social y la reunión de Zapatero y el entonces ministro José Luis Escrivá en septiembre de 2020. El Ejecutivo esgrime que la figura del aplazamiento es habitual y se concedió de manera más intensa durante la pandemia, mientras que el hoy gobernador del Banco de España ha precisado, a través de su entorno, que aquella cita con el exmandatario socialista giró en torno a las medidas del covid, no sobre el auxilio a Plus Ultra.

Los socialistas subrayan que en el auto no hay nada que apunte a ninguna actividad ilícita cometida presuntamente por algún alto cargo del Gobierno, ni hay nadie del Gabinete imputado, aunque el juez ha abierto una pieza separada sobre tráfico de influencias cuyos protagonistas no han trascendido aún. Por eso entienden que no tiene por qué producirse ninguna derivada, por mucho que este caso pueda tener un impacto electoral evidente. Lo condensa una portavoz territorial: "La puta imagen de corrupción hasta las cejas no nos la quita nadie ya".

El Ejecutivo no temen por ahora que sus socios puedan abandonarle, porque ponen como línea roja la financiación ilegal y Junts no ha deslizado que pueda apoyar una moción del PP con Vox

Sánchez, cuando el miércoles prestó "todo" su apoyo a Zapatero en el Congreso, en la sesión de control, también reiteró que las generales se celebrarán cuando tocan. Esto es, en 2027. Y lo mismo han venido reiterando en los días siguientes en su equipo. De modo que lo único que podría hacer peligrar la legislatura sería una moción de censura presentada por Alberto Núñez Feijóo. La pide Vox y el líder del PP se resiste para no dar bazas al presidente. Y los números, recuerdan en el Ejecutivo, siguen sin salir a los populares: en la sala de máquinas del Gobierno insisten en que los socios siempre han puesto como línea roja la financiación ilegal del PSOE, y ese punto no ha llegado. Junts, de quien realmente depende la estabilidad de Sánchez, se ha ido distanciando más y más desde que decretó la ruptura en octubre pasado, pero tampoco contempla respaldar una operación que forzosamente incluiría a la ultraderecha.

Lo cierto es que Sánchez afronta, como ocurrió hace un año, cuando el obús de la imputación y encarcelamiento de Cerdán convulsionó al PSOE, un mes muy complicado por delante. Esta semana en la que se conocerán todos los pormenores del sumario del caso Plus Ultra arranca el juicio contra su hermano, David, en la Audiencia de Badajoz. El día 2, cuando se cumplan ocho años de su toma de posesión como jefe del Ejecutivo, comparecerá el expresidente ante Calama y a lo largo del mes se espera la sentencia del Supremo del caso mascarillas que ha sentado en el banquillo al exministro José Luis Ábalos, a su exasesor Koldo García y al comisionista Víctor de Aldama.

"El presidente debe aguantar y seguir hacia delante", sostiene uno de los dirigentes de la máxima confianza de Sánchez. Es lo que le aconsejan los suyos. Que no se arrugue. Que soporte esta crisis, la más honda tal vez de sus ocho años de mandato.

El presidente debe aguantar y seguir hacia delante", sostiene uno de los dirigentes de la confianza de Sánchez. En una federación crítica, hablan de "serio riesgo de colapso". Los ánimos continúan hundidos

Porque, como advierte un barón provincial, tampoco el líder socialista tiene muchas opciones. Con el caso Zapatero percutiendo a diario en los medios, la ventana de oportunidad para ubicar las generales se estrecha. Precisamente por la debilidad del partido. Y la previsión de todos es que esta investigación se alargue en el tiempo, que será un calvario. "Bueno, es que la ventana para adelantar las elecciones directamente no existe", indica este mando. Otro alto mando de un territorio crítico redondea la idea de efecto suma. "Existe la sensación de que se caen todas la piedras que sustentan el proyecto y que hay riesgo serio de colapso. Percibo que la sensación de que haya elecciones generales antes de municipales es cada vez más extendida".

Hasta ahora, la idea que siempre ha trasladado el presidente es que quiere que las legislativas se celebren tras las municipales y autonómicas de mayo de 2027, aunque en la cúpula no descartan la opción de un superdomingo, agolpando todas las convocatorias. Una opción que, como aseguraba el pasado jueves en la SER la presidenta navarra, María Chivite, muchos ven como "muy arriesgada", puesto que el PSOE se jugaría todo el poder a una sola carta.

El PSOE aún no se quiere situar en la pantalla siguiente, cómo cubrirá el inmenso boquete dejado por el expresidente: quizá intentar remontar "con menos piezas", quizá apoyarse en otros ex

Zapatero tiró de las últimas generales y de las siguientes campañas. Hasta de las últimas andaluzas del 17 de mayo, que concluyeron en desastre para su candidata, la exvicepresidenta María Jesús Montero. Para las siguientes convocatorias, ¿quién? ¿Quién puede llenar el vacío del expresidente? En el partido no se quieren situar aún en esa pantalla, porque todos insisten en la confianza en él, pero a la vez todos son conscientes del boquete que va a dejar. "Puede que tengamos que remontar con menos piezas, pero si alguien gana en sentido de la oportunidad y audacia es Pedro, y no Feijóo, no está todo perdido", apunta un líder provincial. "Quizá haya que apoyarse en un ramillete de ex de gran nivel, como Josep Borrell o Carmen Calvo, que están inmaculados y que pueden ayudar", completa otro alto alto cargo autonómico.

Hay responsables que se encogen de hombros, que responden con un "ni idea". Porque nadie realmente sabe ni quiere saber qué ocurrirá después de este mazazo tan brutal. Apenas se ve negrura, tristeza y una profunda inquietud.