Un corruptor anda suelto
Javier Ruiz, que está entre José Mota y Monedero cuando se mueve y cuando habla, como bailando o riñendo con garrota, parecía poner la oreja, la trompetilla, la ceja uniceja de algún personaje del cómico mientras le comunicaban la sentencia del Supremo. Algo le había llamado la atención, pero no era que a Ábalos, superministro, ex secretario de Organización, factótum y mano derecha y larga de Sánchez, le habían caído 24 años de trullo. No. Desde el descansillo, atravesando la puerta con clavos y luego la jaula atigrada del loro, lo que le llegaba a Ruiz era el escaso escarmiento para Aldama. Y adelantaba la oreja, la ceja, el labio inferior con temblorcillo de remascamiento. Aquello era un escándalo, un descoque, una sinvergonzonería, la corrupción dentro del Gobierno no era nada comparada con el corruptor Aldama, como un corruptor de amas de casa o de viejecitas, un corruptor que era casi como un estrangulador, ahí en el vecindario.
Sarah Santaolalla pareció salir entonces de su cuarto de adolescente, con auriculares de diadema y enfado de sordo (ese enfado de sordo de los adolescentes). Ella habla así, como sin quitarse los auriculares, y en una retahíla de ahogo y desahogo, de confesión y venganza, de prisa agónica pero innecesaria porque ya no llega a lo que tenía que llegar, como en esos audios de los chavales. “Me parece acojonante”, empezaba el audio. Sí, habían dejado libre a un corruptor, como a un sátiro, y eso que ni siquiera había colaborado con la Justicia, sino sólo “con los medios”. Y con la derecha, claro. Siete magistrados del Supremo, por unanimidad, habían premiado a un corruptor y corrupto por soltar mentiras en los medios sobre Sánchez. Además, le dejaban quedarse “con el botín de lo robado”, se espantaba Ruiz mientras la cámara se le acercaba y era como si Mota nos mirara por la mirilla de vieja. Lo que pasaba era que Aldama había sido absuelto de ese delito, claro, pero así ya no funcionan el bulo ni el meme ni el búnker, ni la pianola de TVE. Quejarte del soplón significa estar en la banda; esa reacción, ese asco por la rata, los delata a todos. Aldama, antes de envolverse en la capa de Drácula, se despedía así en la puerta del Supremo: “Espero que con esta sentencia los que vienen detrás colaboren”. Esto es lo acojonante, o sea lo que les acojona.
Ponte cremita y escapemos
En aquella mañana de la sentencia, mañana de sustos y acojones, con calor de botijo y sombra de trullo, con los polluelos de TVE picoteando la cabeza como de coco de Aldama y los 61 llamando a zafarrancho, Sánchez no decía nada. Pero creímos que sí cuando Ferreras paró su programa como si parara un camión, con su autoridad de albañil bajito como una abadesa bajita: “De Pedro Sánchez, después de una sentencia tan dura y tan brutal al que fuera su mano derecha, sólo hemos escuchado esto: agua y cremita”. Y salía el famoso vídeo de la cremita del presidente: “bebe agua, ponte crema solar...”. Vimos a Ferreras guasón y duro, le sienta bien no estar (o haber salido) de la seducción o el croqueteo monclovita, y, aunque sigue llevando a su programa a varios esbirros y loros de cuota, dice verdades y da cortes con sus manos de poner ladrillos (“El PSOE, más preocupado por Aldama que por Ábalos”, rotulaban bajo unas declaraciones de Rebeca Torró, que parecía otra colegui de Santaolalla). Sacar el vídeo de la cremita era como sacar a Sánchez en pelota, que es como está. Hacerlo con esa ironía era, además, despellejarlo.
El vídeo ya da repelús porque parece el anuncio de crema solar de un niño burbuja, pero es el retrato perfecto y como de Sorolla de la estrategia sanchista: la negación y el escape, casi con piña colada. Lo del escape lo entendimos luego, cuando Begoña tuvo que entregar su pasaporte, que uno imagina abultado y descascarillado como el monedero de la abuela. En ese pasaporte estaba toda la honra de la señora presidenta o de la señora del Cid, y la afrenta conspiranoica de Peinado (pronto diluida por la del Supremo). Ese pasaporte, como una gran sombrilla, tapaba incluso la investigación avalada por la Audiencia de Madrid. Pero en las noticias de Antena 3 nos enteramos de que su apremio era más práctico que honoroso: “Begoña Gómez pide que le devuelvan el pasaporte por la temporada de verano”. Claro, el vídeo de Sánchez no era tanto un consejo contra los tabardillos sino un mensaje privado y cifrado, y no ya para el veraneo sino para la huida con Begoña. Como la canción de la piña colada: si te gusta la piña colada, y la sensación del océano, y el sabor del champán, ponte cremita y escapemos… Va a tener razón Peinado con sus suspicacias.
La filtración de las cejas
Zapatero era coqueto de cejas como de diademas, ahora lo sabemos porque se han filtrado las conversaciones con su secretaria o casi madre (la filtración de las cejas suena ya a tratamiento estético). Bueno, esto es lo que subrayaban los programas tontorrones, los serios hablaban de que ZP tenía agenda de miembro del Gobierno y otros más tremebundos, como Horizonte, destacaban la preocupación de Chema Garrido, director de El Plural entre cojo y reverencias, por la comodidad de ZP con las preguntas de sus entrevistas. O sacaba la cena con Javier Ruiz y Santaolalla (quién lo diría). Por la cena o por la filtración en general, Ruiz, con ojos de fuego sobre sus otros ojos de fuego, se nos vino arriba con un alegato contra los peligros del “Estado judicial” que vigila y expone a los periodistas y puede hacer caer a cualquiera con cosas así, como si no tuviera Zapatero otras cosas por las que caer.
En realidad, aquí todas las causas por corrupción terminan dejando filtraciones morbosas que, además, todos publican (el “duque empalmado” de Urdangarin o Correa en yate). Otra cosa es cómo sucede esto. Lo primero es que ningún juez dinamita su propia instrucción, menos en algo tan evidente como lo de Zapatero, pero, claro, esto del lawfare ya era algo muy loco. Luego, es cierto que debería hacerse el expurgo, pero nuestra pobre Justicia, sobre todo en sumarios muy voluminosos, simplemente no tiene medios. Y como las partes suelen querer tener la documentación pronto (enseguida alegan indefensión), a veces se vuelca todo en bruto confiando en un deber de reserva que pocos respetan. Por eso el propio juez Calama ya ha ordenado la investigación de la filtración. De todas formas, si las causas se anularan por las filtraciones no tendríamos ningún caso, porque la defensa filtraría sistemáticamente. Sí, la defensa, que ya ha pedido la nulidad, es la primera interesada. Y hasta Ruiz, que ya tiene un ataque fachosférico submarino, bajo la mesa del comedor, a su rendido periodismo.
Yo con Begoña: taza y carta
Cuando Sánchez por fin compareció en el Congreso, por supuesto no pasó nada. Apenas hubo duelo de caritas entre él y Rufián, que se acoda en la tribuna del Congreso como en una barra, a pistolear con la mirada. Eso, y una oda loca de Patxi López a Begoña que dejó avergonzado al propio presidente, algo que uno nunca creyó posible. Al día siguiente, se aprobó una moción pidiendo la cuestión de confianza, y Sánchez terminó aplaudiéndose a sí mismo. “La imagen me conmocionó”, admitía en Espejo público Nicolás Redondo Terreros. Era, decía, un “no me importáis nada y me voy riendo con las manos en los bolsillos”. A pesar de dejarle a Sánchez una cara de plástico sobre la otra cara de plástico, quizá el que más éxito tuvo en estas sesiones fue Patxi López, que ha conseguido que su “yo con Begoña” se convierta en taza y en carta oficial de los militantes a Sánchez o de Sánchez a Sánchez (aparecían en pantalla los wassaps begoñistas en difusión, desvelados por OK Diario). Paulino Plata, histórico del PSOE andaluz, veía en esta sumisión “un cambio brutal en la cultura del partido”. Tan brutal que ya no hay partido, sólo esbirros y zombis.
El corruptor de gira
Habíamos dejado a nuestro corruptor enganchado a la blanca y tibia yugular de Ábalos, y enseguida lo vimos por todas las televisiones, como un eco de aquellas interferencias de la época analógica. A mí me parece muy pedagógico que Aldama haga su gira por los medios, como si promocionara nueva temporada de Berlín, entre héroe y malote, con mucha carnaza para el espectador. Primero, porque nos damos cuenta de que aquí los tipos con descaro y millonaje siguen pareciendo jugadores de tragaperras y, sobre todo, para distinguir lo que se dice en los platós de lo que se dice ante el juez. A Aldama le gusta el vacile, pero lo que cuenta ante Iker o Ana Rosa (fotos y negocietes comprometedores de Sánchez, caída de ZP y luego del presidente...) es espectáculo. Lo que importa es lo que diga ante el juez. Algunos no lo distinguen, pero es que ellos tienen su propio espectáculo con sátiros de cine mudo y jueces como el doctor Caligari.
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