María Jesús Montero no tuvo buen ojo al elegir a los presidentes de la SEPI. ¿O tal vez si? El caso es que primero nombró a Vicente Fernández, que tuvo que dimitir por un escándalo que no viene al caso (Aznalcóllar), y, tras un inexplicable paréntesis, le sustituyó por Belén Gualda, que acaba de ser imputada por el juez Santiago Pedraz por facilitar amaños en la concesión de ayudas públicas.

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Tanto Fernández como Gualda proceden de la Junta de Andalucía, de la que Montero fue consejera de Hacienda hasta 2018. Son, por tanto, personas de su confianza. Puso la mano en el fuego por Fernández y se quemó. Estuvo poco más de un año al frente del holding de empresas públicas y, aunque dimitió, enredó en la sombra al menos otro año más, con permiso de su jefa, la ministra de Hacienda, de la que depende la SEPI.

Fernández se dio cuenta de dos cosas durante su estancia en la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales: que se manejaba mucho dinero y que el control sobre las operaciones no era muy estricto. De la SEPI depende, entre otras, Enusa -Empresa Nacional de Uranio- en la que trabajaba por entonces como jefe de prensa Leire Díez. Los astros se alienaron para conformar un grupo con acento vasco: Hirurok (nosotros tres, en castellano). ¿Quién era el tercero de esa tripleta? El empresario Antxón Alonso, dueño de la participación mayoritaria de Servinabar, de la que era socio Santos Cerdán, ahora, por cierto, convertido en escritor. Ardo en ganas de leer La caída, su particular alegato exculpatorio. ¡Si Albert Camus levantara la cabeza!

Todas las piezas cuadran a la perfección: Cerdán ya venía de Navarra con un master en chanchullos con Servinabar. Así que fue Cerdán el nexo entre Antxón y Leire. Fernández era la conexión necesaria para hacer negocios con la SEPI.

El grupito de Hirurok se dedicó a cobrar comisiones por diversos conceptos de varias empresas de la SEPI, desde Mercasa -por la intervención en el cambio de sede-; pasando por Enusa -un enjuague para favorecer a Acciona, empresa con la Servinabar tenía trato preferencial-; a la concesión de unas obras en el Parque Empresarial del Principado de Asturias, o a las ayudas a la empresa vasca Tubos Reunidos. También hicieron un apaño con la empresa Forestalia, pero ese es otro tema.

Tanto Vicente Fernández como Belén Gualda fueron fichados por la ex ministra de Hacienda María Jesús Montero

Por su mediación, las empresas del grupo Hirurok -fundamentalmente una que se llama Mediaciones Martínez, y que nada tiene que ver con Julito- habrían cobrado, según la UCO, más de 700.000 euros.

Fernández, Leire Díez y Antxón Alonso ya estaban imputados, pero Belén Gualda no hasta este lunes. Gualda se habría comprometido, según la Fiscalía, con el CEO de Tubos Reunidos, Francisco Vicente Irazusta, a que las ayudas públicas serían aprobadas en julio de 2021. En efecto, el Consejo de Ministros aprobó unas ayudas de 112,8 millones de euros para la empresa que quería salvar a toda costa el PNV. Su ex presidente, Andoni Ortuzar -ahora consejero de Movistar Plus- se llegó a reunir con Vicente Fernández para hablar de Tubos.

Llama la atención, como les decía, el mal ojo para elegir a los presidentes de la SEPI que tuvo Montero. Le pasa un poco lo que a su jefe, el presidente Sánchez, que, para sustituir al corrupto José Luis Ábalos en la secretaría de Organización del PSOE, designó a Santos Cerdán.

¿Qué pensará ahora la ex vicepresidenta del Gobierno y ex ministra de Hacienda? Este lunes se la vio muy atenta en la comparecencia de Juanma Moreno en el Pleno de investidura del Parlamento Andaluz. Ella, acostumbrada a aplaudir con su particular estilo, al lado de Sánchez en el banco azul y ahora teniéndose que resignar a ser la jefa de la oposición en Andalucía tras un descalabro electoral de los que hacen época.

¿No se enteró Montero de los enjuagues de Vicente Fernández en la SEPI? ¿Tampoco supo que Gualda se comprometió a que el Gobierno aprobaría las ayudas de Tubos Reunidos, gestión por la que el grupito Hirurok cobró 114.950 euros?

Este es un gobierno que no se entera de nada. O tal vez un gobierno que había llegado para hacer lo que estamos viendo.

No me digan que no tiene gracia que la comparecencia de Díez en su esperpéntica rueda de prensa ("no ha estado mal Leire", le comentó Zapatero a su fiel secretaria Gertrudis, este lunes muda en el Senado) hubiera estado preparada por el mismísimo ex presidente del Gobierno.

Zapatero que, en otro orden de cosas, ha sido denunciado en Bolivia por la empresa perjudicada por su gestión frente al presidente Arce (otro que forma parte del Grupo de Puebla, menudo grupo) y aún no ha explicado lo de las joyas.

En fin, que no sabemos si Montero terminará siendo también imputada o no. Pero, en todo caso, debería estar preocupada por su falta de tino o tal vez por su acierto a la hora de elegir a sus colaboradores.