Siempre ocurre. Es una regla no escrita. La aplicación de Darwin a la vida de un partido. Puro instinto de supervivencia. Cuando se aproximan elecciones, es hora de apretar los dientes y de cerrar filas, que ya llegará el momento, si llega, de ajustar cuentas. El PSOE, una formación centenaria que se precia de ser resiliente, sabe que le toca poner en práctica una vez más esa lección, a las puertas del ciclo de 2027, en el que se concentrarán generales, municipales y autonómicas. Y más ahora que el partido atraviesa un momento "crítico", extremadamente difícil, atenazado por un poderoso "nubarrón" judicial, erosionada quizá de modo irreversible la reputación de su hasta ahora icono, José Luis Rodríguez Zapatero, gastadas las pilas del Gobierno por su debilidad parlamentaria y el distanciamiento de los socios. El PSOE era consciente de que no debía ni podía hacerse más daño y por eso salió del comité federal de este sábado como se esperaba: con un apoyo sin fisuras hacia su líder, Pedro Sánchez, apenas roto por las voces, ya descontadas, del presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, y de la alcaldesa de Palencia, Miriam Andrés. No se escucharon reproches por la estrategia del jefe del Ejecutivo, no se le presionó para que adelantara los comicios, no se le exigieron cuentas, no se habló apenas de Zapatero y nada de sus joyas. Nadie quiso echar más sal a la herida, nadie quiso señalarse ni señalar al presidente, nadie quiso abrir debates que puedan sobrevenir —o no— en el futuro. Pesó la responsabilidad. Ese sentimiento de autoprotección. "Es lo que nos toca ahora", tal y como concluían varios dirigentes en el interior de Ferraz.

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La reunión del máximo órgano de poder de los socialistas se prolongó durante seis horas y discurrió en los carriles de lo previsible. Sin sobresaltos y sin las tensiones que opacaron el anterior, celebrado hace casi un año y bajo el trauma de la abrupta salida de Santos Cerdán y las acusaciones por acoso sexual contra Paco Salazar. Las palabras conciliadoras de los barones a la llegada, el discurso sin aristas —y sin novedades— de Pedro Sánchez en abierto y las intervenciones posteriores de una treintena de miembros del comité dibujaron un partido consciente de la gravedad del momento y de las dificultades, pero que a la vez buscaba el reagrupamiento interno, la unidad, con llamamientos reiterados a la "esperanza", a no dejarse vencer por el miedo o la frustración. Claro que también había cierto regusto de impostura, porque reinaba una calma tensa, la sensación de un cierre de filas obligado por las circunstancias pero que se puede resquebrajar pasadas las urnas si los resultados, como preconizan las encuestas, son pésimos.

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Fueron varios los líderes territoriales que, en la entrada en Ferraz, ante los periodistas, marcaban ya el terreno de juego. García-Page, por un lado, al reclamar elecciones y al exigir "garantías" de que el PSOE no será imputado. Apoyo cerrado a Sánchez y al partido de los demás. Como siempre, el más entusiasta fue el president catalán, Salvador Illa, uno de los dirigentes más cercanos al líder. "Toca avanzar, avanzar y avanzar. Esperanza, esperanza y esperanza y nada de miedos", señaló cuando fue preguntado si creía necesario anticipar las generales. Él pidió a sus compañeros cabeza alta, nada de hundirse. "A los socialistas ni nos doblan ni nos callan".

En la misma longitud de onda emitía Diana Morant, ministra de Ciencia y jefa de los socialistas valencianos: nada de rendirse, pidió a su partido, porque la ciudadanía necesita al Gobierno. Y nada de adelanto: "Yo piso la calle y la gente me dice que aguantemos". Había mucha expectación con Asturias. El presidente autonómico y barón regional, Adrián Barbón, llegó al más tarde por su vuelo y a las puertas de la sede le suplió su número dos, Adriana Lastra, vicesecretaria general de Sánchez desde 2017 a 2022. Ella dejó claro que el presidente "tiene el apoyo de todas las federaciones". Y convergió con esa idea de mirar hacia el futuro: "La corrupción, la traición que hemos vivido, nos ha dañado mucho la reputación, pero no puede robarnos la esperanza".

Lastra reconoció, como después hicieron Sánchez en abierto y Barbón a puerta cerrada, el trabajo de la secretaria de Organización desde hace un año, Rebeca Torró, la sucesora de José Luis Ábalos Santos Cerdán. "Esa gente que se ha aprovechado de las siglas del partido" ha dañado al partido, pero hoy "se están haciendo las cosas bien", apuntaló. También los jefes del partido en Baleares (Francina Armengol), Canarias (Ángel Víctor Torres), Madrid (Óscar López), Aragón (Pilar Alegría), Castilla y León (Carlos Martínez) y Extremadura (Álvaro Sánchez Cotrina) respaldaron a Sánchez a su llegada a Ferraz y proclamaron su respeto a la decisión que tome respecto a la fecha de las generales.

El presidente, en gran parte de su discurso inicial ante el comité federal calcó su intervención del miércoles en el Congreso. Distinguió entre los distintos casos que componen ese "nubarrón" judicial, consideró un "atropello" la filtración de datos personales de Zapatero, defendió que claro que "merece la pena" continuar gobernando, presentar los Presupuestos en 2026 e ir a elecciones en 2027. La novedad la dejó para el tramo final, ya que llamó a los suyos a no dejarse abatir, a luchar para ganar las municipales y autonómicas de mayo. "Gobernar no es resistir, pero tampoco desistir ni lamerse las heridas", sancionó. "Os pido coraje, determinación y esperanza. Porque si algo define nuestra razón de ser es esa, el coraje y la determinación para continuar avanzando. Esa es la vocación y el destino del PSOE, al que han querido quebrar una y mil veces. Un partido que jamás ha tirado la toalla".

A Sánchez siguieron al final 33 intervenciones a puerta cerrada. De los presidentes autonómicos —solo faltó la navarra María Chivite, que no acudió por los incendios en su comunidad— y barones regionales y de otros miembros del comité. La más dura, como se esperaba, la de Page. "Creo que falta autocrítica. Te lo he venido diciendo todos estos años. Autocrítica de verdad", le lanzó a Sánchez, a quien también reprochó que no hubiera dedicado "ni una sola palabra" a los últimos procesos autonómicos (en Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía), como si la política nacional no hubiera "tenido nada que ver". El presidente castellanomanchego pidió, como había hecho ante los medios, urnas: "No hay que tener de miedo a ir a las elecciones". Su tesis es que Sánchez tendría que haberlas convocado el año pasado, cuando cayó Cerdán, porque ahora el PSOE atraviesa el "peor momento de su historia reciente".

El barón regional aseguró no "culpabilizar a nadie de la corrupción, salvo a los corruptos". "Pero creo que es bastante normal pensar que la gente nos responsabiliza o de no haberlo evitado, o de no haberlo prevenido, o en todo caso de connivencia. Y eso es de lo que nos tenemos que conjurar, de lo que nos tenemos que apartar". Enlazó con otro tirón de orejas: pidió de nuevo que el partido se querelle contra Leire Díez. Él es el dirigente, de hecho, que primero demandó actuar contra la exmilitante. "No pensemos solo en el PSOE de hoy. Hay que pensar también siempre con la perspectiva del PSOE de pasado mañana, porque de lo contrario podemos estar cercenando, hipotecando las posibilidades y las oportunidades de esta organización a medio y largo plazo".

Page se encontró con varios compañeros que le dieron la réplica. Illa apeló a la "lealtad" al proyecto y al secretario general y apoyó que la legislatura siga, porque la pregunta es "cómo no va a ganar el PSOE". El ministro López fue más explícito contra Page: recordó que peor momento que ahora fue hace 10 años, entre 2014 y 2015, cuando el partido corría el peligro de sufrir el sorpaso de Podemos: "Se vive mucho más cómodo diciendo lo que algunos medios quieren que digas, tienes mucho más futuro laboral si se acaba tu vida política. Sales mucho más guapo en las televisiones y te hacen reportajes maravillosos. Es mucho más incómodo esto", le afeó.

También le reprobó la líder andaluza, la exvicepresidenta María Jesús Montero, que como López incidió en su apoyo a Sánchez y en las zancadillas de una parte de la Justicia contra el Gobierno. "Lo que ocurre contra nosotros es mucho más profundo que lo que aquí estamos comentando de casos con nombres y apellidos [Ábalos, Cerdán o Díez]. Están intentando montar una causa general contra el PSOE", porque "una cosa es responder ante una conducta irregular" y otra "permitir que la derecha mediática y judicial creen una sensación de corrupción generalizada que no existe". Dirigiéndose a Page, le subrayó que "nadie debería colaborar, ni por acción ni por omisión, con una maniobra que va contra" el PSOE y contra la gente, "se trata de que no nos metamos nosotros tampoco el dedo entre nosotros". Montero y López reflejaban el hartazgo de la cúpula con los continuos ataques del barón castellanomanchego a través de los medios. Pilar Alegría optó por una crítica más sutil: la derecha es una "hidra de varias cabezas" y la responsabilidad de los socialistas es "mirar a los ojos a las bestias". "No caben ni cortoplacismos, ni salidas individuales. Aquí está en juego el futuro del partido", sostuvo.

La otra voz discrepante que se escuchó intramuros del comité fue la de la alcaldesa de Palencia, Miriam Andrés. Se esperaba: ocurrió el año pasado. Ella también pidió adelanto electoral y reivindicó su derecho a disentir: "La lealtad es hablar y no nadar y guardar la ropa, igual eran más desleales los que estaban cerca de Pedro [...]. Como en el cuento del rey desnudo, no logro entender cuál es la causa por la que este comité ve esa tela mágica. Yo, como el niño del cuento y por lealtad, no me resisto a gritar que el rey va desnudo. Y creedme, compañeros y compañeras, que no me gustaría nada más que equivocarme en esta cuestión".

El ministro de Transportes, Óscar Puente, también miembro de la cúpula federal, había pedido intervenir tras Andrés, pero al final no tomó la palabra por tener que marchar antes. El año pasado fue el más contundente contra los críticos. Pero Sánchez, en su réplica final, se reservó el estilete contra Page: "Los que hoy piden elecciones son los mismos que en 2016 hicieron a Mariano Rajoy presidente". Una estocada contra quienes hace diez años le defenestraron para propiciar la abstención del PSOE que generó un desgarro mayúsculo en el partido. El líder insistió en que la situación no es tan mala hoy como podría pensarse, porque "es claro, evidente" que España está mejor hoy que en 2023, cuando arrancó la legislatura, y que en 2018, cuando llegó a la Moncloa, por lo que cabría repetir en el Gobierno. Y lo va a intentar: "Si me preguntáis si tengo ganas de continuar, después de todos, tengo que deciros que ¡tengo unas ganas de volver a ganar en 2027...!".

A lo largo de esas casi seis horas de debate de este sábado, se escucharon intervenciones, una detrás de otra, de apoyo cerrado a Sánchez. "¡Veinte a uno!", exclamaba ufano a la salida un miembro de la cúpula federal. Pero tras esa nube de respaldo, se percibía, según el relato de varios miembros consultados, una "calma tensa". "Es que no tiene sentido sacar aquí el cuchillo cuando la situación es crítica", apuntaba un integrante de una ejecutiva autonómica. "La gente sabe estar a la altura de lo que toca. El momento es complejo y hay que estar en la batalla ahora, con toda la fuerza", resumió una máxima líder territorial. "Es lógico el cierre de filas, no podemos profundizar en las heridas con la que está cayendo", apuntaban desde otra federación. "El debate ha sido sano, respetuoso. El tono general ha sido bueno, el clima ha sido bueno", advertía otro barón. "El liderazgo de Pedro ha salido muy reforzado. El balance ha sido muy positivo y veo al partido con ganas", indicaba otro más.

La impresión, por tanto, era muy compartida: el partido ha hecho lo que debía. No hacerse daño. "Es lo que nos toca ahora", condensaba una senadora. "Hoy pasó lo que tocaba —manifestaba un cargo local—. Cuando el enemigo te acosa y acorrala toca cerrar filas y llegar hasta el fin de ciclo con unión y sin darle bazas al PP. El PSOE está en el 28% y eso es ya un milagro". Por eso en la dirección, pasado el comité, respiraron satisfechos: el comité había ido "muy bien", con un "cierre de filas total, salvo Page y Miriam". En el cuartel general apreciaban la "confianza" del partido en el presidente para que decida él cuándo es la mejor fecha para ir a las generales, si antes —como cada día parece más previsible— o después de las municipales y autonómicas de mayo de 2027. Sánchez había sabido jugar sus cartas. Por un lado, había reiterado a primeros de junio que no habrá superdomingo (y este sábado lo dijo una vez más, y recibió un aplauso del órgano). Por otro, en Bruselas, la semana pasada, dejó la puerta abierta a que las urnas se abran en el primer trimestre del año que viene. Esos dos elementos aliviaron la presión de cara a la reunión de este 27 de junio. Decisivamente.