Mientras Feijóo aún busca las gafas de coser en el costurero, y las líneas rojas quizá también, como hilo rojo desmadejado, el PSOE de Sánchez ya está haciendo campaña electoral por Argentina y por ahí. La llamada ley de nietos no es una cosa de reconocimientos, reparaciones o desquites lejanos, históricos y más o menos simbólicos, algo que se legisla en bonito, como un bordado legislativo, y ahí se queda, en la vitrinita hortera del presidente, en el mueble apianado de la abuela o en el baúl con bandoneón del exiliado. No, la ley de nietos es una cosa actual, cercana, activa, urgente, que está hecha para que el PSOE vaya enseguida a América a encontrar a la madre ya un poco abuela, como la de Marco, y a recolectar el voto como el café. Habrán visto ya el vídeo en el que la señora recolectora del PSOE les pide el voto a esos nuevos españoles, gestados en un baúl como le decían a Stan / Loretta en La vida de Brian, precisamente porque ellos les han otorgado la nacionalidad: “Podéis votar gracias a este gobierno”, “movilicemos a todos”. Es curioso porque decimos que el PSOE ya no existe, que sólo es la Moncloa con pisos francos, vacíos como aljibes, y resulta que bajo el cartel de “PSOE Argentina” vemos más actividad que bajo el de Vallecas, y a una enviada o adelantada haciendo un trabajo de colonización casi imperial. Y es que el imperio sanchista aún existe.
La ley de nietos está hecha con toda la intención y con toda la logística, con todo el despliegue de morriña, cartelería, personal, dietas y soldadas, y está hecha para conseguir votos para el PSOE. No está hecha para que alguien, por esas Américas de tonadillera que hace las Américas, encuentre el bandoneón o la guitarra y, con la lágrima de caracolillo de Estrellita Castro, pida la nacionalidad y el vino de la tierra y ponga el papel, firmado por el funcionario indiferente, al lado de la foto o de las cenizas del abuelo con sospechoso mimetismo con Pablo Iglesias. No, está hecha para ir, buscar, animar, evangelizar y pescar almas y votos, que la que estaba allí, según leo, era Pilar Cancela Alegría, secretaria de Estado de Migraciones, en voluntariosa misión apostólica. Habrá quien diga que poco podrá conseguir Sánchez de esto, apenas unos insignificantes miles de votos. Pero el sanchismo no se activa para nada, no monta un zafarrancho ni una cloaca, ni siquiera un desmayito en el jardín, para nada. Yo diría que el trabajo, los medios y, sobre todo, el teatro que pone Sánchez en algo suelen ser una muy exacta medida de lo útil que le resulta, o, al menos, de las expectativas que tiene en ello.
Sánchez dijo una vez que buscaría votos hasta debajo de las piedras, y está en eso, aunque esta vez se refiera al universo mundo; los sanchistas, como los gaditanos o los bilbaínos, nacen donde les da la gana
Claro que esta ley está hecha por el interés de Sánchez, como la regularización de inmigrantes. Estaríamos pensando si no, como ilusos, que Sánchez hace algo por el interés general, por el bien público, que sería acabar con su hemeroteca, con su tipito y con su leyenda. Las dos medidas pretenden alterar, ahora o en un futuro, el censo y su ideología, o sea equilibrar la fachosfera, demasiado española o españolista, o quizá, mejor, equilibrar España o al español, demasiado fachosféricos. Además, son asuntos perfectos para manipular o tergiversar la realidad mientras acusas a la derecha, precisamente, de manipular y tergiversar la realidad; para hacer trampilla mientras señalas las feas acusaciones de que estás haciendo trampilla. Lo de la ingeniería electoral no es una locura ni un descubrimiento de Feijóo, algo que haya encontrado ahora donde las gafas o las bobinas de hilo. Ya conocemos el gerrymandering, o sea el diseño interesado de los distritos electorales, concentrando o dispersando votantes, que se ha dado, en diversas épocas, en muchos países, pero que sigue siendo la norma en Estados Unidos. Aquí, simplemente, hay que echarle más imaginación, más cara y más dinero, que es justo lo único que le queda a Sánchez.
Sánchez ya se habrá dado cuenta de que esta España no le va a votar, incluso aunque se libre de la imputación (parecía disparatado e irreal pero el banquillo ya se le acerca, entre la niebla, crujiendo con su madera de barco fantasma). Esta España no le va a votar, pero a lo mejor sí le vota otra España, extendida, ampliada o inventada, ablandada por el bandoneón o por el vino o por la paguita, una España reencontrada en los altillos o pescada en alta mar. Los nietos que busca Sánchez en América, a través de misiones, emisarios y recompensas, como nietos suyos, en el fondo los considera Sánchez nietos suyos de verdad. Serán todavía represaliados del franquismo, republicanos de alpargata, literatos de corazón recosido (como Cerdán), exiliados de anafe; serán no ya socialistas en hibernación sino sanchistas desterrados. A los demás nietos no los va a buscar para que voten, o no entran siquiera en la ley, claro. A mí me parece una gran misión y a Sánchez sin duda también, por eso diría que hay más socialistas haciendo campaña en América que en Madrid.
Sánchez dijo una vez que buscaría votos hasta debajo de las piedras y, efectivamente, está en eso, aunque esta vez no se refiera a sus socios varios o incompatibles, sino al universo mundo, allá donde haya un sanchista de corazón, que los sanchistas, como los gaditanos o los bilbaínos, nacen donde les da la gana. Y ahí está Sánchez, buscándolos como con poncho y monito en la cabeza. Eso sí, yo creo que el personal está confundiendo la ley de nietos con el pucherazo, y no es lo mismo. Lo primero es un truquillo y lo segundo es una fantasía. Estoy seguro de que Sánchez no tendría escrúpulos para el pucherazo, si pudiera (ya lo intentó, o quizá lo consiguió, en el PSOE), pero eso no es tan fácil y el riesgo es grande. Aunque es verdad que puede parecer mucho trabajo, mucho entusiasmo y muchos kilómetros para unos miles de votos. El caso es que, mientras Feijóo aún se busca las gafas de cerca o de lejos, o el dedal de no hacerse pupa, el PSOE ya hace campaña por Argentina y por ahí. La ley de nietos, siendo un truco bastante desvergonzado, yo diría que lo que nos enseña, al menos de momento, es que Sánchez, medio muerto, sigue más avispado y activo que el otro que anda aún enhebrando la aguja, o quizá peleándose por el ovillo con el minino, con otra abuela o con otro cegato.
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