Pedro Sánchez va a intentar colocar a Yolanda Díaz, que yo creo que es muy colocable en cualquier sitio, como una pastorcilla de porcelana, en el aparadorcito de la OIT, la Organización Internacional del Trabajo. Yolanda Díaz en la OIT suena a Yolanda Díaz en la OTI, ese festival iberoamericano de la canción que ya no existe pero que siempre fue un poco premio y un poco cementerio. De todas formas, va a ser un cementerio, o al menos un aparcamiento de pastorcillas, arlequines, viejas glorias y jóvenes promesas truncadas que podría proporcionarle hasta 300.000 euros anuales. “Va a ser la afiliada de CC.OO. mejor pagada de la historia”, ha dicho Pablo Iglesias, que de vez en cuando asoma la cabeza por ahí, como una hormiga de Pablo Motos, para sentenciar a todos los izquierdistas aburguesados que no son él. Yo sé que aquí lo vamos a vivir como una gran pérdida, igual que cuando perdimos, como dos pamelas voladas, a Bibiana Aído y a Leire Pajín, las musas florero de Zapatero (no pasó tampoco Zapatero del feminismo con musa, como el poeta petrarquista con musa) que se quedaron revoloteando por la ONU o por Bruselas haciendo burocracia retórica. Yo creo que nadie mejor que Yolanda para esta burocracia retórica y para esa pose con abanico o cestillo en el aparadorcito del mundo.

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Yolanda, “de blancos brazos” como Helena de Troya, es la bracera de espuma y es la guerrera del trabajo que ha sido más bracera y guerrera de Sánchez que otra cosa. Por lo menos subió el SMI un par de veces, aunque tampoco es que necesite eso mucho tiempo, mucha imaginación, mucha inspiración ni mucha lucha (ya lo acordaba ella con los sindicatos, sin nadie más, igual que acordaba ella sola, mientras los pájaros le hacían trenzas en el bosque, lo que le pedía España cuando lo suyo era un proyecto de paciente y modesta “escucha”). En realidad, Yolanda, la mayoría del tiempo, estaba ahí, en el aparadorcito del Gobierno (lo suyo son los aparadores más que los trabajadores), sólo para que Sánchez pudiera decir que lo suyo era izquierda mientras pactaba con Junts o con el PNV o se olvidaba de todo el socialismo para hacer sólo personalismo.

Yo sé que aquí lo vamos a vivir como una gran pérdida, igual que cuando perdimos, como dos pamelas voladas, a Bibiana Aído y a Leire Pajín, las musas florero de Zapatero"

Yolanda, “de hermosos cabellos”, a la que yo recordaré siempre llegando a un acto moviéndose como una violonchelista de su pelo, mientras una ayudante que era como Betty la Fea le llevaba los bolsos y los móviles como sombrereras; Yolanda, que, como Irene Montero, había renunciado a esa idea de cierta izquierda ratonera de que la decadencia estética se relaciona con la decadencia ética y política; Yolanda, izquierdista y pija, quería decir, era como la marca perfecta de la izquierda doctrinaria pero venal que necesitaba Sánchez. Además, Yolanda estaba (sigue estando, yo creo) no sólo prendida sino como prendada de Sánchez. Se emocionaba cuando el presidente iba a verla como un guapo que se acerca a la reja andaluza (recuerden aquel “oh, Sánchez” que sonó por su ministerio como por unas caballerizas) y le perdonaba toda la corrupción sólo por un paseo en grupa. Para Sánchez, Yolanda era tener la marca de la izquierda ahí, con grandes monogramas dorados, y la gran fidelidad de la izquierda ahí, con sus grandes ojos asombrados y ciegos, con su amor nerudiano y su cursilería también nerudiana.

Yolanda, “de hermosas mejillas”, no sólo tenía la docilidad perfecta, el suspiro perfecto y el ministerio prefecto, sino el discurso perfecto. Yolanda era una grácil autómata con abanico y tres frases de pianola, como la Olympia de Los cuentos de Hoffmann. Yolanda, de vez en cuando, movía el abanico y las pestañas de la izquierda, entre el espasmo y el engranaje, decía una frase galante de la izquierda, casi siempre mecánica, vacía, intercambiable o incongruente, que sonaba a vieja carraca y a la vez a oronda eternidad (la izquierda a lo mejor debe sonar a carraca y a eternidad), y dejaba en el aire de las ruedas de prensa después del Consejo de ministros unos gorgoritos empinados, cortesanos, idénticos y casi eléctricos, que lo suyo era como hacer izquierda con máquina de coser. Yo creo que ya se veía ahí que ella iba para burócrata robótica con pilas o cuerda para rato, que ni siquiera la corrupción la movía demasiado de su sitio, de su puesto de carga, como la Roomba. Son estos perfiles inagotables, repetitivos, inofensivos y mayormente inútiles los que más triunfan en esas oficinas internacionales siempre altas y vacías, en las que siempre se está encerando el mismo suelo brillante y la misma idea brillante, y encima para nada.

Yolanda Díaz, “divina entre las mujeres”, princesa obrera, vicepresidenta con mangas y estela de ángel, no es la hija de Zeus pero sí es hija del sanchismo. No fue la heredera de Podemos sino del hueco de Podemos junto a Sánchez, hueco que el propio Sánchez redimensionó, rediseñó y rellenó con ella como con una especie de máquina rosa de la izquierda, como una máquina expendedora de chicles. Yolanda es (sigue siendo) la sanchista perfecta, no sólo porque fue creada o elegida para eso, sino porque todavía hoy nos hace dudar de si cree verdaderamente a Sánchez, ingenuidad o fingimiento perfectos que sólo le concedemos ya a ella. Yolanda, que ha sostenido a Sánchez y ha hundido a su izquierda bubblegum, ya no puede pensar en refundar otra izquierda ni en darle otra vida a su máquina de chicles. Ya no tiene nada más y Sánchez quiere recompensarla porque se lo merece.

Lo de Yolanda, si no ha sido amor de verdad, ha sido lo más parecido que la ingeniería o la brujería sanchista ha sabido armar, y se merece un puesto retórico y burocrático más que ningún otro autómata retórico y burocrático. Yolanda siempre fue muy colocable, que iba ella siempre como con abrazadera o peanita, y ahora Sánchez la quiere poner en el aparadorcito de la OIT o la OTI como una hawaiana de salpicadero, que tampoco requiere la cosa mucha obra ni mucho cableado ni mucho trabajo. Allí Yolanda podrá seguir cantando o estatuando las baladas, los boleros, las pastorales y los gorgoritos de la izquierda que ya no funcionan ni venden pero aún se pagan bien. Ya buscará Sánchez otra figurita con sombrillita o pífano, si acaso no tiene que irse él también con poncho a la OTI.