Elecciones Generales 29N

España

El PSOE respira satisfecho y "con ganas" por el 29-N y señala la mayor debilidad: la desorganización de su izquierda

El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con la presidenta del partido, Cristina Narbona (i), y la vicesecretaria general, María Jesús Montero (d), durante la reunión de la ejecutiva federal de este 5 de octubre de 2026, en Ferraz.
El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con la presidenta del partido, Cristina Narbona (i), y la vicesecretaria general, María Jesús Montero (d), durante la reunión de la ejecutiva federal de este 5 de octubre de 2026, en Ferraz. | FLICKR PSOE / EVA ERCOLANESE

El PSOE que había encadenado depresiones por la catarata de casos judiciales, derrotas electorales autonómicas y bofetadas parlamentarias es el mismo partido que ahora se reconoce incluso "entusiasmado", espídico y "con ganas" de afrontar una dificilísima batalla electoral. Quizá la última guerra a campo abierto de Pedro Sánchez. La más a vida o muerte de todas. La que se pinta más adversa por la fortaleza que las encuestas han otorgado hasta ahora a las derechas. Pero los socialistas dicen sentirse, en Ferraz y en los territorios, motivados, satisfechos de que su líder haya confirmado expectativas y situado las elecciones generales para el 29 de noviembre. La fecha a la que todos apuntaban desde que Junts anunció que tumbaría, como hizo el viernes, los dos decretos leyes de vivienda. El adelanto de los comicios ha insuflado energía y alivio a una formación que se sentía muy castigada en esta legislatura y que ahora cree que, por lo menos, "hay partido". Aunque para que haya un mínimo de posibilidades necesita a su izquierda en pie. Y no lo está. Los dirigentes confían en que se reoganice, que incluso confluyan Frente Amplio —la marca heredera de Sumar— y Podemos. El reloj corre, y antes de que concluya el 16 de octubre deben registrarse las coaliciones electorales. Apenas 10 días.

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El presidente anunció su decisión de ir a las urnas este lunes a las 9 de la mañana desde las escalinatas de la Moncloa, aunque ya el domingo por la tarde se la había anticipado al Rey telefónicamente. Sánchez hizo lo que se esperaba de él: un adelanto de los comicios ante el bloqueo parlamentario y a lomos de las movilizaciones masivas por la vivienda. Sin golpes de efecto, a diferencia de lo que ocurrió tras los cinco días de reflexión de abril de 2024, cuando sorprendió resistiendo en la Moncloa pese a que en su partido empezaban a asumir (y a temer) que iba a tirar la toalla. El líder socialista pidió una "mayoría mucho más amplia y progresista" para "acometer en profundidad las reformas pendientes" y para "doblegar a las élites, conquistar nuevos avances sociales y seguir transformando España". También para desplegar políticas de vivienda. En manos de los ciudadanos está elegir si quieren que su país siga siendo "un baluarte de apertura y de justicia social y de responsabilidad medioambiental", si quieren que "retroceda o continúe avanzando".

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En su discurso, de apenas nueve minutos, encuadró su próxima campaña. Un plebiscito sobre la vivienda y también sobre sí mismo. Y, como en 2023, la misma disyuntiva entre la suma de PP y Vox y su alternativa. Después, reunió a su Consejo de Ministros de manera extraordinaria por dos horas, una reunión en la que intervinieron todos los miembros del Gobierno y que se convirtió en una especie de mitin y de catarsis. "¡Salimos a ganar!", arengó Sánchez a su Gabinete, en un tono mucho encendido que el empleado a primera hora en las escalinatas de la Moncloa, donde se le pudo percibir hasta algo apagado. Tras la deliberación, quedó aprobado el real decreto de disolución de las Cortes y de convocatoria de las generales del 29 de noviembre, que tuvo que firmar el Rey telemáticamente desde Finlandia —adonde se encuentra de viaje de Estado con doña Letizia— y que este martes publica el Boletín Oficial del Estado. Las nuevas Cámaras se constituirán el 23 de diciembre, víspera de Nochebuena.

Por la tarde, Sánchez reunió a su ejecutiva federal para echar a rodar la maquinaria de campaña. Se constituyó el comité electoral —dirigido por tres mujeres: Rebeca Torró, al frente del equipo; María Jesús Montero, encargada de la estrategia, y Cristina Narbona, coordinadora del programa— y se fijó para el 17 de octubre la reunión del comité federal, el máximo órgano de poder interno que aprobará de manera definitiva las listas. Este martes, el Consejo de Ministros vuelve a reunirse, de forma ordinaria, para aprobar los decretos de vivienda, que ahora deberán ser convalidados por la Diputación Permanente del Congreso, donde el Ejecutivo sí tiene mayoría sin depender de Junts, cuyo voto es irrelevante, a diferencia de lo que ocurría en el pleno.

El ánimo con el que el PSOE afronta el 29-N es muy distinto al de las últimas generales. Entonces, Sánchez convocó las generales del 23 de julio bajo la conmoción de la debacle sufrida en las autonómicas y municipales. La desgana y el abatimiento eran perceptibles, también la desconfianza porque tras el hundimiento de mayo se antojaba imposible remontar. Pero el jefe del Ejecutivo, contra pronóstico, ganó un millón de votos más y pudo retener el poder, también gracias al buen desempeño de Sumar y de su candidata, la vicepresidenta Yolanda Díaz.

Ahora, el nuevo camino hacia las urnas comienza para el PSOE con otros bríos. Incluso los dirigentes más alejados de la órbita federal reconocen el "alivio" y su voluntad de pelear para intentar que el partido tenga el mejor resultado posible. "Con ganas de dar la batalla. ¡Claro!", exclama una responsable discrepante con la línea de Ferraz y la Moncloa. "En los territorios estamos exultantes porque el alivio aquí es inmenso. Menudo giro de guion. Así que ahora a dar la enésima batalla —observa una dirigente territorial que se ha ido distanciando de Sánchez—. Todo el partido quería adelanto desde hace un año. Nadie entendía esta agonía, y aunque somos pura disciplina y chitón, no se entendía. Ahora daremos la batalla por Pedro. Si las generales hubieran sido después de las municipales y autonómicas, no. Y esto no es postizo, es de verdad. Somos gentes de convicciones muy profundas, y lo que se avecina [un hipotético Ejecutivo de PP y Vox] nos pone los pelos de punta. Claro que va a dar todo el partido la batalla. Y además a una. Ya nos pelearemos luego, pero vamos a dar la batalla".

La decisión sobre la fecha de las generales llevaba aterrando a una parte del partido desde hace mucho tiempo. Los alcaldes y candidatos, sobre todo, deseaban que el examen a Sánchez llegara antes que las municipales y autonómicas, para no ser ellos los que se llevaran el varapalo y para que el debate local no se contaminase de las dináminas nacionales. El 29-N cumple con ese deseo y con este otro: que entre ambas convocatorias hubiese un cierto margen, para poder recuperar oxígeno en caso de perder la Moncloa. De ahí que en el PSOE cundiera este lunes ese sentimiento de satisfacción, de distensión.

Como ya advertían el viernes en Ferraz, el partido se enchufó rápidamente ante la eventualidad de unas elecciones inminentes. Estaba y "está on fire". Como hacía mucho tiempo. "Unanimidad y convencimiento de que hay partido. La gente tiene ganas, de verdad", resumía una integrante de la ejecutiva federal. "El partido está a tope y volcadísimo. Hay ganas —conviene otra responsable de la cúpula—. Estas elecciones nos cogen en un momento totalmente diferente al de 2023. Entonces nos pilló con la derrota de las municipales y autonómicas. Ahora es muy diferente: yo creo que nunca se ha visto que la gente se manifieste contra la oposición". Lo dice este mando por las manifestaciones por la vivienda, ya que van dirigidas "contra el Legislativo": "El Gobierno quiere los decretos de vivienda, la gente quiere y la oposición los tumba", resuelve esta fuente. "Partido superenchufado", resume una tercera voz de la ejecutiva.

En las direcciones regionales, la percepción es la misma. Apoyo al líder y aplauso por su decisión. "Veo a la gente muy tranquila, sabiendo que hoy es un reto grande, pero con la sensación muy mayoritaria de que se ha hecho lo que había que hacer. Yo creo que el PSOE, y en unas generales con Pedro, tiene mucho margen de mejora". "Hay que jugar el partido, ¡y es el momento!". "El partido va a estar muy enchufado. No había otra salida. Estoy muy aliviado. El presidente sabe lo que hace y creo que está pensando en el partido". Es el juicio de tres mandos territoriales, los tres en el mismo sentido. Otra opinión más, la de tres secretarios de Organización de tres federaciones señeras: "Estoy entusiasmado. Vamos a tope y sin resignación". "La vivienda va a ser clave, es el problema, con mayúsculas, y la izquierda debe despertar del letargo. Hay partido". "Estamos a full. Con ganas y muy ilusionados".

La mayor fuente de preocupación ahora mismo, por tanto, no es el PSOE. Es lo que está fuera. A su izquierda. La falta de entendimiento y de claridad, la desorganización en un espacio que los socialistas necesitan musculado para poder soñar con reeditar la coalición. "A nivel general a mí sí que me preocupa eso, veo muy complicado que vayamos a tener una muleta sobre la que poder gobernar como hasta ahora", resume un cuadro regional.

Sumar, en 2023, obtuvo 31 diputados, los suficientes para complementar con los 121 del PSOE. Ahora, las encuestas pintan ese espacio en caída libre. Por lo pronto, hay nueva marca, Frente Amplio, pero no candidato, y no está nada claro que confluya con Podemos, cuya aspirante, la exministra Irene Montero, pide primarias abiertas para el 14 y 15 de octubre. Los más optimistas en el PSOE creen que al final pesará la responsabilidad, el deber de unirse para forjar una coalición competitiva que optimice sus escaños y pueda sumar. Confían, pues, en que habrá acuerdo, siquiera in extremis. "Se arreglarán", expresan varios dirigentes consultados. "Ni me hables del frente judaico popular. Son un desastre monumental —protesta una responsable territorial—. Supongo que aglutinaremos mucho voto útil de ahí. El tema es que la suma de las derechas pare muy consolidada. Pero oye, aquí batalla perdida es la que no se da".

En Ferraz, mientras, tampoco dan por consumidos todos los cartuchos. "Yo creo que se arreglarán. Tienen algo más de una semana por delante y las posibilidades son reales. ¡Yo confío!", manifiestan desde lo alto de la cúpula. En la dirección son conscientes de que si Sánchez estira y mejorase sus resultados de 2023 —121 escaños y 31,68% de los votos (por los 137 diputados y 33,06% del PP)— y los populares sufrieran por el alza de Vox, el PSOE podría volver a ser primera fuerza en el país. Aunque el peligro es que no tuviera ninguna fuerza a su izquierda con la que alcanzar la mayoría.

En el equipo de Sánchez insisten en que la "prioridad" es volver a "gobernar", y eso exige una izquierda alternativa fuerte. La mirada no está puesta, al menos por ahora, en chupar al máximo el voto útil. "No queremos comernos a nadie, hay que convencer a los que están en la abstención para que voten opciones de izquierdas", indican desde Ferraz. Por eso la Moncloa y el partido han saludado las manifestaciones por la vivienda a raíz del desahucio de Maricarmen y la acampada en Sol: no porque se traduzcan en votantes socialistas, sino porque ayuda a la movilización de su izquierda. Dicho de otra manera, Sánchez piensa en bloques, en cómo el bloque progresista es más competitivo frente una derecha que rivaliza también en bloque, bajo las siglas de PP y Vox. En las últimas generales, el presidente y Díaz sincronizaron sus estrategias y minimizaron los ataques, y la táctica de guerra electoral funcionó.

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