Nada es como 24 horas antes. Absolutamente nada. De un Gobierno y un partido confiados en que el macrodecreto de vivienda iba a recibir el respaldo del Congreso a un Gobierno y un partido que miran fijamente a una fecha. 29 de noviembre. Porque es cuando podrían abrirse las urnas. Y toda esa convulsión sísmica, la de mayor energía en una legislatura construida a base de sobresaltos y plagada de crisis, la aceleró una decisión. El no de Junts, categórico y lacerante para la coalición y para sus socios, a los dos decretos leyes de vivienda. Un no recibido con furia, indignación, incomprensión y también hartazgo. Un no que dejaba la legislatura, ahora sí, en punto muerto y sin muchas salidas. Gobierno y partido empezaron a bullir rápidamente y pidieron a su líder, Pedro Sánchez, elecciones. Para aprovechar la ola favorable, el clamor social, la movilización de un espectro del electorado que permanecía dormido. El presidente, lo admiten en su círculo más próximo, sopesa todas las alternativas, también esa, la del anticipo de las generales, y se va a tomar el fin de semana para calibrar, explorar caminos, decantar la balanza. Y escuchar la calle. Quiere que se digiera y se masque la nueva foto de Colón, la de las tres derechas, de PP, Vox y Junts, votando en contra de todas las medidas de vivienda, y a partir de ahí anunciar su decisión.

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Sánchez llegaba este viernes al Congreso antes del arranque del pleno y ya en sí mismo era un gesto, porque no estaba previsto en su agenda. Fue ovacionado por los suyos puestos en pie cuando ya corría en todos los medios la noticia de la presión de ministros y dirigentes de su confianza a favor de elecciones. Escuchó desde su escaño a la ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, defender en tribuna el primer decreto ley, el que contenía la inmensa mayoría de las medidas, desde la protección ante los desahucios de personas vulnerables como Maricarmen Abascal hasta las bonificaciones e incentivos fiscales para inquilinos y propietarios, el IVA del 10% para los pisos turísticos, la regulación del alquiler de temporada y de habitaciones o la prórroga de dos años de los contratos de arrendamiento. Cuando ella acabó su intervención, se refugió en la zona reservada al Gobierno en el Congreso. Regresó a su escaño para la votación. Y justo antes de ella, pidió la palabra. Tampoco se esperaba. Y entonces dejó una frase final premonitoria tras un breve discurso. Y elocuente.

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—Tanto a sus señorías del PP como de Junts les pido que estén a la altura de lo que está pidiendo la ciudadanía. Porque los bulos, las ambigüedades y las excusas absurdas terminan aquí. Ahora son ustedes quienes tienen que demostrar si su preocupación por el bienestar de los ciudadanos es mayor que su deseo de dañar a este Gobierno. Si ustedes están aquí para servir los intereses de unas élites inmobiliarias, que será legítimo pero que no es desde luego el interés de la gente corriente. Hagan lo correcto, porque la historia les juzgará antes de lo que creen y con más contundencia de la que se imaginan.

El mensaje era diáfano. El presidente estaba asfaltando la posibilidad del anticipo electoral. Sin dar nada por hecho. Pero él mismo ya había advertido de que esta era "la hora de la verdad", un antes y un después. Luego se materializó la foto que, pase lo que pase, engrosará el material de campaña: la doble votación pública por llamamiento, con los diputados, uno a uno, expresando de viva voz su posición sobre los dos decretos. El primero, el importante, decayó por 178 votos (Junts, PP y Vox) frente a 172 de PSOE, Sumar, ERC, Bildu, PNV, Podemos, Compromís, BNG y Coalición Canaria. El segundo, que ya estaba perdido desde el día anterior, por 184 (Junts, PP y Vox, pero también PNV y CC) frente a 166. A las 15.51, el pleno se cerraba con una derrota sonora y dolorosa para el Ejecutivo, pero a la vez se abría un nuevo escenario. Quedaba "ver y reflexionar", verbalizaba a la salida de la sesión la ministra de Vivienda. Sánchez, mientras, regresaba hacia la Moncloa, enfilando un fin de semana largo de consultas y cálculos políticos.

(Crónica en ampliación)