Apenas cinco días atrás, la estrella del ministro era ascendente. Peso político indudable, cercanía al presidente, éxito entre las bases socialistas, látigo en redes sociales de adversarios (y a veces compañeros de partido). Óscar Puente era el miembro del Gabinete que más salía a la ofensiva, que no rehuía jamás el choque, que se atrevía a verbalizar lo que otros colegas no querían o no podían decir. Era visto incluso como un potencial sucesor de Pedro Sánchez, y él jugueteaba tímidamente con esa idea, sin ambicionar convertirse en el delfín y al mismo tiempo rechazando ponerse de perfil para cuando llegara el momento.
El 28 de octubre de 2026, a las 8.53, todo cambió.
Entonces, el AVE 2080 colisionó, a unos 160 km/h, con el Iryo 6076 que tenía delante y que estaba detenido en el punto kilométrico 118 de la línea de alta velocidad Madrid-Andalucía, en Urda (Toledo). Al menos 69 muertos, un centenar de heridos. Una terrible tragedia ferroviaria sacudía al país tan solo nueve meses después de la anterior, la que tuvo lugar en el mismo corredor, pero a la altura de Adamuz, en Córdoba. Entonces fueron 46 fallecidos. 115 personas con sus vidas truncadas en las vías. Puente pasaba a ser el ministro señalado. Políticamente, por la oposición y por los socios del Gobierno, pero también cuestionado por algunos cargos de su propio partido y del Ejecutivo.
Puente, sin embargo, se queda. Lo dejó meridianamente claro este viernes en una larga rueda de prensa, de casi dos horas, en la sede de su departamento: su forma de asumir responsabilidad política es continuar "al mando", cumplir con su "deber" y sobre todo "dar la cara" porque no tiene nada que "esconder". Pero el miércoles, cuando ocurrió el siniestro, sí se planteó salir. Como ratificaban fuentes muy próximas, puso su cargo a disposición del presidente, pero este no aceptó su dimisión porque consideraba "injusto" apartarle. Así que en las horas siguientes no estuvo su renuncia encima de la mesa, como informaba este diario, ni la Moncloa ni Ferraz le exigen dar un paso al lado. El martes, de hecho, comparecerá ante la Diputación Permanente del Congreso, en una sesión que se prevé bronca.
"Soy una persona muy pequeña para el proyecto político del que formo parte, que es muy importante, que es un proyecto de país. Si yo creyera que mi continuidad perjudica al proyecto de ese país en el que creo, no tenga ninguna duda de que habría dado un paso al lado —alegó ante la prensa durante su comparecencia—. Es más, le aseguro que pasar por esta circunstancia dos veces en dos ocasiones en un año no se lo deseo a nadie. Sé lo que me espera, sé el calvario al que me van a someter, encima en campaña electoral. Sé los insultos, las descalificaciones y los prejuicios de culpabilidad que ya se me están atribuyendo. Lo fácil para mí es salir, pero ni es eso lo que va con mi carácter ni tampoco es eso lo que el presidente del Gobierno me ha pedido".
El calvario. Puente venía a decir que sabe que la presión aumentará, pero que aguantará porque cree que debe hacerlo. Y por eso no dimitirá. Sobre eso no tienen "ninguna duda" ni él ni Sánchez, insistió horas después en una entrevista en Malas lenguas, en Televisión Española. Otra cosa es que vaya a estar activo en campaña, como se preveía antes de la tragedia de Urda. Desde su entorno avanzan que no, que no está nada claro ya que vaya a participar en mítines. Otro activo caído, como lo ha sido, por razones muy distintas, el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. "En este momento, en lo último en lo que estoy pensando es en la campaña", indicó en TVE, porque está centrado en "trabajar para generar medidas para que esa confianza que se ha quebrado se empiece a recuperar desde el mismo martes", cuando acuda a la Diputación Permanente. "Ni tampoco tengo mucho ánimo", remachó, con rostro grave.
En el PSOE, muchos cargos escucharon con atención la extensa comparecencia de Puente de la mañana. Gustaron sus explicaciones detalladas y "solventes" de lo ocurrido, que aguantara el escrutinio de la prensa, sin limitación de preguntas, durante casi dos horas. Convenció que diera "la cara", que se expusiera. Y los dirigentes se lo agradecen.
Pero, a partir de ahí, comienzan las dudas, la división de opiniones. Entre quienes consideran que debe mantenerse en el puesto, convencidos de que lo importante está en las "respuestas, las explicaciones y las soluciones", y aquellos que entienden que aunque ahora acierte al no renunciar, porque lo prioritario es atender la emergencia y dar cuentas de lo sucedido, antes o después deberá marcharse para lanzar un mensaje a los ciudadanos e impedir que el accidente de Urda contamine definitivamente unas elecciones que se han complicado sobremanera para los socialistas y para las que ya queda menos de un mes. Cuatro únicas semanas. El ministro no logra un cierre de filas total pese al respaldo "total" de Sánchez y de Ferraz. No convence a todos en su partido. O, al menos, no por ahora.
"Lo vemos en su puesto, dando la cara y pendiente del accidente desde el primer momento. Eso es lo que toca. Creo que los españoles tienen suficiente cabeza y corazón para ser solidarios y estar apenados por esta tragedia, como lo estuvieron por Adamuz, la dana de Valencia o la pandemia, y al mismo tiempo saber qué se juegan el 29-N. Yo confío mucho en el pueblo español. Él es odiado por los profesionales del odio, cuestionado tal vez por los sindicatos ferroviarios y familias... pero creo que el 29-N se dirimirá por otros temas. Es verdad que los socios piden su cabeza, y hay que respetarlos, pero esperemos a ver su comparecencia del martes. No se puede negar que ha estado al pie del cañón desde el principio", afirma un secretario de Organización regional. Otro responsable de un aparato autonómico de mucho peso coincide en el juicio y recuerda el caso del president Carlos Mazón, que nunca se expuso en una comparecencia semejante tras la riada de 2024 y que acabó dimitiendo al cabo de un año: "No hay un político ni ha habido ningún político que haya dedicado casi dos horas a contestar preguntas despues de una tragedia, con sus aciertos y errores en la misma. Sin parar de hablar. Jamás en la dana nadie respondió ni dio una rueda de prensa. Ahora ayuda el que dé la cara y que el martes vaya al Congreso".
Aciertos y errores. Lo dice este responsable por esa expresión que a muchos dirigentes, aun apoyando sin fisuras a Puente, chirrió. Que hablase del "calvario", cuando ese, recuerdan, es el que están sufriendo las víctimas y sus familiares. "Se lo podría haber ahorrado, desde luego", "estuvo desafortunado", "humanamente comprensible, aunque en este contexto no se puede entender del todo, pero sí es verdad que estuvo mucho tiempo contestando preguntas", expresan distintos mandos a los que sí convenció su comparecencia.
Este viernes, la Moncloa y Ferraz mantuvieron su "apoyo total" a Puente. Sin asomo de fisuras. No ven "motivo" alguno para su renuncia o su cese. Es lo que cree una parte del PSOE también. "Creo que es un gran ministro que está dispuesto a asumir el golpe y asumir la responsabilidad. Sigue siendo un gran activo —señala una compañera de Gabinete—. Es que queda un mes hasta las elecciones. Sería irresponsable irse ahora. Para lo que queda de mandato tiene que continuar. ¿Qué sentido tiene su dimisión en medio de esta terrible situación?". "A Óscar", continúa una líder regional socialista, "le he visto muy solvente y haciendo lo que hay que hacer. Dando la cara, respondiendo a todo y a todos. No creo que nos dañe de cara al 29-N. Ahora tiene que hacer lo que está haciendo. Explicándolo todo con transparencia. En momento así, de verdad, lo importante está en las respuestas, las explicaciones y las soluciones".
El propio Puente puso muy en valor su comparecencia de este viernes, como hiciera ya con el accidente de Adamuz. Cuando se le preguntó si no pediría él la dimisión a un ministro del PP si se hubiera producido un desastre semejante, recordó que en 2013 su partido, entonces dirigido por Alfredo Pérez Rucalcaba, no pidió la cabeza de la titular de Fomento, Ana Pastor, tras el siniestro de Angrois, en el que perdieron la vida 80 personas, y ella no salió a dar explicaciones y ni siquiera compareció en el pleno del Congreso. "La gente decente respeta las vidas humanas y no las utiliza de carnaza", subrayó.
Por esa razón en el PSOE se valora su "ejercicio de transparencia, rendición de cuentas y responsabilidad, sin rehuir información o respuesta alguna", en palabras de un alto mando institucional de un Ejecutivo socialista. Este cargo cree que no deben hacerse "cálculos partidistas" cuando "la sociedad está en shock, hasta profundamente cabreada con el Gobierno central, y es normal". Entiende, por tanto, que lo prioritario es recuperar e identificar a las víctimas, después continuar con la "información pública de las circunstancias del accidente y finalmente, tras la investigación técnica e independiente, poner en marcha medidas estructurales necesarias, y eso "es lo que hará recuperar la confianza en el sistema ferroviario". Confianza "quebrada", como admitió Sánchez este viernes desde Toledo.
Una dirigente territorial nada cercana a Puente cree asimismo que hay que ver "qué apunta la investigación", pero no ve que haya que asumir responsabilidades políticas cuando "el Gobierno no la tiene sobre lo que ha pasado". "Es que dimitir", prosigue esta misma responsable, "es asumir una responsabilidad política que, en principio, no parece la causa del accidente. A mí Óscar me cae fatal, pero en esto lo apoyo". El ministro fue muy enfático al subrayar que él nunca había verbalizado que el accidente de Urda fuera causado por un "fallo humano", que él se había limitado a exponer una narración "objetiva" de los hechos. Pero, al tiempo, y como ocurrió el miércoles, puso el foco en la sala de control de Atocha, en el operario que dio la orden al AVE para que reanudara la marcha sin limitad de limitación. Un trabajador, detalló, de 48 años, "adecuadamente formado", con "experiencia" en centros de control y en ese puesto, gestionando el mismo sector de la vía, desde febrero de este año".
Un barón provincial y presidente de Diputación no comparte que la salida sea la dimisión de Puente, porque supondría "reconocer responsabilidad en lo ocurrido", de modo que su permanencia o no en el Ejecutivo "no afecta para nada al PSOE de cara al 29-N". "Nuestro electorado sí lo entiende: cuando das la cara y las explicaciones todo cambia. Yo soy más partidario de recuperar la confianza con medidas contundentes, con decisiones extraordinarias y con hechos. La gente vuelve a confiar cuando observa cambios".
Sin embargo, muchos otros dirigentes no se sitúan en las mismas tesis. De manera más o menos matizada, defienden que al final el ministro deberá marcharse, que no tiene más salida. Lo expresa así un alto mando de una federación de mucho peso: "La convicción interna es que se va a sacar esto adelante, que se hará la investigación, que dará todas las explicaciones y que acabará dimitiendo, porque ya hay también presión interna en ese sentido. Si aún se le mantiene en su cargo es porque debe asumir el primer impacto y dar la cara, pero después ya se verá: aumentará la presión. Es que ahora mismo no queda otra que resistir, porque decir que no confías es demoler la confianza. Y eso es fatal para un líder. Pero si no sale del Gobierno se va a quedar clavado este tema para toda la campaña. Es verdad que el 29-N ya pinta mal, pero habrá que lidiar, pelear estas elecciones".
—Ha estado solvente en las explicaciones y transparente. Pero hay mucha presión y quizá no pueda aguantar hasta elecciones —sanciona un líder territoria.
—Hay que cortar la fuga, el dolor y el foco hacia el ministro —manifiesta otro barón regional—. Pero también digo una cosa: no van a parar. Se irá Puente y el objetivo será Pedro. Es el PSOE.
Esa es una razón que invocan varios de los responsables que estiman más oportuna la salida del titular de Transportes. Que no hay salida fácil ni buena, porque, con tan poco margen, se puede leer como una derrota por anticipado y porque el presidente perdería un importante cortafuegos, ya que Puente es un peso pesado de su Ejecutivo y de su cúpula en el partido.
"Es absolutamente lógico y exigible que el ministro esté al frente de la investigación y el esclarecimiento de lo sucedido y después del martes, cuando comparezca en el Congreso, él y el presidente analizarán lo mejor para rebajar la presión sobre su responsabilidad política —considera un integrante de la ejecutiva federal—. En cualquier caso, aunque dimita, PP y Vox nunca tendrán suficiente hasta que no lleguen a Sánchez. Así que sí, es lógico que se pida su dimisión, pero ahora debe hacer lo que está haciendo, dar la cara, explicarse ante el Congreso, no salir huyendo. Pero su dimisión no rebajará ni un ápice la presión al presidente, aunque permitiría tener ya una explicación política al menos para una parte de la oposición y de la opinión pública".
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