Él mismo lo había adelantado días atrás: compondría una campaña "positiva, optimista", que "el miedo no gana elecciones", de "propuestas de futuro". Razón. Pero a Pedro Sánchez le faltaba añadir el pasado lunes a los periodistas, cuando conversaba con ellos en la recepción en el Palacio Real por el 12 de octubre, que también introduciría otro elemento nuclear en el camino hacia las generales del 29-N. La emoción. Y lo hizo este sábado. En Fuenlabrada, la ciudad talismán del PSOE en el cinturón rojo madrileño. 3.000 almas, la mayoría dentro y algunos centares fuera del Teatro Tomás y Valiente, le esperaban en el auditorio. La reunión del comité federal, encargada de ratificar las listas y de proclamarle como candidato a la Moncloa, había durado apenas unos minutos. Sin debate. Lo central era el mitin. El mensaje.

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Pero el presidente no llevaba preparadas promesas, ni grandes anuncios. No iba de eso el acto. Iba de otra cosa, y lo enseñó en cuanto el equipo de realización del partido le siguió en su recorrido hacia la grada. Iba de la mano de su mujer, de Begoña Gómez. Él, camisa azul, pantalón negro; ella, suéter rojo corporativo, pantalones también negros. El público empezó a pararlos por el pasillo, buscaban selfis, abrazos, sonrisas. Ambos eran las estrellas. No solo él. La música sonaba a todo volumen. malibU, de Rusowsky, artista criado en Fuenlabrada. "Ella es mi Tatiana / Ella es mi Daisy / Ella es mi mundo / Ella es mi baby / Cuando estamos juntos / To' desaparece". Nada era casual.

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Y tampoco lo era la foto que Sánchez buscó con su esposa en el escenario. Rodeados de cámaras. Animaron al público. Jalearon. Se besaron. Una imagen insólita en política, a la que le siguió, ya en el arranque del discurso del presidente, una proclamación de amor. "Quería, Begoña, darte las gracias. Gracias por ser mi esposa, por ser la madre de mis hijas y por ser mi mujer". Ella se levantó de su silla en la fila cero y regresó al escenario para abrazarle. "Nos han intentado quebrar, y han logrado justo lo contrario: hoy estamos más unidos y somos más fuertes que nunca. Así que que lo escuchen alto y claro: te quiero". Sánchez y Gómez habían compartido más actos de partido (el último, el 41º Congreso en Sevilla, en 2024), pero jamás habían protagonizado esa foto. Nunca. Lejos quedaba otra de ambos, apocados, en junio de 2015 —él solo era un recién llegado líder del PSOE—, meses antes de las generales de ese año y con un banderón de España como telón de fondo.

La de este 17 de octubre de 2026 no era simplemente una declaración de un hombre, de un presidente del Gobierno, profundamente enamorado de su esposa. Ella, en apenas unos meses, tendrá que sentarse en el banquillo ante un jurado, acusada de malversación y tráfico de influencias. El corolario de una instrucción de más de dos años "arbitraria" e "injusta" por parte del juez Juan Carlos Peinado —ya jubilado—, que solo responde a una "persecución" judicial a Gómez por ser la mujer del presidente del Gobierno. Sánchez ha reiterado su "inocencia", y lo mismo ha hecho su Ejecutivo y su partido, y están convencidos de que este proceso no resta votos al PSOE. La imagen icónica de este sábado, que los socialistas reprodujeron en redes sociales con fruición, prueba que creen lo contrario, que Begoña Gómez suma. Y que puede ayudar a movilizar al elector progresista apático.

Lo explicaban después desde el propio cuartel general del partido: "Se trata de oponer el amor frente al odio de la derecha". Explotar la emoción quizá más primaria del ser humano, la que conmueve y agita, la que es universal. El amor. La antítesis de esa otra gran potencia volcánica que ha dominado y domina el mundo, solo que en negativo, el odio, y que a su juicio subyace en el mensaje simple de PP y Vox que centra sus campañas, "echar a Sánchez". "La fuerza del amor", rotuló Ferraz en X con la instantánea de la pareja presidencial. Una especie de pulso entre las dos emociones básicas de la humanidad. El amor y el odio. Y a ver quién gana.

En el equipo de campaña del candidato admitían que ese era el propósito de Fuenlabrada. Impactar con una imagen simbólica, introducir un elemento emocional de indudable proyección, para "movilizar al máximo" al votante progresista. Ferraz también buscaba combatir la corriente antisanchista, un objetivo en el que ya se afanó el presidente en las últimas generales, las del 23 de julio de 2023, pero que ha enraizado aún más en esta legislatura. Se trata de desmontar el retrato pintado por las derechas. "Ellas se han dedicado a deshumanizar hasta la náusea al presidente para intentar que la gente dejara de ver en él a la persona. La persona que sufre, ama, que es pare, hijo, marido, amigo. Mostrar su lado humano confronta de lleno con esa estrategia perversa", cuentan desde el corazón del comité electoral a este diario.

Sánchez además tira de su mujer. No quiere esconderla pese a su imputación, hace de ella un estandarte, es su tique electoral el 29-N, aunque no vaya en ninguna lista. "⁠Nuestra militancia se siente identificada con Begoña y sufre con ella. Porque saben que no la atacan por ser Begoña Gómez, sino por ser la mujer del presidente. Del presidente que planta cara a los poderosos, que defiende las ideas progresistas hasta el final, que defiende la paz. Cuando decimos que Begoña Gómez somos todos no es una frase hecha. Sentimos esos ataques y esa cacería como propios", continúan en la sala de máquinas.

Fue en abril de 2024 cuando el jefe del Ejecutivo se planteó dejar todo. Abandonar la Moncloa por la imputación de su esposa. Pero se convenció de que era mejor seguir, "con más fuerza si cabe". Sánchez, en Fuenlabrada, proclamó que están listos los dos para la batalla, que no van a rendir la plaza. "Verlos así de fuertes, celebrando y compartiendo un mitin con su federación, la del PSOE-M, nos enchufa a todos. PP y Vox nos quieren tristes y apagados. Quieren desmovilizar. Pero con nosotros pinchan en hueso", remachan en Ferraz.

Son muchos los arranques de campaña que lleva Sánchez a su espalda. Pero, probablemente, ninguno como este. Porque, pese a los malos pronósticos que dibujan todas las encuestas, él mismo, bases y cuadros exhiben optimismo. Euforia. No la que sería esperable en los últimos metros, sino desde que decidió convocar el 29-N. Ese ambiente positivo se respiraba en Fuenlabrada. Se veía a la militancia activa, enchufada, y a los dirigentes animados. "El partido está como una moto. Y Pedro está mejor que nunca, está como una moto y va a ganar las elecciones otra vez", glosó el líder del PSOE-M y ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública, Óscar López. Todos se permitieron unos bailes al final al ritmo, de nuevo, de Rusowsky y su malibU. El candidato y su equipo persiguen que los votantes se animen y no den todo por perdido. La fuerza de la gente, reza el eslogan de precampaña y el que el partido imprimió en decenas de camisetas, una de ellas la que el propio presidente se puso al comienzo de su intervención. Gesto, por cierto, que Gómez emuló desde su fila vip.

Sánchez habló de vivienda —"En honor a Maricarmen y a las personas que se están manifestando en las plazas del país", la "causa por la vivienda" la va a ganar "la fuerza de la gente"—, de pensiones —"Si les gustan las motosierras, al aserradero, pero las pensiones no se tocan"—, de ley de nietos, de la revolución verde y digital, de educación, de las mujeres. De avance frente al peligro de involución —"O cuatro años más de avance o España retrocede cuatro décadas más de golpe"—. Los ejes discursivos de la campaña convencional, la racional.

Pero la emocional seguirá su curso. "Vamos a dar el campanazo", manifestaba un responsable de Organización de una federación de mucho peso en el PSOE. "La consigna es hacer una campaña de alto voltaje emocional. En estos tiempos de polarización máxima, no hay espacio para un debate racional y sereno. La guerra cultural de la derecha no te deja. Ni Begoña ni David [Sánchez, el hermano del presidente, condenado por la Audiencia de Badajoz por prevaricación] nos quitan un solo voto. Los granos en el culo son [José Luis] Ábalos, [Santos] Cerdán y Leire [Díez]", ilustra uno de los interlocutores frecuentes de la Moncloa. Todos saben que las acusaciones de corrupción son el gran baldón del presidente, pero, al menos por ahora, el debate de la precampaña no orbita en torno a ellas. "Las elecciones son en clave ideológica", continúa esta última fuente, "y ese es nuestro terreno. Y en estos tiempos trumpianos, más".

—Pedro tenía muchas ganas de demostrar que no pueden con ellos dos. Y sí, se busca una campaña emocional, próxima, para implicar a la gente —ratifica una integrante del comité electoral.

—El beso fue la caña. Yo también había dicho en la ejecutiva que la emoción a nuestra gente la activa, y más cuando la derecha solo exhibe odio —confirma otro miembro de la dirección.

La fortaleza de la imagen de Fuenlabrada pudo arrasar hasta el duelo que todavía siente el partido por la dimisión de su hasta ahora portavoz, Montse Mínguez, "rota" por el terremoto de críticas recibidas por los negocios en el ladrillo de su pareja, Sergi Vélez, al frente de un holding inmobiliario. A la llegada al comité federal, todos los dirigentes que se paraban ante los micrófonos y las cámaras deploraban su marcha, denunciaban la "crueldad" de la política, el "todo vale", subrayaban su valía como dirigente, y que "nunca" votó a favor de los intereses de su pareja, sino todo lo contrario. Sánchez ni la mentó en su mitin, aunque sí citó el "apoyo de la derecha a los fondos buitre". El comité federal había nombrado minutos antes a su sustituta, a Rebeca Torró, que por tanto suma a su cartera de Organización la portavocía, mientras que Estudios y Programas pasa a la presidenta del PSOE, Cristina Narbona, y la secretaría general del grupo en el Congreso a Javier Alfonso Cendón, barón provincial en León.

El candidato pasaba página rápidamente, también porque la marcha de Mínguez alivia la presión sobre el partido y desprovee a PP y Vox de una poderosa herramienta para el 29-N. Tampoco el candidato aludió al acuerdo "histórico" que su formación, apenas unas horas antes, había tejido con Frente Amplio en casi toda España, salvo Cataluña y Canarias (con la excepción de La Gomera), para presentar listas conjuntas a la Cámara alta bajo la marca Senado de Progreso. Entente que también a la entrada habían elogiado dirigentes y barones.

"Vengo muy satisfecho y muy muy contento", aseveró el portavoz parlamentario, porque en ese pacto "se plasma la unidad" que es "lo que pide la gente en la calle" para frenar a PP y Vox. "La política es también tener esa capacidad de escuchar lo que la ciudadanía nos pedía", coincidió Pilar Alegría, exministra y líder de los socialistas aragoneses. El acuerdo "contribuye a que miles y miles de personas se sientan más representadas" y "a que no se pierda ningún esfuerzo para ampliar ese espectro", abundó Eneko Andueza, jefe del PSE-EE. Y el presidente asturiano reivindicó el ejemplo que se dio en su tierra en 1977 entre socialistas y comunistas también para el Senado. Y en Canarias, aunque no hay entente, salvo en La Gomera, sí ha habido conversaciones y habrá "apoyo en algunas islas por parte del resto de los partidos de izquierda", desgranó el ministro Ángel Víctor Torres, secretario general del partido y candidato autonómico en las islas.

Sánchez estaba arropado por la práctica totalidad de su Ejecutivo, por su ejecutiva, candidatos de su lista —como los ministros Margarita Robles, Félix Bolaños y Fernando Grande-Marlaska, números dos, tres y cinco de la plancha— y por la mayoría de barones territoriales. Fueron falta el president catalán y líder del PSC, Salvador Illa, por la alerta de lluvias en su comunidad, y el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, porque el comité federal previo al mitin era "de trámite", de ratificación de las listas —la víspera se habían introducido cambios en las de Burgos, Palencia, Albacete, Guadalajara y Badajoz— y sin posibilidad de intervención. En efecto, la reunión del máximo órgano de dirección apenas duró unos pocos minutos: constitución de la mesa, proclamación de Sánchez como candidato, aprobación de las candidaturas y fuera. Nadie intervino ni levantó la mano. El ruido esta vez con las listas, para ser justos, nada tenía que ver con el de las generales de 2023. Todo venía bastante trillado de los territorios y las tensiones fueron las esperables.

El foco estaba este sábado en el mitin de lanzamiento de la precampaña. En la imagen de entusiasmo, ilusión, y unidad que buscaba irradiar el partido para movilizar a sus huestes. La proyección de optimismo y euforia pese al torrente de encuestas que dicen lo contrario. "Tenemos que movilizarnos, tenemos que votar, tenemos que ganar y tenemos que gobernar", clamaba Sánchez.

Ni siquiera sus palabras eran lo que más pesaba en el Tomás y Valiente fuenlabreño. Era el beso.

—Yo creo que hay partido, y del bueno. Va a haber sorpresas. Y el acuerdo del Senado nos viene genial —valora un integrante de la cúpula federal.

—¿El beso? Va a ser el más visto de la historia después del mítico de Robert Doisneau.

Mucho decir, tal vez. Pero la imagen sí ha pasado a la historia de esta campaña del 29-N y de la comunicación política en España.