En su intervención en el Congreso, el presidente volvió a exonerar a Marruecos de toda responsabilidad en la avalancha del pasado 30 de julio en Ceuta. Pero, al mismo tiempo, reveló dos datos que contradicen esa versión.
El primero de ellos fue el de la llamada a consultas a la embajadora de Marruecos, Karima Benyaich, el pasado 21 de agosto para protestar por las declaraciones de dos ministros de su gobierno (el de Justicia y el de Asuntos Religiosos) reclamando la soberanía sobre Ceuta y Melilla. Dichas proclamas, realizadas en actos públicos y en medios de comunicación, se hicieron cuando Ceuta seguía ocupada por miles de inmigrantes que habían entrado de manera ilegal en España.
La llamada a consultas, un gesto que tiene relevancia diplomática porque supone una desavenencia con el gobierno al que representa el embajador convocado, no se hizo pública, lo que es inhabitual. ¿Por qué el Gobierno la ha mantenido hasta hoy en secreto? Sánchez no lo explicó.
Pero el dato más importante desvelado por el presidente fue cuando describió el comportamiento de Marruecos en los días clave de la crisis. El primer momento, antes del día 30 de julio, fue de normalidad, afirmó. Sin embargo, en el segundo momento, continuó el presidente, justo el día de la avalancha, "hubo 10 horas centrales del día 30 en las que la Gendarmería marroquí permitió el cruce de la frontera". Durante el tercer momento, que abarca los días posteriores al asalto, "la Gendarmería marroquí controló la frontera, por cierto, de forma eficaz".
Es decir, que Pedro Sánchez reconoció ante el Congreso de los Diputados que la Gendarmería marroquí permitió la entrada de decenas de miles de inmigrantes por su frontera el día 30, y que, cuando quiso, la controló de forma eficaz. Por tanto, la avalancha no se debió a la incompetencia o a la falta de medios, sino a la voluntad de la Gendarmería, cuerpo que está integrado en la Fuerzas Armadas marroquíes, cuyo jefe supremo es el rey Mohamed VI.
Reveló que "durante las diez horas centrales del 30 de julio la Gendarmería permitió el cruce de la frontera"
Ese dato es significativo y esclarecedor de lo que sucedió el pasado 30 de julio. Si a ello añadimos lo aportado en el informe del Centro Nacional de Emigración y Fronteras (CENIF) remitido el pasado martes a la juez María Tardón, en el que se describe como miembros de la Gendarmería colaboraron en la llegada de inmigrantes hasta la frontera, tenemos la explicación de lo que ocurrió exactamente ese día.
Pero es más, según la información que publicamos hoy en El Independiente, la Policía española ha remitido a la juez María Tardón 34 fichas de agentes uniformados marroquíes que actuaron como "dinamizadores" de la entrada masiva de inmigrantes a Ceuta el pasado día 30 de julio.
El hecho de que dos ministros marroquíes aprovechasen la avalancha para reclamar la soberanía sobre Ceuta y Melilla no es causal. Demuestra que Mohamed VI tiene la firme voluntad de incorporar las dos ciudades autónomas españolas al reino de Marruecos.
Hay una conexión evidente entre la avalancha del día 30 y la reivindicación de soberanía. Marruecos ha utilizado sus agentes (y a personal de paisano no identificado, probablemente miembros de sus servicios secretos) para promover y dinamizar esa invasión. Eso es otra evidencia. Y ha usado también a su población como un ejército desarmado para entrar en España con la voluntad de demostrar la fragilidad de nuestra frontera.
Por todo ello, no se entiende por qué el presidente sigue empeñado en exculpar a Marruecos de lo sucedido. ¿Qué más pruebas quiere?
Si el presidente pretendía zanjar las grandes interrogantes de lo que ocurrió en Ceuta, fundamentalmente quién fue el responsable de la avalancha, con su comparecencia en el Congreso, hay que concluir que no lo ha conseguido. Todo lo contrario, sus palabras no hacen sino arrojar más dudas sobre la versión oficial.
Este pleno ha servido no sólo para evidenciar la soledad del partido del Gobierno (hasta sus socios le han reprochado su inexplicable condescendencia con Mohamed VI), sino para visualizar la división entre los ministros que él nombró. Margarita Robles no se levantó a aplaudirle cuando concluyó su discurso, al contrario que todos los demás ministros. Resulta obvio que el empeño de Sánchez en desmentir que el CNI advirtiera de lo que podía ocurrir disgusta a la ministra de Defensa.
Tampoco Marlaska ha salido indemne de esta crisis. El Ministerio del Interior vive momentos de zozobra, con el ministro empeñado en desprestigiar a la unidad que actúa como Policía Judicial en este caso. Más de un ministro ha comentado en privado que ya es hora de que el titular de Interior asuma su responsabilidad y se marche. Pero Sánchez le sigue protegiendo y tampoco sabemos muy bien por qué.
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