Había informes, notas verbales que llegaron en los días previos a la entrada masiva de más de 70.000 personas por la frontera. Pero "ninguno previó" la "escala" ni la "probabilidad" del asalto que finalmente ocurrió el 30 y 31 de julio. Ninguno. Es la tesis esgrimida por Pedro Sánchez desde el principio y mantenida también este miércoles en el Congreso, en un pleno extraordinariamente complicado para el Ejecutivo, para él mismo. Una sesión en la que seguía sobrevolando la pregunta de si Rabat estuvo detrás, de si instigó o consintió el cruce de miles de migrantes. Pero no hay, reiteró, "pruebas" de la autoría marroquí, sigue sin haberlas, pero si se hallaran evidencias "sólidas", el Gobierno actuaría "en consecuencia", y con "contundencia", porque no tiene "miedo a enfrentarse a otros poderes extranjeros". Y reveló que el Ejecutivo había convocado a la embajadora marroquí en Madrid, Karima Benyaich, cargo muy cercano al rey Mohamed VI, el pasado 21 de agosto, tras las "declaraciones inaceptables" de dos ministros del reino alauí sobre Ceuta y Melilla, ciudades que serán españolas, prometió, "hasta el final de los tiempos".
El foco de este miércoles, en la comparecencia del presidente en el Congreso, estaba ahí, en el papel de Marruecos en la avalancha migratoria del 30 y 31 de julio. Sobre todo después de que trascendiera el informe policial entregado a la jueza de la Audiencia Nacional María Tardón y que apunta a que gendarmes marroquíes guiaron, uniformados y de paisano, la entrada masiva de más de 70.000 personas.
(Noticia en ampliación)
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