El Gran Wyoming ha entrevistado a Pedro Sánchez en el marco de la ofensiva diseñada por Moncloa para amortiguar el efecto catastrófico que está teniendo la crisis de Ceuta para su imagen. Bueno, lo de catastrófico lo digo pensando en la inmensa mayoría de los ciudadanos, según reflejan casi todas las encuestas, exceptuando, claro está, las de Tezanos, para el que el desgaste del presidente ha sido mínimo, casi cosmético: todavía sigue 5,5 puntos por encima del PP, según el sondeo conocido este lunes.
Wyoming le hizo al presidente una entrevista tipo alfombra. De hecho, la única pregunta complicada que tuvo que responder Sánchez se la hizo un un ceutí llamado Antonio, que le planteó por qué está "acojonado" frente a Marruecos. Él respondió como de costumbre, sacando pecho por sus desplantes a Trump o a Netanyahu. O sea, que no se acojona fácilmente.
En serio que no me explico cuál es el fin de este show del presidente. No sólo no aporta nada a lo ya dicho hace días en la Cadena Ser, sino que lo empeora por momentos.
Por ejemplo: Sánchez anunció que espera llegar a 10.000 "plazas activadas" para migrantes en Ceuta. Esa cifra duplica la ofrecida por el ministro del Interior, Grande Marlaska, que situó el número de los migrantes que siguen todavía en Ceuta en unos 5.000. ¿Miente Marlaska? ¿O acaso espera el presidente una nueva avalancha en los próximos días?.
Para Sánchez, el problema es "la gestión humanitaria de la crisis". No es la crisis, que consistió en la entrada de más de 70.000 personas en Ceuta, sino la gestión de la consecuencia de esa avalancha: ¿Qué hacer con los miles de migrantes que siguen en la ciudad después de 40 días?.
El momento más difícil para el presidente fue cuando un ceutí llamado Antonio le preguntó por qué està "acojonado" con Marruecos
Pasó de puntillas sobre su obligación como garante de nuestras fronteras. Según su versión, tanto a España como a Marruecos les pilló por sorpresa el desplazamiento de decenas de miles de migrantes para asaltar la frontera. De verdad piensa el presidente que ese reconocimiento explícito de ineficacia es más tranquilizador que la aceptación de que Marruecos colaboró en el asalto y de que España no supo cómo reaccionar.
El presidente se presenta ante la audiencia como un buen samaritano que lo que quiere es ayudar a los migrantes. De hecho, la entrevista comenzó con una afirmación poco creíble, pero que concuerda con ese rostro amable que quiere mostrar: "Tomamos la decisión más humanitaria". Si eso fuera así, estaríamos apañados: ante cada asalto, el presidente, en lugar de defender nuestra frontera, optaría por la solución humanitaria de socorrer a los asaltantes.
Ni siquiera esa versión buenista es real. Sánchez es el mismo presidente que afirmó, tras la muerte de decenas de inmigrantes en Melilla en junio de 2022, brutalmente asesinados por la policía marroquí: "Teníamos un problema y lo hemos resuelto".
No, Wyoming no puso en aprietos al presidente. No le hizo en sentido estricto una entrevista, sino que le puso una alfombra roja para que el presidente se explayara a gusto. Debería fijarse en lo que hizo su compañera Cristina Pardo con Oscar Puente.
Sánchez no se atreve a enfrentarse a periodistas que no le rían las gracias. Quiere sentirse cómodo. Y Wyoming no lo pudo hacer mejor en ese aspecto.
No sé si El Intermedio habrá ganado audiencia con la entrevista a Sánchez. De lo que estoy seguro es de que Sánchez no ha ganado un solo voto... exceptuando el de Tezanos.
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