Brasil está llamado a las urnas este domingo 4 de octubre. Los brasileños eligen al presidente, al vicepresidente, a los miembros del Congreso Nacional, a los gobernadores y vicegobernadores, a las asambleas legislativas de todas las unidades federativas y al consejo distrital de Fernando de Noronha. El principal debate se centrará en la Presidencia: Lula aspira a un cuarto mandato. Su principal contendiente es Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro. Esta última semana la campaña ha tenido una protagonista excepcional: la Virgen, más concretamente la advocación mariana de Nuestra Señora Aparecida, patrona y protectora de Brasil.
La historia de cómo llegó a ser patrona es interesante. Don Pedro de Almeida y Portugal, conde de Assumar, pasó por Guaratinguetá en 1717, y unos pescadores de la zona quisieron agasajarlo con una fiesta. Fueron a pescar al río Paraíba y, al recoger las redes, sacaron del agua una imagen rota de la Virgen de la Concepción a la que le faltaba la cabeza. Volvieron a lanzar la red y pescaron la cabeza. A partir de entonces la pesca fue abundantísima, y se construyó un pequeño templo que casi dos siglos después se convertiría en basílica.
Patrona desde julio de 1930, la imagen se ha ganado el cariño del pueblo brasileño. Pero ahora, con el auge del evangelismo radical en el país, su papel está en entredicho. Y los rumores han ido más allá. En 2007 Victório Galli, diputado conservador y pastor evangélico, presentó un proyecto de ley para cambiar su título de patrona de Brasil por el de patrona de los brasileños católicos apostólicos romanos. No prosperó. Estos días han circulado noticias falsas que vinculaban aquella iniciativa con Flávio Bolsonaro. Al desmentir que fuera a cuestionar el papel de la Virgen como patrona, cometió la torpeza de acusar a Lula y a la Iglesia católica de estar detrás de la desinformación. Y ahí se complicó todo.
La Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil salió rápidamente a desmentir a Flávio Bolsonaro: aseguró que no había participado en la elaboración ni en la difusión de informaciones falsas relacionadas con el proceso electoral, ni las había autorizado, y repudió la producción y el uso de bulos, con independencia de su origen. Lula también respondió, sin mencionar a Bolsonaro. Afirmó que, mientras él siga siendo presidente, Nuestra Señora Aparecida será la patrona de Brasil. En un acto de campaña salió con una pequeña imagen de la Virgen en brazos, del mismo modo que en Belém recibió a Nuestra Señora de Nazaré, otra advocación mariana muy querida en Brasil. No es casual: el 57% de los brasileños se declaran católicos, unos 100 millones de personas según el censo de 2022. Es un mínimo histórico, si se tiene en cuenta que hace apenas tres décadas los católicos superaban el 80%.
Aunque, como dijeron los obispos en su comunicado, la Iglesia no toma partido por nadie, el evangelismo militante de los Bolsonaro, padre e hijo, sí lo hace. En respuesta, es muy posible que una mayoría de católicos vote por Lula, sobre todo, tras esta salida de tono del candidato derechista contra la Iglesia. La facción evangélica y sus posicionamientos han hecho que pase por verdad incuestionable que Bolsonaro quiere retirar a Nuestra Señora Aparecida el título de patrona. Aunque lo haya negado, sus palabras no resultan creíbles después de sus ataques al clero. Jair Bolsonaro ya tuvo sus más y sus menos con la Iglesia católica, que no dudó en condenar su intento de golpe de Estado. Tampoco le favorece la visión, promovida desde cierto evangelismo, de que el catolicismo impulsa una agenda marxista. En definitiva, la cuestión de la Virgen como patrona es posible que acabe decidiendo la primera vuelta y, después, la segunda.
Es muy posible que una mayoría de católicos vote por Lula, tras acusar Flávio Bolsonaro a la Iglesia de estar detrás del bulo sobre la Virgen Aparecida"
La historia de Brasil está marcada en gran medida por las campañas de evangelización jesuitas, en las que figuras como san José de Anchieta o Manuel de Nóbrega fundaron diferentes enclaves en forma de misiones. Estas misiones llegaron incluso a enfrentarse con los llamados bandeirantes, exploradores y milicianos que organizaban expediciones hacia el interior del país. Su principal actividad era capturar indígenas para venderlos como esclavos, ante la falta de mano de obra. Atacaban las aldeas y misiones jesuitas porque allí los nativos encontraban protección.
El catolicismo, por tanto, no es una religión foránea, como sostienen algunos pastores evangélicos, y por eso la polémica sobre la Virgen ha avivado la polarización social. No es la primera vez: el 12 de octubre de 2022, durante la festividad en el santuario de Nuestra Señora Aparecida, un grupo de bolsonaristas provocó un altercado durante la misa al interpretar unas palabras del sermón como una crítica al entonces presidente Jair Bolsonaro.
En conclusión, aunque hace unos días las encuestas situaban la primera vuelta muy igualada entre los dos, dentro del margen de error. Es posible que la polémica de esta última semana incline el resultado a favor del presidente Lula. Como escribió Manuel de Nóbrega en 1556, el alma tiene tres facultades: entendimiento, memoria y voluntad. Veremos qué hace la comunidad católica de Brasil tras los ataques de los bolsonaristas a la Iglesia y a la Virgen, y hasta qué punto esto puede marcar un antes y un después en el pulso entre la derecha y la izquierda tradicionales de Brasil y el voto ultra de Bolsonaro.
Guillem Pursals es doctor en Derecho (UAB), máster en Seguridad (UNED) y politólogo (UPF), especialista en conflictos, seguridad pública y Teoría del Estado. Aquí puede leer sus artículos publicados en www.elindependiente.com.
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