Sánchez se anima con Lula, con su remontada y hasta con su hemostasis, porque yo creo que ya se anima con cualquier cosa. Cada día tiene su pequeño consuelo o su pequeña motivación, que a lo mejor sin eso Sánchez no sale de la cama, de debajo de sus sábanas empapadas, como esas estrellas del pop ciclotímicas y agónicas. Por ejemplo, un día lo pasean por lo de Broncano, como un señorito al que pasean por el jardín, entre su propio servicio como entre pavos reales; lo llevan a lo de Broncano, decía, como esos motoristas adolescentes que llevan, a firmar gorras de otros adolescentes, o como esos niños que llevaban a patinar al programa de Míriam Díaz-Aroca, que algo de cajón de sastre y Cajón desastre tiene La revuelta. Ya, con eso, Sánchez tiene un par de días de felicidad, de plenitud, de esperanza, de confianza, y Silvia Intxaurrondo vuelve a sonreír como la monja de musical del sanchismo que es, y la prensa del Movimiento detecta cambios sociológicos y simpatías crecientes en ese grupo de población que lleva gorra para atrás y tiene de héroe a Enjuto Mojamuto. Cuando pasa el subidón, tienen que hacer otra cosa, como llevarlo al Reina Sofía, a mirar el Guernica como un acuario o un esqueleto de dinosaurio, y que se crea poeta, azañista, vanguardista, niño con cubo de juguetes cubista, pintor que pinta con las manos y político al que le basta con anunciar Porcelanosa. Yo creo que lo de Lula también le va a durar lo que una piruleta.
Lula ha remontado, ha conseguido lo que nadie había conseguido hasta ahora, ganar una segunda vuelta habiendo perdido la primera. La novedad no tiene por qué ser milagrosa, y la verdad es que Lula y Bolsonaro Júnior estaban bastante igualados o hasta confundidos entre las ideologías y emotividades hiperbólicas de por allí. Nosotros también somos hiperbólicos, y todavía más con Sánchez, que no se ha preocupado tanto de gobernar como de ir poniendo a cada español en el lado bueno o malo de la historia, de la ley y hasta del arte. Eso sí, según Sánchez, los jueces están en el lado malo y Puigdemont y Otegi en el bueno, tan claramente como que él está en el lado bueno del Guernica y toda la derechona está todavía dentro del cuadro o del muro, entre niños muertos y caballos descuartizados. En realidad Sánchez no nos coloca en un lado bueno y otro malo, sólo nos coloca con él o contra él, con lo que ya no hace falta más reflexión política, intelectual ni moral. Sánchez ha dividido o simplificado el mundo en una especie de Tratado de Tordesillas sanchista, y en esa división a él le toca igual Lula que Lorca que Gandhi.
En Brasil hay una derechona de plantación y una izquierda como de abuelito de la montaña, así que Sánchez sólo tiene que incorporar esa telenovela brasileña a su telenovela española. Uno lo ve mucho más fácil que lo de Sánchez en La revuelta, que ha requerido un gran esfuerzo de maquillaje, vestuario, atrezo e imaginación, como el que hacía falta para olvidar que aquel chavo del ocho de la tele tenía ya 60 tacos (a Sánchez y a Broncano les auguro esa juventud eterna indistinguible de la estafa, la lobotomía o la putrefacción). Incluso es mucho más fácil que lo del Guernica, que para eso no sólo había que vaciar el museo sino también nuestros ojos y nuestro cerebro. A lo mejor Sánchez también tiene por Brasil sucursales y nietos, pero, sobre todo, Lula le da la izquierda pura, amazónica o amazona, y le da el triunfo histórico, entre el heroísmo y la persecución (ahí sí que se siente retratado Sánchez); ese triunfo que parece el desquite de todas las injusticias desde Colón (otro en el lado malo de la historia, como en el lado alemán del Guernica). Con Lula queda, además, esa esperanza de poder renacer del lawfare y del trullo, no sólo de los comités federales del PSOE.
Por supuesto que lo de Lula anima a Sánchez, que cualquier cosa le anima ya, hasta que El País le haga una entrevistita, con Carlos Cué ahí sujetándose la mandíbula con el dedito igual que un escritor de solapilla o un confesor aburrido, resignado o quemado de comerse pecados y mentiras. Como todas las izquierdas están en Sánchez, líder universal de la progresía, y todas las derechas están frente a Sánchez, que se cree un héroe de las Termópilas aunque todos cascaron, la traslación de lo de Brasil es perfecta e inmediata, casi tanto como lo del Guernica, y sin tener que meter en el museo un equipo de rodaje ni una máquina de ecos. Puede parecer raro que Sánchez mire más las tendencias por Brasil que por España, pero los desahuciados tienden a creerlo todo y a creer en todo, en las vírgenes fluorescentes, en los curanderos de sonajero, en el CIS de Tezanos, en que los extras que te prepara el sotanillo de la Moncloa son el pueblo y en que tus empleados no te hacen la pelota, sino que sólo dicen la verdad.
Con Lula queda, además, esa esperanza de poder renacer del lawfare y del trullo, no sólo de los comités federales del PSOE
Todo es mentira, lo de Lula, lo de Broncano, lo del Guernica ante el que Sánchez sólo parecía un ladrón de cuadros o un vándalo de museos, y también lo demás, claro. Pero diría que sin la mentira, como sin el chocolate, el señorito no se levanta de la cama. Yo creo que alguien del sotanillo de la Moncloa va cada día a la alcoba de Sánchez, a su salón del trono con colchón de rey de las camas al estilo Lorenzo Lamas, descorre las cortinas como en Imagine, y le lleva al presidente, con la aspirina y el huevito pasado por agua, el plan que le anima el día, que le hace salir de debajo de las sábanas empapadas de noches y miedo. Venga, presidente, que vamos a tope con lo de la vivienda, que la derechona va a quitarles las pensiones a los abuelos, que la huelga general contra la oposición es un nuevo hito en la lucha de la mayoría social por sus derechos, que Milei ha abrazado con motosierra, como un monstruo lascivo y ultraliberal, la cintura quitinosa de Ayuso.
Venga, presidente, que Broncano te deja dormir en el sofá, que la policía agrede a los manifestantes, que los fascistas son los que queman las calles justo después de matar otra vez a Lorca, que Lula ha ganado incluso estando desahuciado, como Maricarmen o como usted, que el Guernica le espera como un espejo roto para recomponerse… Venga, presidente, que va a tener otra entrevista en Salvados, con pianola y camarero secando vasos igual que en el Oeste, copiando aquella otra entrevista cuando no lo conocían todavía, y seguro que le preguntan como si siguieran sin conocerle. Ya verá que ahí empieza de nuevo la remontada. Venga, presidente, que usted puede.
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