Tras La Revuelta, el presidente le ha dado una entrevista a El País. La primera que da a un medio escrito después de anunciar el adelanto electoral. Ninguna sorpresa por lo que a la elección del medio se refiere.
Ahora bien, el titular del diario modifica en algo sustancial lo que dijo Pedro Sánchez. En la conversación, el presidente dice: "Pero un Gobierno de PP y Vox no representa una alternativa, es una auténtica involución. Supone retroceder 40 años, 50 años de golpe en debates como el aborto o la muerte digna...". Sin embargo, el título de la entrevista limita la horquilla temporal: "Un Gobierno del PP con Vox no es alternativa, es retroceder 50 años".
No creo que los entrevistadores hayan querido manipular lo que dijo el presidente. Más bien le han corregido en un error de bulto, acertando en lo que, en realidad, quería decir.
En los viajes en el tiempo diez años son importantes. Sobre todo para un país que pasó de una dictadura a una democracia. Hace 40 años, en España el PSOE llevaba gobernando 4 años. El principal problema de España era ETA y la derecha no suponía ninguna alternativa real. Sin embargo, hace 50 años no se habían producido todavía las primeras elecciones democráticas y faltaban aún dos años para la aprobación de la Constitución; es decir, era una España predemocrática, todavía con el franquismo políticamente vivo.
Sánchez dijo a bulto lo de los 40 o 50 años y no cayó en la cuenta de lo que significaba ese lapso de 10 años. El País lo arregló para que no hubiera dudas: un Gobierno del PP y Vox nos llevaría de cabeza al franquismo.
Lo que da miedo es la España que es incapaz de convivir, que es a lo que nos está llevando el presidente
Los viajes en el tiempo en política tienen mucho peligro, aunque a algunos no nos sentaría mal recuperar la juventud de un plumazo. Si eso fuera posible, el voto de los mayores de 60 años lo tendría asegurado la derecha.
Había una serie en los años 60 que se llamaba así, El túnel del tiempo, que cada semana nos hacía viajar al pasado o incluso al futuro utilizando una máquina que daba un poco de vértigo cuando se ponía a funcionar. De la época de los romanos al futuro de la guerra de las galaxias, aunque mucho más cutre. Pero era ciencia ficción.
Por mucho que quieran, que dudo que lo quieran, ni el PP ni Vox nos pueden llevar a los años 70. España ha cambiado tanto que ni siquiera la derecha más cerril propondría ahora la eliminación de las conquistas que se han llevado a cabo en el último medio siglo. Sólo los incautos pueden caer en la trampa del miedo. Es quizás la única alternativa que le queda a un Gobierno corrupto y a un presidente que ha intentado laminar el Estado de Derecho. Y eso sí que es una realidad. En contra de la evidencia, Sánchez quiere ganar sobre la base del miedo: lo que viene será peor.
Marrullero como es, Sánchez nos propone un viaje en el tiempo a una época muy anterior: pretende llevarnos a los años 30, con su Frente Popular, con sus fascistas, con la guerra de los buenos contra los malos, que, fatalidad, ganaron los malos. Con la apropiación indebida de un gran poeta, Federico García Lorca, que pertenece a todos los demócratas, incluso a los de derechas.
En su intento de eliminar la alternativa (¿hay acaso algo más antidemocrático?), Sánchez ha dibujado una línea roja que divide al país entre demócratas y fachas. Recordaba hace poco García Castellón en estas páginas cómo el estalinismo calificó de socialfascistas a los partidos socialdemócratas. Todo lo que no era comunista, era fascista. Luego, cuando le convino a Stalin, se modificó la doctrina para permitir la creación de los frentes populares, donde los comunistas debían convivir con los socialistas para combatir el fascismo. Ya no eran fascistas.
Ese viaje en el tiempo, noventa años atrás, a mí me da mucho más miedo que el otro, aunque ambos sean imposibles. La norma de que todo vale contra el fascismo (aquí y ahora, una coalición de PP y Vox) nos lleva a una dinámica de enfrentamiento civil que ya está aflorando, como hemos visto esta semana en el intento de boicot a los mítines de Abascal o en los disturbios de Barcelona.
La huelga general, esa que se han inventado UGT y CCOO para hacerle la campaña a un Gobierno que les ha atiborrado de subvenciones, es otra prueba de ese intento de dividir al país en dos, de enfrentarnos a los que no comulgamos no con unas ideas, sino con unas prácticas nefastas para la democracia, con los que se aferran a una izquierda que tiene más de pose que de realidad.
Lo que da miedo no es ese viaje a los años 70 que nos augura Sánchez si gana la derecha, sino la España que es incapaz de convivir, que es a la que nos está llevando el presidente.
1 Comentarios
Normas ›Para comentar necesitas registrarte a El Independiente. El registro es gratuito y te permitirá comentar en los artículos de El Independiente y recibir por email el boletin diario con las noticias más detacadas.
Regístrate para comentar Ya me he registradoTe puede interesar
Lo más visto
hace 2 segundos
Es curioso salvo Isabel Díaz ayuso ya nadie habla de gobernar para todo el mundo, ni Sánchez, adalid de los muros, ni Abascal, ni Núñez Feijóo. Por qué será?