El jueves por la noche el presidente del Gobierno apareció en el programa La Revuelta de Televisión Española. Hora y media de entrevista con David Broncano (41 años), con un resultado espectacular: más de 4 millones de audiencia. Estuve wasapeándome con Juanma Romero durante esos 90 minutos (el tiempo que dura un partido de fútbol) para encontrar un titular. No había manera. Al final, elegimos algo obvio: 'Sánchez arreglará el problema de la vivienda si la izquierda tiene mayoría absoluta'. Lo mismo podrían decir Feijóo, Abascal o Ada Colau: si me votáis solucionaré vuestros problemas.
Los periodistas tenemos una deformación profesional: en las entrevistas perseguimos una noticia, un titular. Sentimos como un fracaso que el entrevistado se limite a repetir un argumentario ya conocido. Pero ese –dar una noticia– no era el objetivo de la conversación de Sánchez con Broncano. De hecho, el propio Broncano dijo al principio del encuentro que él no era periodista, como disculpándose de antemano ante sus posibles lagunas, como, por ejemplo, que no supiera cuantos diputados conforman la mayoría absoluta en el Congreso (¿166 o 176?).
El buitre Lamata ya analizó agudamente el viernes el programa que logró un récord de audiencia batiendo con holgura a El Hormiguero y a Horizonte, por eso no entraré en la sonrojante alfombra roja que el presentador tendió a los pies del entrevistado, o en los pautados aplausos de un público entregado, por no hablar de la aparición final de Candela Peña como fan confesa de Sánchez ("Las que te votamos...").
El objetivo del presidente no era dar argumentos sobre los casos de corrupción de su gobierno, el fracaso de su política de vivienda, o el desastre de la gestión de la avalancha en Ceuta. El fin era mostrarse como un tipo normal, que está ahí no por ambición de poder, sino porque quiere hacernos la vida más fácil. Puede equivocarse, claro que sí, pero quién no se equivoca. Ábalos le engañó, y si no se construyen más viviendas es porque las comunidades del PP no quieren aplicar la ley de vivienda. Ni siquiera sus errores son atribuibles a él.
El escenario para la reivindicación de Sánchez como presidente cercano, capaz de hacer bromas y reírse de las gracietas del presentador, era ideal. Lo importante, lo dijo al final de la conversación, es que la gente se vaya a la cama con una sonrisa.
El espacio de propaganda a favor del presidente que vimos el jueves en TVE lo pagamos todos los españoles, incluso los que pensamos que es el peor gobernante de la democracia
El mensaje que transmitió fue muy simple. El mundo está divido en dos categorías: los buenos y los malos. Los buenos somos nosotros y los malos son la derecha y la ultraderecha. La alternativa es buena en democracia, dijo Sánchez, pero ahora en España, con Vox, esa alternativa significa la involución. Sencillo y fácil de asimilar: ¿en qué lado se quiere situar usted? Y detrás de Feijóo y Abascal están, ahí se puso serio, los tecnoligarcas, a los que el presidente conoce bien porque se ha codeado con ellos. Nos lo imaginamos en Silicon Valley tuteando a los magnates de la IA: "¿Qué tal Elon (Musk)?, ¿cómo te va Sam (Altman)?". La culpa de que la gente se esté haciendo de extrema derecha la tiene "el algoritmo", ese mecanismo perverso que hay en las redes sociales diseñado para que votemos a Trump o a Vox.
Ante ese mundo hostil, Sánchez se presenta como el líder de una aldea gala de la democracia. Y eso, dice el presidente, "tiene algo de épica".
Esos mensajes, simplones pero efectivos, llegaron a millones de personas. Muchos de los que dudaban si votarle, probablemente hayan decidido hacerlo. ¡Es un tipo tan majo!
El problema es que ese espacio de propaganda se hizo en una televisión pública, que pagamos todos los españoles, incluso los que pensamos que Sánchez es el peor gobernante que ha tenido este país desde la muerte de Franco.
La Revuelta, por la que RTVE paga un dineral (31,5 millones por dos temporadas), no es La Pija y la Quinqui, el pódcast en el que que el presidente fue presentado como Perro Sanxe. Lo que ocurrió el jueves fue un ejemplo claro de utilización de un medio público para favorecer una opción política. Es la subversión de lo que debería ser una televisión pública. Todos los gobiernos han utilizado TVE como instrumento de propaganda. Pero lo hacían utilizando los informativos. Ahora, esa voracidad manipuladora se ha extendido por toda la programación, especialmente en los programas de infoentretenimiento. De tal forma que Pepa Bueno parece un ejemplo de objetividad al lado de Cintora o Broncano que, por cierto, es la primera vez que entrevista a un político en plena precampaña.
Sánchez ha hecho suya la televisión pública, como ha hecho suyos el Tribunal Constitucional o la Fiscalía General del Estado. Bajo la apariencia del colega con el que te puedes ir a tomar unas cañas, se esconde ese hombre obsesionado por el poder capaz de utilizar cualquier medio para conseguir sus fines. Viste pantalón y camisa vaquera, pero se presentó en el programa de Broncano rodeado de un servicio de seguridad digno del presidente de los Estados Unidos.
En una campaña electoral los medios juegan un papel esencial. Pueden determinar el resultado final. A los medios privados que apoyan al presidente (él mismo dijo los que suele consultar: El País, La Vanguardia, elDiario.es, Infolibre...), hay que sumarle el respaldo decidido y sin tapujos de la televisión pública. Sánchez sabe lo que se juega en estas elecciones. Mantenerse en el poder no es para él la condición necesaria para llevar a cabo unas políticas concretas, sino el medio para garantizarse la protección ante procesos judiciales que afectan a su partido y a su familia. El presidente es un hombre que se desenvuelve bien ante la adversidad. El reto de vencer a las encuestas –todas menos la del CIS dan a la derecha como clara ganadora el 29 de noviembre– le procura una excitación especial. Y ha sabido transmitir a los suyos que hay esperanza, que se puede ganar.
Ese efecto contagio ya se nota en algunos sondeos. Por ejemplo, en el que publicó El Confidencial el viernes. Sube el PSOE y baja el PP, aunque todavía la derecha conserva una apreciable mayoría. Quedan cinco semanas para las elecciones generales y, por tanto, hay mucho tiempo para seguir estrechando ese margen. Sánchez se va a volcar. Así que permanezcan atentos a la pantalla.
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