La economía española, europea y mundial están sumidas en un momento de crisis agravado por una gran incertidumbre. En este podcast evaluamos si nos encontramos ante una (otra) recesión o si, además, afrontamos cambios más profundos que nos llevan a un verdadero cambio del sistema productivo y, quizás, de forma de vida. Desglosamos los diversos frentes del panorama económico con Manuel Hidalgo, doctor en Economía por la Universidad Pompeu Fabra y profesor actualmente en la Universidad Pablo de Olavide. Colabora habitualmente con Voz Populi y El País. Junto a él, contamos con el director de Culturas Políticas y profesor de la Universidad Rey Juan Carlos, David Sarias; con el poeta y periodista Álvaro Petit y con Javier Collado desde la Universidad Rey Juan Carlos. 

La tormenta perfecta ya está aquí. La economía global vuelve a enfrentarse a un momento crítico poco más de una década después de la gran crisis financiera. Desde entonces, los programas de estímulo de los bancos centrales venían ayudando a que el motor de la economía no se parase, dopando el conjunto del sistema. Y cuando Occidente ya se planteaba retirar la respiración asistida al enfermo, llegó la pandemia del coronavirus

Los bancos centrales y los Estados se apresuraron entonces a inyectar dinero como nunca antes, aplicando una especie de desfibrilador en un sistema económico que amenazaba con sufrir un paro cardíaco. Al mismo tiempo, muchos gobiernos ordenaron confinamientos estrictos en determinadas regiones, frenando la rueda de producción de bienes, especialmente de los que recorren medio mundo por vía marítima. La cadena de suministro se rompía.

Con la llegada de las vacunas, cuando la población llevaba más de año y medio ahorrando a la fuerza por el miedo a la pandemia, fue el momento de aplicar el carpe diem: mejores vacaciones, compra de una casa más grande, o de una televisión más moderna. El mismo comportamiento en cientos de millones de personas, sumado a la carestía por una cadena de suministro aún no recuperada, disparó la inflación desde mediados de 2021.

Los bancos centrales se encontraron entonces ante la típica tesitura de elegir entre enfriar la economía provocando un frenazo del crecimiento y que la economía real no terminase de recuperarse de la crisis pandémica, o permitir que la inflación campase a sus anchas y saliese dañado el sistema en su conjunto. 

Y entonces se produjo la última vuelta de tuerca: Putin invade Ucrania. La incertidumbre se dispara, el precio de la energía se desboca en Europa por sus importaciones de gas ruso, los grandes productores de cereal no pueden exportar porque son los dos contendientes en la guerra, Occidente veta casi cualquier negocio con Rusia… Y los precios no paran de subir.

Así que tenemos un exceso de masa monetaria en el mercado por una economía dopada desde hace 14 años, una cadena de suministro que no se recupera, una geopolítica en su momento más tenso desde la caída del muro de Berlín, y unos precios de la energía que impactan sobre todas y cada una de las actividades económicas.

Preguntas para el diálogo:

  • ¿Qué elementos de esta crisis están provocados por la guerra en Ucrania y cuáles son estructurales y la anteceden?
  • Hablemos de la energía. Rusia se ha pasado todo el verano jugando con abrir o cerrar el grifo del gas, advirtiendo de alguna forma a Europa de que no contarán con él en invierno. Es su gran arma de presión contra la UE. Los precios se disparan y algunos países como Alemania ya están haciendo una pausa en sus ideas de transición energética, aumentando la generación eléctrica con carbón y reabriendo el debate de las nucleares. En España, por el momento, el Gobierno no está dispuesto. ¿Qué habría que hacer y qué pasará finalmente?
  • ¿Tardaron los bancos centrales demasiado en retirar los estímulos? ¿Cómo pueden los bancos centrales, los Estados occidentales, afrontar la crisis?
  • En España, la inflación sigue creciendo a doble dígito y muy por encima de la media comunitaria. El Gobierno repite una y otra vez que es únicamente culpa de la guerra, cuando ya superábamos el 5% de inflación antes de la invasión de Ucrania. Y, además, el auge del precio que notamos en los bolsillos es muy superior al del dato oficial. ¿Qué debe hacer Sánchez para paliar esta situación, si es que puede hacer algo?
  • En concreto hay un debate bastante vigoroso sobre si conviene «deflactar» los impuestos, es decir, ajustarlos a la baja para compensar el incremento de la inflación y que queden al mismo nivel real. En teoría, la solución de la inflación pasa, precisamente, por ralentizar el consumo retirando circulante, pero esa medida aliviaría la presión que sufrimos todos. ¿Es mejor atemperar el dolor o una opción más dura que traiga la inflación bajo control más rápido aunque sea con más sacrificios?

En resumen, ¿hay salida? ¿Se puede salir de esta con alguna de las recetas económicas clásicas o vamos a tener que cambiar el paradigma?


David Sarias Rodríguez es profesor de Historia del Pensamiento y los Movimientos Sociales en la URJC