La de Alberto Núñez Feijóo fue una victoria rotunda, cimentada en el dominio incontestable que el Partido Popular ejerce sobre el mapa electoral gallego. Únicamente nueve municipios se le escaparon en toda la comunidad: ocho cayeron en manos del PSOE y sólo uno de En Marea. En el resto, ciudades grandes, medianas, pequeñas, pueblos y aldeas, el voto al PP fue el más recurrente.

Los dos mundos que explican el aguante del PP en Galicia, la única mayoría absoluta que sobrevive en España, fueron en realidad sólo uno en las elecciones de este domingo. Pese a la tímida irrupción de Ciudadanos, fuerza mayoritariamente urbana, los populares mejoraron en un 2,91% respecto a 2012 su desempeño en las grandes urbes gallegas: La Coruña, Ferrol, Santiago de Compostela, Lugo, Orense, Pontevedra y Vigo.

Al mismo tiempo, los números del PP aumentaron casi en la misma proporción (un 2,72%) en las diez comarcas menos pobladas, indicadores de su fortaleza en el mundo rural, donde el partido de Feijóo supera holgadamente el 60% de sufragios en numerosos municipios. Como se observa en el gráfico superior, la mayoría popular es especialmente relevante en Orense y Lugo, las dos provincias más rurales, mientras que en La Coruña y Pontevedra, las dos con mayor concentración urbana, su porcentaje de voto no alcanza el 50%.

La fortaleza metropolitana de En Marea

La tendencia es exactamente la contraria en el caso de En Marea, la coalición de izquierdas en la que concurría Podemos con Luis Villares al frente. Pontevedra, donde más débil se muestra el PP, es su principal fortín, mientras que sus resultados en Lugo y Orense, como ya pronosticaban los sondeos, son pobres y sufren para alcanzar el 15%.

Su falta de estructura e implantación en el medio rural, donde el PSOE es todavía la fuerza de izquierdas preferida, lastra la contundencia del sorpasso, que podría incluso deshacerse una vez se recuente el voto rogado. En la provincia de Orense, los socialistas se han quedado a sólo 135 votos de un escaño que actualmente le corresponde al PP, pero podría bailar. Es el único asiento que queda en juego, y si terminase cayendo del lado socialista daría a Xoaquín Fernández Leiceaga un 15º escaño con el que ejercer como líder de la oposición durante la próxima legislatura.

Trasvase a dos bandas

En Marea, por tanto, no remata al PSdG pero sí lo debilita mucho. La coalición izquierdista crece un 5,12% respecto al resultado de Anova hace cuatro años, y lo hace a costa del 4,47% que se dejan en conjunto el PSOE (-2,72%) y el BNG (-1,75%). Sólo bebe de ellos, y de los restos que dejan los partidos que concurrieron en 2012 y no lo hicieron este domingo: el Partido da Terra (0,22%), la Unificación Comunista (0,11%), el Partido Pirata (0,11%)… El trasvase a favor de la marca de Podemos tiene dos fuentes principales y ofrece una suma casi perfecta. La transversalidad, en Galicia, encontró un muro robusto justo en el centro del espectro político: Podemos no logró pasar al otro lado.

Crece la derecha en Galicia

Sí conquistó terreno, sin embargo, la derecha y el centro-derecha. La aparición de Ciudadanos no lastró al PP, que creció igualmente, y sirvió para consolidar el dominio conservador en Galicia. Este voto, que en 2012 obtuvo el respaldo del 45,8% de los electores, convenció en esta ocasión al 50,92 por ciento. Mayoría absoluta, en votos y escaños, para una ideología que no se ha visto desgastada en nada durante los siete años de Alberto Núñez Feijóo en el poder. Un dato sorprendente, si se valora que durante este periodo lidió con la crisis económica de principio a fin y tuvo que asumir los impopulares recortes implantados por su partido a nivel nacional. Como se desprende de la iconografía de su campaña y del tono de sus intervenciones públicas, Feijóo trasciende en Galicia a las siglas que representa.

Las encuestas acertaron en el País Vasco

A diferencia de lo que ocurrió en las últimas elecciones generales, las encuestas no fallaron apenas nada en el País Vasco. Los diez sondeos publicados durante el mes de septiembre otorgaban al PSOE un 11,58% que no se alejó mucho del 11,94% que finalmente cosechó Idoia Mendia. No hubo voto oculto para los socialistas, que confiaron a este fenómeno los últimos días de su campaña, esperanzados por un giro de última hora que revirtiese el batacazo que pronosticaba la demoscopia en bloque.

Fue mayor el empujón inesperado que recibió el PP, que superó los ocho escaños que le otorgaban las encuestas casi con total certeza. Fueron nueve, quizá a costa de Ciudadanos, que no obtuvo representación en el parlamento vasco. Un resultado mediocre, que superó de milagro el 2% y se quedó incluso por debajo del cosechado por UPyD en 2009. La formación de Albert Rivera no consiguió robar prácticamente ningún voto al PP y ni siquiera recogió toda la herencia del que debía ser su espacio electoral indudable.

El PSE cae en picado

Un espacio que se le reduce cada vez más a los socialistas vascos, inmersos en una caída en picado demoledora desde que Patxi López alcanzó la lehendakaritza hace siete años. Este domingo, Idoia Mendia igualó el suelo histórico establecido por Txiki Benegas en 1980 con nueve escaños que le permiten sumar mayoría absoluta junto al PNV, pero nada más.

El PSE queda en una situación comprometida, incapaz de superar en representación al PP por primera vez en 15 años, desde que Jaime Mayor Oreja batiese a Nicolás Redondo en el año 2001. El pragmatismo moderado del PNV por la derecha y la irrupción de Podemos por la izquierda menguan su capacidad de atracción entre el electorado vasco, que continúa castigando el acuerdo de gobierno alcanzado en 2009 con el Partido Popular de Antonio Basagoiti.

PNV, ejemplo de estabilidad

Todo lo contrario que al PSE le ocurre al PNV, que mantiene una línea estable desde que arrancó el siglo. Ajeno a todos los terremotos provocados por el declive de la violencia de ETA, la irrupción de Podemos y el desgaste de los partidos tradicionales, Íñigo Urkullu ha conseguido mantener a la formación nacionalista en 29 diputados, los mismos que consiguió en 2005, uno menos que en 2009 y dos más que en 2012.

Su electorado es el menos volátil de todos y también el más amplio. El PNV toca la puerta de todos los espectros ideológicos: pierde votos con Bildu, pero se los gana al PP y al PSOE para terminar en suma cero. Urkullu gobernará durante cuatro años más, con un apoyo sólido y en unas condiciones prácticamente calcadas a las de la legislatura pasada, pese a que de entonces a hoy el resto del Parlamento ya no se parezca en nada.

¿Cómo sería el País Vasco sin nacionalismo?

Las elecciones de este domingo dibujan una Cámara indudablemente favorable al derecho a decidir. PNV, EH Bildu y Podemos, que suman casi 780.000 votos, defienden caminos más o menos radicales hacia la consulta al pueblo vasco sobre su relación con España. PP, PSOE y Ciudadanos, enmarcados dentro del bloque constitucionalista contrario a la consulta, apenas superan los 250.000 votos, menos que nunca en las elecciones autonómicas vascas.

Sin embargo, un País Vasco sin el factor del nacionalismo resultaría en un eje político absolutamente diferente: Euskadi es más de derechas que de izquierdas, si se da por cierta la cercanía ideológica entre el PNV y el PP en materia principalmente económica. Y es sorprendente, porque un hipotético bloque de derechas habría sumado más del 50% de los votos en los comicios del domingo, pese a que sólo un 9,3% de los vascos se sitúa a sí mismo en la derecha o en el centro-derecha, y un 31,4% lo hace en el centro.

El PP consolida su feudo alavés…

Como es tradición, la provincia de Álava da un respiro en las elecciones autonómicas a los partidos nacionales. El PP basa aquí toda su política de contención de daños en el País Vasco y, pese a que perdió la alcaldía de Vitoria en las municipales de 2015, mantiene Álava como su principal caladero de votos. Allí los populares volvieron a ser este domingo la segunda fuerza más votada, con un 18,58% de las papeletas y cinco escaños, mientras que en Vizcaya y Guipúzcoa se quedaron en el quinto lugar, superando por poco el 10 y el 7 por ciento respectivamente.

En Álava se sitúan también los únicos tres municipios en los que el PP consiguió imponerse a nivel local: Armiñón, Baños de Ebro y Laguardia, todos limítrofes con La Rioja o Castilla y León. También es la provincia en la que más apoyos recabaron Podemos y PSOE, aunque sin tanta diferencia con los resultados obtenidos en Vizcaya y Guipúzcoa. Ciudadanos, pese a no obtener representación, consiguió en esta región un 3,17% del voto, mientras que en el resto del territorio vasco no consiguió llegar al 2%. Es un axioma político y cultural que sigue confirmándose elección tras elección: Álava es la provincia que más se parece al resto de España.

…y consigue los escaños más baratos

La fortaleza en Álava permite al PP ser la fuerza que consigue los escaños más baratos de todo el Parlamento vasco. La Ley Electoral de la comunidad plantea un reparto proporcional de asientos entre las tres provincias: 25 cada una, sin tener en cuenta la población, que es menor en toda Álava que en Bilbao capital.

Así, al PP le bastan menos de 12.000 votos para conseguir un juntero, mientras que PSOE y Podemos necesitan 14.000 y PNV y Bildu más de 13.000. Ciudadanos, que consiguió 21.362 votos en total, se queda fuera de la Cámara.