Nuestro lema es: cuando ellos bajan al barro, nosotros subimos al cielo (when they go down, we go high)». Es el leitmotiv de Michelle LaVaughn Robinson Obama (Chicago, 1964), que pronunció la frase en su emocionante intervención en la Convención Nacional Demócrata este verano. Excelente alter ego de su marido, el presidente Barack Obama, Michelle siempre ha estado lejos de ser una primera dama en la sombra, pero en ese momento se reveló como una oradora brillante, capaz de electrizar a multitudes. Michelle se refería, sin mencionarlos, a Donald Trump y sus seguidores que han repetido una y otra vez que Barack Obama no había nacido en EEUU, entre otras difamaciones para desprestigiarle. «Cuando dan golpes bajos, nosotros nos crecemos». En inglés la frase es aún más potente y más sencilla. Michelle siempre está arriba, sin dejar de estar al lado de cada uno de los que escuchan entusiasmados su mensaje.

Pero Michelle Robinson, brillante abogada licenciada en Princeton y luego en Harvard, que conoció a Barack Hussein en un despacho de abogados en Chicago en el verano de 1989, no sólo domina la oratoria y la empatía armónicamente, sino que además se ha convertido en una estrella mediática. Baila con naturalidad con Ellen DeGeneres, canta en Carpool Karaoke con James Corden Single Ladies de Beyoncé, o cuenta cómo es una cena familiar en la Casa Blanca a Stephen Colbert. En el lateshow de Colbert, reconoció que le fascina «lo deliciosamente estiloso» que es Barack. «Si te preguntas qué es tener estilo (swag, en inglés), es que no lo tienes, Stephen», dijo Michelle, riéndose a carcajadas, al presentador. Es naturalidad pura a la enésima inteligencia.

Ha modernizado el papel de primera dama hasta convertirse en una celebridad que utiliza su gran impacto mediático para denunciar el daño de la comida rápida, o promover la iniciativa Let Girls Learn, que fomenta la educación de las niñas en todo el mundo. Como escribía Julie Miller en Vanity Fair, «Flotus (acrónimo para First Lady of the United States) tiene el estilo y la pose de Jackie Kennedy con la empatía de Oprah Winfrey y el carisma cercano de Julia Roberts».  Sus elecciones de ropa generan ganancias millonarias. Un auténtico icono de la cultura popular.

Tiene el estilo de Jackie Kennedy con la empatía de Oprah Winfrey y el carisma de Julia Roberts»

Y ha puesto todas sus cualidades al servicio de Hillary Clinton, aunque se decía que no había mucha química entre ellas. Curiosamente coincide con Trump a la hora de destacar lo que más le gusta de Hillary: «Nunca se rinde». Junto al presidente Barack Obama, ha acudido al rescate de la candidata demócrata, especialmente cuando las encuestas han empezado a reflejar un creciente malestar con su gestión del escándalo de los correos electrónicos.

Dada su actividad en campaña, ha comenzado a especularse sobre las posibilidades de Michelle Obama en política. «Tiene todo lo que no tiene Hillary Clinton, especialmente autenticidad. Le falta precisamente lo que tiene Hillary, experiencia. Y no sé si ella querría. Si a ella le apeteciera, seguro que se lo ofrecerían», señala Carlota Garcia Encina, investigadora especializada en EEUU en el Real Instituto Elcano.

«Aunque ha declarado que no está interesada en el puesto, muchos la consideran una de las mejores alternativas del Partido Demócrata para las próximas elecciones. Ya en 2014 se rumoreaba que podría presentarse a senadora de Illinois, algo que nunca sucedió, pero los discursos que ha dado durante la campaña (sobre todo, su defensa de las mujeres frente a las críticas de Trump) y su agenda social como primera dama, muy centrada en la educación infantil, han demostrado que le sobra capacidad política. Cuenta con un nivel de aprobación de un 64%», afirma Inés Royo, investigadora en The Hispanic Council. Para Alfred Montero, profesor de Políticas en la Universidad de Carleton (Minesota), «es indudable que se ha convertido en una figura mediática, pero no la veo con ambición política, sino más con una dedicación social».

La más llamativa intervención de la campaña electoral fue su reacción a los comentarios obscenos sobre las mujeres realizados por el candidato Donald Trump y que el millonario justificó como «una conversación de vestuario». Confesaba en su intervención Michelle que lo que había dicho Trump no era una simple charla banal, sino «uno de los incontables ejemplos que muestran cómo trata a las mujeres». Reconoció que estaba muy afectada, y que no podía hacer como si nada nuevo hubiera sucedido. «Sentí esas palabras como algo personal, como vosotras también. Esos vergonzosos comentarios sobre nuestros cuerpos. Ese desprecio a nuestras ambiciones y nuestro intelecto. Esa creencia de que puede hacer cualquier cosa que quiera con una mujer», añadió en esa alocución en New Hampshire.

No importa de qué partido seas. Ninguna merece ser tratada así», dijo sobre los comentarios obscenos de Trump

«Esto no es normal. No se trata de otro hecho más en política. Es intolerable. No importa de qué partido seas -demócrata, republicano, independiente- ninguna mujer merece ser tratada así. Ninguna de nosotras merece este tipo de abuso», agregó con una determinación de la que hace gala cuando algo le indigna. «El secreto de su reputación es que desborda verdades emocionales», aseguraba Peter Slevin, autor de una autobiografía de la primera dama, en un artículo en The Globe and Mail. Ese discurso estaba lleno de esas verdades plenas de sentimiento.

Pese a su fuerza inspiradora, pocos ven factible que se dedique a la política en un futuro cercano. «Es inteligente, atractiva y tiene mucho carisma, pero me parece que está harta del precio que han tenido que pagar por ser los primeros afroamericanos en la Casa Blanca. Como los primeros negros en el deporte. Hay mucho racismo en EEUU, como demuestra el auge del trumpismo«, afirma Robert Matthews, experto en Relaciones Internacionales en el Seminario de Investigación para la Paz (SIP).

Lo que se da por hecho es que Michelle Obama escribirá sus memorias. Según The New York Times, un contrato de los Obama por un relato de su presidencia podría oscilar entre los 20 y los 45 millones de dólares conjuntamente. Raphael Sagalyn, agente literario, aseguraba en Vanity Fair que «serían las memorias de una primera dama con mejores ventas de la Historia». Y más allá de recopilar sus recuerdos, o dar conferencias, seguirá con lo que es su gran vocación: promover la educación entre las niñas y jóvenes en condiciones de marginalidad.

En ese discurso memorable del pasado verano ante los delegados demócratas, Michelle tuvo momentos poéticos: «Hoy me levanto cada mañana en una casa hecha por esclavos…» Ella es descendiente de esclavos, mientras que Barack es de origen keniata, y realizó su disertación en Princeton sobre la división racial. Añadía en la Convención: «Y veo a mis hijas, dos chicas negras, guapas, inteligentes, jugando con nuestros perros en el césped. Y pienso en que gracias a Hillary Clinton, mis hijas, y vuestros hijos e hijas, dan por hecho que una mujer puede ser presidente de Estados Unidos». Ha acompañado a un presidente singular y ella deja un legado único. Michelle podría ascender tanto como quisiera.