La implicación política de Sol Daurella, presidenta de Coca-Cola European Partners, ha colocado en un brete a la compañía, que ve como prolifera en Twitter el hastag #CocacolaRompeEspaña por su implicación en el nuevo Consejo Consultivo de la Diplomacia Catalana. Integrado por 39 personalidades «de reconocido prestigio», desde el futbolista Xavi Hernández a la cocinera Carme Ruscalleda o la propia Daurella, el nuevo organismo debe «orientar las actuaciones de Diplocat», pero también aprovechar su prestigio internacional para abrir puertas a esa diplomacia catalana centrada, bajo la batuta de Raül Romeva, en explicar el «proceso independentista» más allá de las fronteras españolas.

Y esta implicación con el «procés» es lo que critican los internautas que se han sumado a la campaña identificada con una lata de Coca-Cola decorada con la «estelada». La campaña impulsada por entidades como Sociedad Civil Catalana y web como Dolça Catalunya, centradas en denunciar al independentismo, recuerda además que la familia Daurella se hizo con los derechos de distribución de la conocida marca en pleno franquismo y con la supuesta aquiescencia del régimen.

«Sol Daurella entrega Coca-Cola al separatismo», «Sol Daurella, presidenta de Coca-Cola European Partners, es separatista y golpista. Los consumidores actuarán en consecuencia», «Bye bye Coca-Cola» o «Que no utilicen la fuerza mediática de CocaCola.es para dividir Cataluña y romper España» son algunos de los tuits dedicados a la nueva ocupación de la empresaria.

El consejo asesor combina a personajes que disfrutan de reconocido prestigio en sus diversos ámbitos profesionales como los citados, junto a reconocidos entusiastas del «procès» como el economista Xavier Sala i Martin o el filósofo Josep Ramoneda. Completan el listado los ex embajadores Amber Moss (USA) y Artur Sarukhan (México), la representante de ACNUR en Europa Central Montserrat Feixas o la diputada sueca Bodil Valero. Ninguno de ellos cobrará por su trabajo de asesoría, ha asegurado la Generalitat, y el nombramiento tiene una validez de cuatro años renovables.

Daurella lidera un grupo con un valor de mercado de 17.000 millones de euros, de los que el 34% corresponden a CCIP, la matriz española. Y, de este porcentaje, el 55% es de las distintas ramas familiares de los Daurella. El valor de sus participaciones empresariales y las de su familia, tanto en CCIP como en el resto de sus empresas, puede estimarse este año en unos 3.700 millones, un 8% más que en 2015.  Casada con el ex dirigente de Convergencia Carles Vilarrubí, Daurella había mantenido hasta ahora la tradicional discreción familiar en temas políticos y evitaba los medios de comunicación como casi todas las grandes fortunas catalanas.

Pero esa discreción se ha roto en los últimos tiempos, primero a raíz de la exposición de Vilarrubí como miembro de la directiva del F. C. Barcelona y del círculo más cercano al ex presidente Artur Mas. Y desde el año pasado por la vinculación de Vilarrubí con el clan Pujol, que desembocó en un registro domiciliario al matrimonio Vilarrubí-Daurella al mismo tiempo que se registraban los domicilios de Jordi, Pere y Josep Pujol Ferrusola. Un registro que fue considerado como una afrenta personal por la «reina española de la Coca-Cola».