José María Aznar ha dibujado un panorama bastante desolador de España, que se «está desvertebrando» desde el punto de vista social, político y territorial. Más allá de centrarse en el órdago independentista catalán o en críticas más o menos veladas a la «operación diálogo», como cuando desde FAES se acusó a Soraya Sáenz de Santamaría de asumir los argumentos de los adversarios políticos, ha ahondado más en sus críticas.

En un acto organizado por la fundación «Valores y sociedad», presidida por el ex ministro Jaime Mayor Oreja, y actuando de «maestra de ceremonias» la ex presidenta del PP vasco María San Gil, Aznar ha ofrecido un retrato descarnado de un país en el que no existe «una tarea compartida» entre los ciudadanos y que «duda de sus verdaderas posibilidades».

«Se ha agotado el impulso modernizador y ambicioso», denuncia el ex presidente

Sin hacer en ningún momento una alusión directa al gobierno de Mariano Rajoy, ha defendido que el «impulso modernizador, ambicioso y profundo se ha agotado» y ello ha hecho aparecer «brechas, que pueden ensancharse para ser amenazas de fracturas» y hasta «derrumbes».

La primera brecha, social y generacional, se caracteriza por «unos jóvenes con los que no estamos jugando limpio» y con unas clases medias «debilitadas». Segundo, territorial, viene marcada por un proceso de centrifugación «derivado del mas uso del modelo autonómico». También sin alusiones directas, incluso hasta diluyendo de algún modo la atribución de responsabilidades a Rajoy, dice que ese modelo autonómico estaba llamado a cohesionar al país y, en cambio, ha acabado empujado por el debate identitario.

Aznar lamenta un entorno internacional, que «no ayuda», en alusión también a Trump

«Se despacha cualquier variedad de radicalismo beligerante, con un viejo sectarismo hueco y estéril» ha denunciado el ex presidente del gobierno para agregar que no se puede pensar que el único Estado legítimo «es un Estado residual».
Y desde el punto de vista de la brecha política y electoral se ha quejado de un supuesto regeneracionismo, «gritón y manido», en el que los nuevos partidos no han tomado el relevo de los viejos, incapaces de articular un proyecto nacional. Todo ello aliñado con una situación internacional que «no ayuda», incluyendo al nuevo presidente estadounidense, Donald Trump, al que tampoco ha citado pero no parece entusiasmarle.
Tras hacer un respaldo luminoso de sus años en el Gobierno, con hitos como la entrada de España en el euro en 199, Aznar cree que el progreso ha quedado detenido «y hay que ponerlo en marcha», al tiempo que ha apelado a luchar por programas «con ambición nacional alejados del populismo mendaz, el localismo empobrecedor y el ada sino insustancial».

Esperanza Aguirre se suma también a estas jornadas, que organizan Mayor Oreja y Maria San Gil

Un discurso que ha aplaudido con fricción Esperanza Aguirre, que ha asistido a la inauguración de estos ciclos donde no va a ser mera espectadora, sino también parte activa. Y es que la ex presidenta de la Comunidad de Madrid será conferenciante en marzo para hablar sobre «El fortalecimiento de la Nación».

Si algo ha quedado claro, es que Aznar no piensa mantenerse en silencio ni siquiera en este periodo precongresual o, quizá a propósito del mismo.