Problemas en el paraíso independentista. Así, al menos, lo percibe Moncloa, que si bien ni confirma ni desmiente el almuerzo del 11 de enero entre Mariano Rajoy y Carles Puigdemont,  asegura que el ex president Artur Mas no termina de ver claro el referéndum unilateral y vinculante de su sucesor y apuesta por un escenario electoral. Que eso tenga que ver mucho con su deseo de volver a la primera línea política catalana, es lo de menos. En el Gobierno central prefieren poner el acento en las discrepancias internas, en el enfrentamiento soterrado entre el vicepresidente del gobierno catalán, Oriol Junqueras, y Puigdemont y el de éste con Mas. Insisten las fuentes gubernamentales consultadas que Junqueras también quiere elecciones por mucho que presione a Puigdemont con el referéndum, posiblemente para llevar a este a una posición imposible con la amenaza de inhabilitación si firma el decreto de la consulta.

A fin de cuentas, la interlocución con el presidente de la Generalitat tiene fecha de caducidad. Ha dicho que no tiene intención de encabezar la candidatura de las próximas autonómicas, quizá vaticinando el desastre total de su partido si no lo hace bajo el paraguas de Junts pel Sí. Pero Mas se resiste a salir del foco. Su críptico mensaje de la semana pasada en Madrid aventurando la existencia de una tercera vía entre el referéndum y el “inmovilismo” es la expresión más palpable, a juicio de Moncloa de esas diferencias internas.

Lo más probable es que no fuera la primera vez que el Ejecutivo escuchaba estas consideraciones. Los contactos discretos y a todos los niveles de los que habló el delegado del Gobierno el pasado domingo, Enric Millo, abarca una enorme variedad. Y eso incluye a Mas, últimamente muy activo, casi de precampaña electoral.

Moncloa “no descarta” una nueva reunión con Puigdemont en el plazo de un mes pero siempre que “se pueda alcanzar algún acuerdo”

Además, la reunión secreta entre Rajoy y Puigdemont del pasado 11 de enero revelada por “La Vanguardia”. y de la que parece que no salió acuerdo alguno, no ha cerrado el debate interno en Moncloa sobre la conveniencia de otra pública. “No es descartable”, señalan fuentes del entorno de Rajoy que apuntan, incluso, que podría tener lugar en el plazo de un mes “si la agenda internacional del presidente lo permite”.

De producirse, el objetivo del Gobierno es que Puigdemont no la instrumentalice, por lo que la condición “es que de la misma puedan salir al menos un par de acuerdos de entre esos 45 puntos que el presidente catalán le presentó en abril del año pasado”. Realmente era un texto de 46 capítulos, aunque la exigencia de referéndum, con la que abría el texto, no existe para el gobierno central. En este caso las fuentes del PP consultadas señalan que “sería un fracaso que el balance de la cita fuera la ausencia de cualquier tipo de acuerdo, de acercamiento”, más “vendible” en el ámbito independentista pero poco para un Ejecutivo que insiste en que lo que le preocupan “son los temas que afectan a gente”, tal y como ha dicho Rajoy hoy en los pasillos del Congreso.

Entre esos temas ha destacado las inversiones, las infraestucturas o los presupuestos. De hecho se está trabajando en la posibilidad de encontrar puntos de encuentro entre una amplia variedad de temas con los que vender el éxito de un cita pública que divide a los populares sobre su conveniencia.