Cada mes de marzo por estas fechas, cada octubre por aquellas, emerge en España un debate pasional. ¿Por qué cambiamos la hora? ¿En qué huso horario deberíamos estar? ¿Tiene la culpa el sol de nuestros problemas de conciliación? ¿Cuánto ahorramos? ¿Y el turismo? De fondo late siempre una idea aparentemente irrebatible: España no está en la franja que le corresponde. Pocas veces le acompaña otra igual de objetiva: España no es una rareza.

Nuestro país no está en el huso en el que debería por imperativo geográfico: el GMT 0, marcado por el meridiano de Greenwich que atraviesa Aragón y parte de la Comunidad Valenciana y que deberíamos compartir con el Reino Unido, Portugal y Marruecos. En su lugar, nos ubicamos desde los años 40 por decisión política e industrial en el GMT+1, que compartimos con prácticamente toda Europa desde París hasta Belgrado.

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España no está donde le toca, igual que no lo está Francia, no lo está Bélgica, no lo están los Países Bajos, no lo está China, no lo está buena parte de África, no lo está Rusia, no lo están enormes territorios de Estados Unidos, México y Canadá, no lo está Alaska entera, no lo está Argentina, no lo está Chile, no lo está Uruguay y no lo está Oriente Medio, entre otros muchos ejemplos de los que España no es ni mucho menos el más extremo.

Desviación de la hora legal respecto a la hora solar en el mundo.

Desviación de la hora legal respecto a la hora solar en el mundo.

Lejos de ser ley sobre piedra, el mapa de los husos horarios ha sido, en todo el mundo y a lo largo de la historia contemporánea, plastilina maleable amoldada a las sociedades y a sus demandas particulares. Existen en el mundo husos divididos en medias o incluso en cuartos de hora por mera utilidad política, operativa o identitaria. En España, también, el debate sobre el cambio de hora bebe de esos elementos.

Es un debate político porque política fue la decisión que Franco tomó el 7 de marzo de 1940 para, mediante una orden de Gobierno y siguiendo el ejemplo de los vecinos europeos, adaptar la hora española a la de Alemania. Así lo recoge el Boletín Oficial del Estado de aquella jornada, firmado por el subsecretario de la Presidencia Valentín Galarza:

«Considerando la conveniencia de que el horario nacional marche de acuerdo con los de otros países europeos, y las ventajas de diversos órdenes que el adelanto temporal trae consigo. Dispongo: 1- El sábado 16 de marzo, a las veintitrés horas, será adelantada la hora legal en 60 minutos».

España no fue el único país que adaptó su hora a la de Alemania, ni fue el único que mantuvo el huso tras la Segunda Guerra Mundial

España no fue la única que cambió su hora entonces. También lo hicieron entre otros Francia y el Reino Unido, aunque los británicos volvieron a su huso natural al término de la Segunda Guerra Mundial. España no lo hizo y mantuvo su peculiaridad horaria, acrecentada especialmente desde 1974 tras las grandes crisis energéticas que impulsaron los cambios de octubre y marzo y las ahora clásicas horas de invierno de verano.

La tradición ya es cuarentona y está sujeta a la normativa europea a través de la directiva comunitaria 2000/84. Pero el debate siempre vuelve.

Contradicción política

La medida la propuso el propio Mariano Rajoy hace exactamente dos años, durante un mitin en Sevilla previo a las elecciones del 26-J en el que se refirió a «impulsar el cambio horario» como una de las medidas estrella para avanzar en la conciliación laboral. La idea no era nueva: la lleva deslizando el gobierno desde el año 2013 y figuraba en el pacto de investidura alcanzado entre el PSOE y Ciudadanos tras el 20-D. Antes aún, en 2010, la propuesta ya la había llevado al Congreso el Bloque Nacionalista Gallego (BNG), aunque entonces Feijóo (PP) tildó la idea de «peregrina» y Pepe Blanco (PSOE) directamente la calificó como una «chorrada».

Vaivenes políticos aparte, quien desde hace décadas impulsa en España la batalla por volver al huso horario previo al franquismo es la Asociación para la Racionalización de los Horarios Españoles (ARHOE). «Nos hemos acostumbrado al cambio, claro que sí, ¿pero por qué tenemos que adaptarnos a algo artificial?», cuestiona su presidente, José Luis Casero. «Si nos conformamos con vivir con las costumbres malas, seguiríamos fumando en los hospitales».

Para la Arhoe, es necesario quitarle una hora de luz a la tarde y ponérsela a la mañana: ‘Lo normal es que cuando te levantes para trabajar haya luz’

Casero defiende con vehemencia que España no sólo no está en el huso que le corresponde, sino que el exceso de horas de luz vespertina lastra al país a todos los niveles: reduce la productividad laboral, fomenta el fracaso escolar, empuja hacia atrás el prime time televisivo y dificulta la conciliación y el descanso. Por ello, para la asociación es necesario quitarle una hora de sol a la tarde y ponérsela a la mañana: «Lo normal es que cuando te levantes para trabajar haya luz, porque la luz te activa. Lo anormal es ir a trabajar de noche. Yo defiendo lo natural, y quien defienda lo antinatural que me lo explique».

Hay voces que tratan de hacerlo, y provienen en general del mundo de la Física. Una de las más claras y recurrentes es la del Catedrático del Departamento de Física Aplicada de la Universidad de Santiago de Compostela, Jorge Mira, que defiende que España está «en el huso correcto» y que la posición contraria provoca «pánico» en los científicos porque se razona «sobre un mapa plano cuando la Tierra es redonda». Por ello el amanecer de Madrid en invierno no está alineado con el de Londres, sino con los de Frankfurt, Hamburgo, Copenhague o incluso Helsinki, situada en el GMT +2.

El prisma físico, sin embargo, tiene un encaje relativo en un tema que nada puramente en lo social. «De los dos cambios que realizamos al año, los estudios muestran que la mayoría de la gente recibe con más optimismo el que se produce ahora», explica Máximo Cortés, profesor de Economía y Empresa en la Universidad Europea de Madrid.

Ahorro en entredicho

No obstante, el argumentario oficial es económico. La Unión Europea justifica los cambios de hora en el ahorro energético, que alcanzaría los 300 millones anuales en España según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE). La cifra, invariable de temporada en temporada, cada vez está más en entredicho. «Los números son bastante cuestionables y además el ahorro es potencial y no real», explica Cortés. «Con independencia de la luz solar, las luces en las empresas están encendidas todo el día. En muchos casos, la luz solar es incluso molesta y se bajan las persianas para que no refleje en las pantallas de los ordenadores», abunda.

En la misma línea, aquí sí, se expresa el presidente de Arhoe: «En esos estudios no se contempla el uso extra de aire acondicionado por las tardes, el encendido de nocturno de las televisiones…». El profesor de la Europea se refiere a los datos aportados por Red Eléctrica Española, y precisa que éstos «tampoco reflejan variaciones significativas en el consumo relacionadas con el cambio de hora». En concreto, uno de los más citados se realizó en 1998 y estimó el ahorro efectivo entre el 0,1 y el 0,5%.

Doce años más tarde, en 2010, otro análisis realizado por Ecologistas en Acción en base a los seis cambios de hora anteriores echó más tierra todavía sobre la teoría del ahorro. «De los seis periodos estudiados, en cuatro de ellos aumenta el consumo de energía desde un 2,2% hasta un 2,95%. Sólo se reduce el consumo un 0,03% en una ocasión y un 2,1% en otra». «¿Por qué, entonces, se mantiene el cambio de hora? Se mantiene como tradición, como un rito», concluía el documento.

Un rito que es, en realidad, identitario. En Europa, España es el país del sol y nuestra actual política horaria lo fomenta y beneficia: en la costa mediterránea, el sol sale en verano a las 6:30 de la mañana y se pone alrededor de las 21:30. En el extremo contrario, Galicia recibe al astro al borde de las 7 y lo despide pasadas las 22:15, con el obvio impacto positivo que esto supone para la industria turística y hostelera. Los defensores de la hora de verano, en cualquier caso, no miran sólo al guiri: hay más horas de sol tras la salida del trabajo, se favorece el ocio exterior, el consumo de toda clase y la práctica de deporte al aire libre.

De día a las cinco

Quienes se sitúan en esta posición plantean la inutilidad de volver al huso británico atendiendo a nuestro acervo cultural: ¿qué sentido tendría que en Barcelona amaneciese en junio a las cinco de la mañana, o que en Baleares anocheciese en agosto a las siete de la tarde?

«No se trata de lo que guste o no guste, sino de ser cercano a la naturalidad. No podemos generar una hora para las singularidades de cada uno», defiende José Luis Casero, que plantea la pregunta al revés: ¿Por qué seguir permitiendo que en Galicia amanezca en octubre a las nueve de la mañana?

Varias regiones quieren acabar con la excepcionalidad canaria: Galicia quiere atrasar su hora durante todo el año y Baleares adelantarla

El debate es complejo porque España, pese a las escalas cartográficas, es más ancha de lo que parece y mientras Baleares roza geográficamente el GMT+1, Galicia, como Portugal y las Islas Canarias, queda dentro del -1. Por ello, mientras que el BNG lleva años pidiendo atrasar el huso -pese a que aun así Galicia seguiría sin estar en la franja que teóricamente le corresponde-, el Parlamento balear aprobó por unanimidad en octubre de 2016 una declaración institucional en la que solicitaban instalarse definitivamente en el horario de verano, GMT +2, y no volver al calendario de invierno.

La propuesta, impulsada por la plataforma Illes amb Claror (Islas con claridad), no tuvo aplicación práctica por contravenir las directivas europeas, pero refleja un sentir social sobre un tema que genera tanto debate como confusión. Sin ir más lejos, en diciembre de 2016 el diario ABC publicó una encuesta realizada por Gad3 en la que el 66,8% de las respuestas manifestaban estar «más bien a favor» del «cambio del huso horario al de verano para estar sincronizados con la luz del sol». La pregunta carecía de sentido: «El huso horario de verano» español es el GMT+2 y para estar «sincronizados con la luz del sol» deberíamos, en teoría, volver al GMT 0. De esos datos se extrajo que los españoles, en su mayoría, querían alinearse con Londres y que anocheciese antes, una conclusión como poco discutible atendiendo a lo confuso de la pregunta.

En cualquier caso, donde sí hay unanimidad es en que el cambio del huso no debería ser el primer elemento de la cadena de la conciliación, sino el último. De poco sirve adelantar el amanecer y el anochecer si los horarios laborales se mantienen fijos. «El fondo de la cuestión es más importante que la forma», confirma el presidente de Arhoe, José Luis Casero: «Si no, simplemente jugaríamos con las manecillas del reloj pero seguiríamos fastidiados«. Por eso, porque la regulación horaria todavía no es un objetivo cercano, la comisión para la racionalización tampoco ha hecho excesivo ruido en su reclamación de que la hora no cambie este fin de semana: «No queremos movilizar a los ciudadanos para no engañar a la gente. No da tiempo».