Arropada por todas las viejas glorias del partido, la presentación en Madrid de la candidatura de Susana Díaz coincidía en el recinto de Ifema, lo que son las cosas, con la Feria de la Almoneda. Una era un escaparate para nostálgicos de las antigüedades. La otra, también.

“Queremos volver a ser lo que fuimos”, aclamó Susana Díaz como broche final del multitudinario acto en el que por fin ha hecho oficial que aspira a liderar el partido. Lejos de convertirse en un mensaje de renovación, optó por una exacerbada exaltación de la grandeza perdida del PSOE. Un canto al siglo XX con constantes referencias a los ex presidentes González y Zapatero. Más al primero que al segundo.

Lejos de convertirse en un mensaje de renovación, optó por una exacerbada exaltación del siglo XX

Rompió el hielo del acto de beatificación de Susana Díaz una joven cántabra de Juventudes Socialistas, Estela Goicoechea. Es de suponer que le encomendaron la difícil misión de rejuvenecer la atmósfera e ilusionar al público millennial, cada vez más escaso entre los votantes del partido. Pero ni con ésas. La veinteañera presumía de marxista conversa y citaba a Serrat. Muy a juego con los aplausos de la primera fila de Rubalcaba, Felipe, Guerra y Bono, que ya mandaban antes de que ella hubiera nacido.

En vez de ajustar la hora perdida esta noche, parecía que el PSOE quisiera renovarse sincronizando los relojes tres décadas atrás. Cuando mandaba de verdad. Una estrategia arriesgada lo de rodearse de tanto aparato, teniendo en cuenta que en tiempos de populismos al establishment lo carga el diablo.

Y tras la cuota millennial, llegó la parte contratante de la España plural con Antonio Balmón, alcalde de Cornellá, diciendo “bon dia” y recordando que “la historia del PSC es la del PSOE”. Porque sin el socialismo catalán, posiblemente el más reacio a la líder andaluza, a Susana no le salen las cuentas. Citó Balmón a Benedetti, Neruda y para terminar de ensalzar a la lideresa proclamó: “Eres tú”. Vamos, que no faltó ni Mocedades. Más Cuéntame imposible.

“¿Te acuerdas, Felipe, de cuando hablabas del Imserso y la gente nos escribía porque había conocido por primera vez el mar?”, dijo Matilde Fernández

Pero el verdadero homenaje al siglo XX culminó cuando subió la ex ministra Matilde Fernández, tercera telonera susanista. Habló esta emblemática dirigente, “ya jubilada”, aclaró, de la reconversión industrial de 1981 y citó a Solchaga, a Corcuera y a Boyer. Cuánta grandeur. Su discurso no buscaba ni por asomo renovar. Sino reivindicar sin tapujos el maltrecho orgullo socialista. Y, de paso, recordar implícitamente aquellos tiempos en los que la izquierda tenía políticos a los que no se la refanfinflaba la oratoria y citaban a Goethe en vez de a Jordi Évole. Puede que incluso lo leyeran. A Goethe, se entiende.

“Si yo os contara cómo era el país de los años 80…”, decía Fernández ante un pabellón repleto de banderas socialistas, como en los viejos tiempos. “¿Te acuerdas, Felipe, de cuando hablabas del Imserso y la gente nos escribía porque había conocido por primera vez el mar?”.

Y por si alguien dudaba que Susana es la candidata de la unidad, el encargado de pedirla que subiera al escenario fue su ex enemigo Madina, que habló de “reconciliación” y “nuevo proyecto”. Quién se lo iba a decir al socialista vasco en 2014, cuando perdió la secretaría general porque Díaz optó por apoyar al candidato que ahora ambos prefieren ni mentar.

El mérito del cierre de filas en favor de la andaluza, sin embargo, más que suyo puede que sea de Pedro Sánchez. La vieja guardia del partido (y gran parte de la nueva) teme tanto la vuelta a la secretaría general del adalid  del “No es no”, que no les ha quedado otro remedio que aupar a Susana Díaz.

Y mientras la militancia decide si susto o muerte, Pedro Sánchez da un ultimátum: “El PSOE del siglo XX o el del siglo XXI”

Si ella representa la unidad, Pedro Sánchez es la calle. En realidad, el PSOE necesitaría recuperar las dos cosas. Pero de aquí a mayo toca elegir un modelo. Y la mayoría de los mandamases socialistas que se han dado cita en Ifema, han enterrado sus desavenencias internas para apoyar a Susana, convencidos de que el modelo pedrista, más asambleario, terminaría por deshacer el partido.

Y mientras la militancia decide si susto o muerte, Pedro Sánchez daba otro mitin en Valencia. Como si estuviera escuchando por el pinganillo el minuto y resultado del derbi socialista, contestaba a la nostalgia del acto en Madrid exaltando a su auditorio con un ultimátum: “El PSOE del siglo XX o el del siglo XXI”. También dijo Pedro, para dejar claras las diferencias, que “el cambio del PSOE vendrá de abajo y no de arriba”.

Y entonces Susana más que subir ascendió, por fin, a anunciar que sí, que se presenta, ante un pabellón de Ifema abarrotado con 7.000 personas encabezadas por lo más granado del siglo XX socialista. Y para los nostálgicos con ganas de más, al fondo, a la derecha, la Almoneda.