El artículo 50 del Tratado de Lisboa se ha activado. El Reino Unido ha iniciado su camino de desconexión de la Unión Europea y ya se lo ha comunicado oficialmente al presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk. Nueve meses después de votar por un estrecho margen a favor del Brexit, sus consecuencias son cada vez menos teóricas y más palpables. ¿Qué pasa ahora? En El Independiente damos respuesta a las principales dudas que salpican este proceso.

  1. ¿Cómo se aprobarán los acuerdos?
    De llegarse a uno, el acuerdo negociado entre la Unión Europea y el Reino Unido deberá ser aprobado por mayoría simple en el Parlamento Europeo después de que al menos el 72% de los 27 Estados miembro restantes, representando al menos al 65% de la población europea, den luz verde. Aún no es seguro que el acuerdo tenga que ser ratificado también en el Parlamento del Reino Unido, aunque Theresa May se ha mostrado favorable a ello. En cualquier caso, los parlamentarios británicos en Estrasburgo también tendrán derecho a voto.
  2. ¿En qué situación quedan los españoles que viven en el Reino Unido?
    Más de 200.000 españoles residen actualmente en Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte. Y, según el mandato de la UE, deberán hacerlo con normalidad por lo menos hasta el 29 de marzo de 2019, salvo que el gobierno británico decida contravenir previamente “las leyes de la Unión”, como recuerda en su documento el Parlamento Europeo. Después de esa fecha, tanto ellos como el resto de ciudadanos comunitarios se enfrentan a una situación incierta. En teoría, aquellos que hayan trabajado durante más de cinco años en el Reino Unido y tengan derecho permanente de residencia no deberían sufrir ningún cambio en sus circunstancias. Para los que lleven menos, la situación no está tan clara y el gobierno británico se ha negado hasta el momento a aclarar qué pasará sin saber antes qué ocurrirá con los británicos que se encuentran en la misma situación en el extranjero. En España, actualmente, viven más de 253.000 personas procedentes de las islas.
  3. ¿Y los que quieran ir?
    Hasta la entrada en vigor del Brexit, no debería haber cambios y cualquier ciudadano europeo que quiera despalzarse a trabajar al Reino Unido puede hacerlo. Sin embargo, el ministro David Davis ha sugerido en ocasiones que este tipo de trabajadores quizá no puedan conservar su derecho a permanecer en el Reino Unido, y ha advertido de que, si las llegadas se acumulan justo antes de la ruptura, en algún momento habrá que establecer un corte. Tras el Brexit, estará en manos de los políticos británicos establecer qué tipo de permiso se requerirá a los trabajadores extranjeros. Actualmente, el Reino Unido sólo admite trabajadores extracomunitarios con cualificación probada para ejercer profesiones en las que exista escasez de mano de obra británica.
  4. ¿En qué situación quedará la relación comercial tras la ruptura?
    Es difícil de saber, pero es el asunto esencial de la negociación por el tremendo volumen monetario que involucra. El Reino Unido no pretende continuar en el mercado único, porque ello supondría someterse a los dictámenes de los tribunales europeos y estar obligado a aceptar la inmigración comunitaria. Sin embargo, el interés británico está en garantizar “el mayor acceso posible” a ese mercado a través de un tratado de libre comercio. La Unión Europea tampoco desea una ruptura total, pero avisa en su primera respuesta al Brexit de que “un Estado que abandone la Unión no puede disfrutar de beneficios similares a los de un país miembro”, por lo que anuncia que “no consentirá ningún acuerdo que contradiga este principio”. Esto, para la Unión Europea, es también una cuestión de imagen: no puede permitirse que el resto de países que amenazan con la salida perciban que para el Reino Unido es lo mismo estar fuera que dentro. En cualquier caso, el acuerdo comercial tendrá que esperar y en ningún caso podrá producirse antes de marzo de 2019. En su lugar, ambas partes deberán esperar a que la ruptura sea oficial y, una vez llegado ese punto, comenzar a negociar y posteriormente ratificar su particular tratado de comercio.
  5. ¿Qué ha sucedido este miércoles?
    El Reino Unido ha activado por primera vez en la historia de la Unión Europea el artículo 50 del Tratado de Lisboa, un elemento legal establecido en 2009 para regular la posible salida de un Estado miembro. Hasta entonces, esta posibilidad no estaba contemplada en ningún mecanismo de la legislación comunitaria y, por tanto, el ejemplo británico sienta un precedente histórico. Theresa May firmó en las últimas horas una carta que el embajador de su gobierno ante la UE ha entregado a las 13:20 de este miércoles al presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, requisito previo para el inicio de las negociaciones.
  6. ¿Qué plazos marca el artículo 50?
    Dos años. El Reino Unido deberá estar fuera de la Unión Europea antes del 29 de marzo de 2019, se haya alcanzado antes un acuerdo o no. A partir de esa fecha el Reino Unido no formará parte del espacio común, y es responsabilidad de los equipos negociadores establecer de qué manera se producirá la ruptura. Estos equipos, que debatirán cara a cara, los forman cuatro personas por cada bando. Por parte de la UE, la responsabilidad recae en el político y diplomático francés Michel Barnier, al que acompañarán Donald Tusk, la alemana Sabine Weyand y el belga Didier Seeuws. El equipo británico de negociación lo forman David Davis, Oliver Robbins, Tim Barrow y Sarah Healey. Estas ocho personas son las únicas que pueden adoptar una prórroga en los dos años previstos para la negociación.
  7. ¿Qué se negocia?
    Todo. El proceso es inédito y sobre la mesa estarán temas de lo más variado: cuánto tendrá que pagar el Reino Unido por abandonar la Unión, en qué situación quedarán los intercambios comerciales, qué pasará con la libertad de movimientos y con los extranjeros residentes en las islas británicas, qué opciones se presentan para Escocia e Irlanda del Norte, que votaron en contra de la salida del espacio común…
  8. ¿Cuánto le reclama la Unión Europea al Reino Unido?
    60.000 millones de euros, que justifica en las aportaciones pendientes al presupuesto de la Unión hasta el año 2021. La UE pretendía incluso que el Reino Unido pagase la mitad de esa factura antes de empezar a negociar, una exigencia que el gobierno británico ha rechazado de pleno. El ministro designado para el Brexit, David Davis, afirmó recientemente que el Reino Unido “no pagará nada parecido” a esos 60.000 millones, aunque cumplirá con las obligaciones que le correspondan. Ésta será una de las primeras y más duras negociaciones, y se interpretará especialmente desde el prisma británico como una batalla por el orgullo.
  9. ¿Y si no hay acuerdo?
    El Reino Unido abandonará la Unión Europea haya acuerdo o no lo haya. La primera ministra británica, Theresa May, ha afirmado sin embargo que un “no acuerdo” será mejor para el Reino Unido que un “mal acuerdo”. En cualquier caso, que el Reino Unido no asegurase un acuerdo de comercio con Europa supondría que las relaciones entre estos dos mercados pasarían a operar bajo las reglas generales de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Esto significa aranceles, controles de mercancías, costes y lentitud. Los defensores del Brexit, sin embargo, argumentan que esto no ocurrirá: el Reino Unido es un mercado demasiado valioso para toda Europa como para permitir que se llegue a esta situación.
  10. ¿Cómo afrontarán el Brexit Escocia e Irlanda del Norte?
    El Brexit triunfó en el Reino Unido en un escenario dividido, con sólo el 51,9% de los británicos votando a favor del Leave. Sin embargo, ni en Escocia ni en Irlanda del Norte triunfó la opción rupturista. El movimiento independentista escocés proclamó desde junio que promoverían un segundo referéndum en el que elegir si permanecer en el Reino Unido y afrontar el Brexit o mantenerse dentro de la Unión Europea como país independiente. Nicola Sturgeon ya ha dado pasos en esa dirección, aunque Theresa May ha apuntado que “no es el momento”. En cualquier caso, la teoría más aceptada es que Escocia, aun consiguiendo la independencia, debería ponerse a la cola y pedir su ingreso en la UE desde cero, en un proceso en el que se uniría a Turquía, Macedonia, Serbia, Albania y Bosnia-Herzegovina. El caso de Irlanda del Norte es distinto, ya que podría votar no por su independencia sino por la reunificación con Irlanda. En ese caso, hipotético, podría permanecer en la Unión Europea y ahorraría a la UE el quebradero de cabeza de recuperar una “frontera dura” en zona conflictiva.