Es el partido con menos representación en el Parlamento catalán, 10 diputados, y, sin embargo, tiene la llave de la legislatura. Ellos decidieron quién ocuparía la presidencia de la Generalitat -con el veto a Artur Mas-, cuándo se aprobarían los presupuestos -con un año de retraso- y a qué precio: un referéndum unilateral de independencia. La CUP es el grupo más poderoso del Parlament, y también el más desconocido.

Las Candidaturas de Unidad Popular -nombre tomado del grupo de izquierdas que en los 70 llevó a Salvador Allende al poder en Chile- se definen como “una organización política asamblearia de ámbito nacional, que se extiende por todos los Països Catalans y trabaja por un país independiente, socialista, ecológicamente sostenible, territorialmente equilibrado y desligado de las formas de dominación patriarcales”. En resumidas cuentas: antieuropeos, antiespañoles y antiestatutarios, además de refractarios a cualquier idea que huela a tradicional.

En su programa se comprometen con “las iniciativas populares que preparan la ruptura con los estados español y francés” orgullosos de su protagonismo en el actual crecimiento del independentismo en Cataluña. No obstante, reivindican su origen local. La CUP es un partido de raíces municipalistas, y es en los municipios donde se sienten cómodos gobernando, contrariamente al ámbito autonómico, donde, conscientes de su fuerza electoral limitada, sólo aspiran a “empujar hacia la ruptura” al gobierno de JxS.

Eso explicaría por qué en el Parlament se muestran dispuestos a romper todas las normas posibles, y se ofenden cuando sus socios parlamentarios de Junts pel Sí no lo hacen -como ha sucedido esta semana con las condenas por el asalto a la sede del PP catalán-, mientras en los ayuntamientos se guardan de llevar su activismo más allá de los límites legales que pueden poner en juego una alcaldía.

Un ejemplo: la alcaldesa de Berga, la cupera Montse Venturós, ha protagonizado un sonoro conflicto con la justicia que consiguió soliviantar al independentismo cuando los Mossos d’Esquadra, actuando como policía judicial, la retuvieron para llevarla ante el juez de Instrucción nº1 de Berga. Debía responder por un delito contra la Ley electoral por negarse a retirar de la fachada del Ayuntamiento la estelada durante las elecciones autonómicas de 2015 y las generales de 2016, pese a los requerimientos de la Junta Electoral.

Sede del PP catalán en Barcelona tras el ataque de los seguidores de la CUP.

La retención a manos de los mossos para ser obligada a comparecer ante el juez, que finalmente la absolvió, sirvió para enardecer a las bases y tensar el conflicto con la Policía autonómica y la Consejería de Interior, pero se llevó exactamente hasta el punto antes de provocar un conflicto institucional que pudiera abrir la puerta a la inhabilitación y desbancarla, por tanto, del Consistorio.

Lo mismo sucedió con el regidor de la CUP en Vic, Joan Coma, imputado por un delito de enaltecimiento de la sedición por advertir en el pleno consistorial que “para hacer una tortilla hay que romper los huevos”. Coma, que aspiraba a ser el primer cupero detenido por los mossos, “honor” que finalmente correspondió a Venturós, fue trasladado ante la Audiencia Nacional después de repetidas negativas a prestar declaración ante el juez.

Nos exigen incumplir el techo de gasto de Montoro en la Generalitat, pero ellos lo cumplen a rajatabla en sus ayuntamientos”

En cambio, ningún alcalde de la CUP ha contravenido la Ley de Estabilidad Presupuestaria impuesta por el Gobierno -a petición de la UE- y acordada con las entidades locales en la Comisión Nacional de Administración Local presidida por el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. Un acuerdo asumido por las corporaciones locales, a través de la FEMP, que somete a los consistorios al plan de control de déficit definido por el Gobierno con el techo de gasto. Una regulación que establece, en última instancia, que: “La persistencia en el incumplimiento, cuando éste se considere gravemente dañoso para los intereses generales, podrá suponer la disolución de los órganos de la Corporación local”.

“Nos exigen incumplir el techo de gasto de Montoro en la Generalitat, pero ellos lo cumplen a rajatabla en sus ayuntamientos”, se lamentaban amargamente algunos responsables de Economía de la Generalitat durante la negociación de los presupuestos con la CUP.

Los orígenes

Aunque tienen un precedente en los primeros años de la democracia, la CUP actual nace del Procés de Vinarós, cuando en el año 2000 se ensaya la primera alianza de grupos independentistas a la izquierda de ERC con la aspiración de estructurarse políticamente en todo el ámbito de los países catalanes (es decir, incluyendo Valencia, la Franja de Aragón y Baleares).

En ese momento, las principales organizaciones eran Endavant y Movimiento de Defensa de la Terra (MDT), que después derivaría en Poble Lliure y Maulets. De ahí nacen la CUP y Alerta Solidaria. Pero hay que tener claro que la CUP es una amalgama de grupos con una idiosincrasia propia en cada uno de los municipios en los que tiene implantación. Ni esos movimientos son todos los que forman la CUP, ni están en todas sus estructuras territoriales.

La CUP, por tanto, no es un partido político clásico sino un espacio de confluencia entre diferentes organizaciones del independentismo revolucionario. Los referentes internacionales de la CUP son el movimiento independentista kurdo, los palestinos, los saharauis y el chavismo. Y de esos movimientos extraen propuestas para sus programas electorales, como la crianza colectiva defendida en su momento por Anna Gabriel.

Los referentes internacionales de la CUP son el movimiento independentista kurdo, los palestinos, los saharauis y el chavismo

Con un origen voluntariamente municipalista, las elecciones locales de 2011 son su primer salto adelante. Consiguen entonces cuatro alcaldías, una de ellas especialmente simbólica: Arenys de Munt, el municipio donde empezó el proceso de consultas independentistas a nivel local. Cuatro años después, el poder local de la CUP se extiende: 163 candidaturas con las que consiguen 16 alcaldías, nueve de ellas con mayoría absoluta.

Asalto al Parlament

Antes de eso, en 2012 la CUP da otro salto cualitativo, se presenta por primera vez a las elecciones autonómicas y obtiene tres diputados-David Fernández, Quim Arrufat y Georgina Riveradewall, después sustituida por Isabel Vallet- y el 3% de los votos. Un resultado que se multiplica en 2015, cuando los cuperos obtienen grupo propio con diez diputados y 336.375 votos. Esta candidatura se benefició del carácter plebiscitario imprimido por Artur Mas a la convocatoria del 27 de septiembre de 2015 y, sobre todo, de la alianza entre CDC y ERC en JxS. Una coalición que muchos votantes de ERC no entendieron, optando por la formación anticapitalista que emergía a la izquierda de los republicanos.

Nunca se han presentado a unas elecciones generales, un ámbito en el que argumentan que no tiene sentido su presencia, puesto que abjuran de España, y en el que además están abocados al fracaso. Así lo indica el precedente de las europeas de 2004, en las que cosecharon un sonoro fracaso cuando decidieron presentarse pese a su antieuropeísmo, con una candidatura en la que ya estaba Anna Gabriel.

Las contradicciones internas

Hay dos frentes que conviven dentro de la CUP en constante conflicto: Endavant y Poble Lliure. La influencia de estos dos grupos es incuestionable, aunque el 80% de los militantes de base de la CUP no pertenecen a ninguna de ellas. La primera defiende que la CUP no puede renunciar a todos los postulados de izquierda a cambio de la promesa del referéndum y su cara más conocida es la de Anna Gabriel. Han sido el auténtico látigo contra Artur Mas y su herencia en el PDCat, a ellos corresponde el mérito de haber mantenido el órdago a la investidura hasta que Mas cedió el paso a Puigdemont, o las resistencias a aprobar unos presupuestos que no contempla la reforma fiscal que exigía la CUP ni la suspensión de los conciertos con escuelas religiosas.

Los segundos son herederos del MDT. Su objetivo prioritario es la independencia, lo que significa que no renuncian a la transversalidad de este movimiento aunque en su página web se definan como “independentistas de raíz marxista”. Su cara más visible es Albert Botran, portavoz adjunto en el Parlament. El resto de los ocho diputados cuperos no pertenecen oficialmente a ninguno de estos dos movimientos, aunque se alienan con uno u otro.

La división se hizo patente ya en los inicios de la legislatura, cuando el cabeza de lista, el diputado Jordi Baños, dimitió junto al escritor Julià de Jodar y Josep Manel Busqueta por la decisión de la ejecutiva cupera de no apoyar la investidura de Mas a finales de diciembre de 2015, y forzar la máquina hasta la designación de Carles Puigdemont. Era el particular acto de contrición de la formación anticapitalista por los “errores” cometidos hasta pactar la investidura, escenificada en la dimisión del presidente del grupo -por decisión propia- y de un diputado de cada uno de los bandos, favorables o contrarios a la investidura de Artur Mas, escogidos por la dirección del partido.

Antes de llegar a este punto, la CUP pasó por un momento igualmente rocambolesco cuando militantes de la organización anticapitalista llevaron al extremo su división interna con una votación que se saldó con un empate a 1.515 votos en la asamblea convocada el 28 de diciembre -día de los inocentes- para decidir si apoyaban o no la investidura de Mas. Unas heridas que lejos de cerrarse han seguido supurando durante el último año, como muestra la dimisión, el pasado junio, de seis de los 15 miembros de su secretariado, el máximo órgano de dirección. El golpe de fuerza llega sólo tres días después de que la organización Poble Lliure, integrante de la CUP, reclamase la dimisión del secretariado y la libertad de voto en el Parlamento para sus diez diputados.

Relación con el entorno abertzale

En lo que sí coinciden ambos grupos es en la simpatía y colaboración habitual con la izquierda abertzale, con la que comparten aspectos organizativos. De hecho, Pernando Barrena, portavoz de Sortu y EH-Bildu, ha visitado Cataluña para dar apoyo en campaña a la CUP. Unidad popular es herri batasuna en euskera… Algunos acusaron a David Fernàndez de ser “el chófer” de ETA ya que organizaba los actos de Batasuna, aunque lo cierto es que no tiene carné de conducir. Lo que sí tiene es línea abierta con Arnaldo Otegi. En diciembre del 2012 los tres diputados de la CUP posaron en el Parlament con carteles con el número de preso de Otegi como muestra de solidaridad. Su presencia en las manifestaciones pidiendo su libertad es habitual. También Anna Gabriel tiene contactos con el movimiento abertzale.