Felipe de Edimburgo, junto a la reina Isabel II durante su 90 cumpleaños.

Felipe de Edimburgo, junto a la reina Isabel II durante su 90 cumpleaños. EFE

Política

Felipe de Edimburgo, rey del chascarrillo

La Casa Real británica despertó a todos los trabajadores de sus residencias oficiales el jueves a las 4 de la mañana para pedirles que acudieran al palacio de Buckingham con motivo de una reunión de urgencia. A todos, desde el barón Vestey, maestro de los caballos de la corte, hasta Richenda Elton, la mujer de alcoba (Lady of the bedchamber) de la reina Isabel II. Entre los convocados estaban también el gaitero real, Scott Methven, la poeta laureada del reino, Carol Ann Duffy, y otros 150 puestos activos o simbólicos, pero herederos de la sólida tradición monárquica.

Los rumores, disparados, apuntaban a la salud de la reina Isabel II, de 91 años, que ya tuvo que apartarse de la vida pública el pasado invierno debido a su delicado estado. La noticia para los congregados, no obstante, fue que el paso atrás lo daba su marido, el duque Felipe de Edimburgo, que a los 96 años pondrá fin a una vida mediática repleta de momentos polémicos, fruto de una personalidad socarrona que le terminó granjeando fama de bromista, habitualmente impertinente, y que le llevó en muchas ocasiones más allá de ciertas líneas rojas.

Ésta es una recopilación cronológica de los momentos más recordados a lo largo de sus 65 años de vida pública como consorte del trono británico:

  • «Las mujeres británicas no saben cocinar», pronunció el duque de Edimburgo en 1961 ante el Instituto Escocés de la Mujer.
  • Ese mismo año, durante un encuentro con ingenieros industriales, Felipe realizó una confesión que después probó en numerosas ocasiones: «Nunca he sido especialmente reticente a hablar de temas sobre los que no sé nada».
  • En 1965, durante su visita a una muestra de arte primitivo etíope, su crítica de la exposición se limitó a valorar que aquellos objetos parecían «el tipo de cosa que mi hija traería de las clases de manualidades».
  • Al año siguiente, el duque Felipe realizó uno de sus numerosos viajes a las colonias británicas en el Caribe. Allí, durante una charla con una matrona en un hospital, comparó los problemas que ambos sufrían a uno y otro lado del Atlántico: «Tú tienes los mosquitos, yo tengo a la prensa».
  • En 1967, en plena Guerra Fría, el monarca consorte quiso relajar las tensiones con el bloque soviético con su estilo particular: «Me encantaría visitar Rusia, aunque los bastardos asesinaron a la mitad de mi familia». Felipe de Edimburgo nació en la isla jónica de Corfú y es hijo de Andrés de Grecia y Dinamarca, hijo de la gran duquesa Olga Romanova, nieta a su vez del zar Nicolás I.
  • Ni siquiera la gran recesión de 1981 minó su espíritu polémico y socarrón. Así se refirió a la situación económica y social del Reino: «Hace pocos años todo el mundo decía que trabajábamos demasiado y que debíamos tener más tiempo libre. Ahora que la gente tiene tiempo libre se quejan de que están en el paro. La gente no se aclara».
  • China ha sido siempre uno de los objetivos favoritos de la afilada lengua del duque. En 1986, durante una reunión anual del Foro Avícola Mundial, describió así sus costumbres culinarias: «Si tiene cuatro patas y no es una silla, si tiene dos alas y vuela y no es un avión, y si nada y no es un submarino, los chinos se lo comerán». Ese mismo año, durante una visita a Pekín, y preguntado por su opinión sobre la ciudad, fue preciso: «Horrible».
  • Otro de los sparrings preferidos del monarca consorte han sido tradicionalmente los escoceses. Especialmente memorable fue su pregunta a un conductor de autoescuela de la región en 1995: «¿Cómo mantiene alejados del alcohol a los nativos el tiempo suficiente como para que aprueben el examen?».
  • En 1997, el duque de Edimburgo se lanzó con un consejo matrimonial: «El ingrediente fundamental es la tolerancia. Os puedo asegurar que la reina Isabel posee la virtud de la tolerancia en abundancia».
  • Un año más tarde, durante una visita oficial a Papúa Nueva Guinea, su pregunta a un estudiante británico que había realizado previamente senderismo en la isla generó una comprensible polémica: «¿Conseguiste que no te comieran?».
  • Felipe de Edimburgo consiguió empeorar su imagen pública en 1999, durante un encuentro con el político tory Lord Taylor de Warwick, descendiente de jamaicanos. «¿De qué exótica parte del mundo es usted?», preguntó el duque, que desconocía la biografía de su interlocutor. «De Birmingham, señor».
  • El monarca consorte tampoco ha sido nunca un hombre fácil de agasajar. En el año 2000, durante una visita a Italia, rechazó constantemente los vinos locales que le ofrecía el entonces presidente del consejo de ministros transalpino, Giuliano Amato: «Consígame una cerveza. Me da igual de qué tipo, simplemente consígame una cerveza».
  • Igualmente rotundo fue en el año 2001 cuando se le preguntó por su opinión sobre un concierto de Elton John al que acababa de asistir: «Deseé que se le hubiera estropeado el micrófono».
  • «¿Quién está drogado aquí? Él parece que está drogado», dijo, en el año 2002, señalando a un adolescente de 14 años durante una visita a un centro juvenil de la comunidad bangladeshí en el Reino Unido.
  • En la misma línea, ya en el año 2009, el duque Felipe se dirigió al empresario Atul Patel con un muy criticado «hay muchos familiares tuyos aquí hoy» durante una recepción en el palacio de Buckingham para 400 indios británicos influyentes.
  • También en Buckingham, y también en 2009, el solemne monarca lanzó un crochet al mentón de los hipsters. Durante una recepción pública en la que participaron más de 8.000 personas, uno de los visitantes se presentó ante el duque como «diseñador». «Bueno, pues tu barba no la has diseñado muy bien, ¿no? Realmente deberías trabajar más en ella».

Una trayectoria pública que le terminó especializando en ciertas labores, más allá de la oratoria. El conde de Merioneth, caballero supernumerario de la Orden del Cardo, Gran Maestre de la Orden del Imperio Británico, miembro de primera clase de la Orden de la Estrella Brillante de Zanzíbar, real jefe de la Orden de Logohu y otro medio centenar de títulos acumulados, se procuró uno a sí mismo ganado a pulso, que no dudó en repetir constantemente cada vez que tuvo ocasión: «Soy el descubridor de placas más experimentado del mundo».

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