No habrá fecha y pregunta para el referéndum de independencia catalán hasta que la Generalitat no tenga respuesta a la última oferta del negociación de Carles Puigdemont. O hasta que el Gobierno de Mariano Rajoy la haya rechazado de nuevo, porque la oferta, verbalizada hoy por el presidente de la Generalitat, no irá más allá de posponer la consulta anunciada para septiembre en aras de una negociación que permita convocarla con la aquiescencia del Gobierno. Si Mariano Rajoy se mantiene en el «no», el Govern fijará los parámetros del referéndum antes de irse de vacaciones estivales.

«El Gobierno solo tiene una manera de evitar que el referéndum se celebre en septiembre» ha asegurado Puigdemont, «negociar» para convocar una consulta pactada más adelante, porque según el presidente catalán «el referéndum, se hará porque nos conviene a todos». Las amenazas, ha añadido en referencia a las advertencias del Gobierno ante pasos como la compra de urnas, «no nos frenaran, no sirvieron para impedir el 9N» de 2014.

Puigdemont ha anunciado hoy su intención de acudir a Madrid con una «oferta flexible» de negociación sobre el referéndum independentista, que básicamente ofrece más tiempo para negociar, y ha dejado claro que el futuro político catalán no pasa «por unas elecciones autonómicas ni una encuesta de opinión para salir del paso». De hecho, lo único que está dispuesto a negociar el president, oficialmente, es la fecha del referéndum, que se ha ofrecido a posponer para llegar a un acuerdo sobre las condiciones de la consulta con el Gobierno.

Esta «última oferta» no se producirá mañana, cuando el presidente del Gobierno participará en Barcelona en la inauguración del Salón del Automóvil, han asegurado a El Independiente fuentes de la Generalitat, sino una vez concluyan los trabajos del Pacto por el Referéndum que cumplimentará su recogida de apoyos el 19 de mayo. De momento, la organización que lidera el ex socialista Joan Ignasi Elena ha recogido 400.000 firmas.

Contentar a los comunes y acallar a la CUP

Con la insistencia en este último intento negociador con el Gobierno, que ya ha negado por activa y por pasiva la posibilidad de pactar un referéndum, Puigdemont intenta contentar a las confluencias de izquierdas integradas en CSQP y acallar a la CUP. Los primeros insisten en un referéndum pactado y con garantías jurídicas, que de hecho sólo es posible pactándolo con el Gobierno, y se desmarcan de la vía unilateral con la que amenaza JxS.

Y los cuperos insisten día sí día también en que el Govern debe fijar ya la fecha y pregunta del referéndum para iniciar la campaña electoral. En este contexto, la CUP exigió ayer la creación de un nuevo órgano de coordinación entre Gobierno y partidos soberanistas para avanzar en los preparativos de la consulta, mostrando una vez más su desconfianza sobre los avances reales del gobierno de Puigdemont en este sentido.