Se han cumplido los peores pronósticos para el Gobierno y el PP y no porque pensaran que “Susana Díaz nos lo fuera a poner fácil, ni mucho menos”. Pero el triunfo de Pedro Sánchez en las primarias socialistas introduce un elemento de incertidumbre donde el único tranquilo parece ser el inquilino de la Moncloa, Mariano Rajoy, “que va a seguir intentando agotar la legislatura” o, al menos, lo más posible. No parece pasar por la cabeza del presidente del Ejecutivo un adelanto electoral para pillar a Sánchez lamiéndose las heridas de la contienda, con una formación partida en dos y sin candidato, aunque temen que van a tener que sortear al menos dos años de  fuerte inestabilidad política en la izquierda con la amenaza de una moción de censura y eso no cierra la puerta a ningún escenario.

Cree un alto dirigente del PP que Sánchez “también también necesita tiempo para rearmarse y unir un poco al partido”, pero no tiene dudas en que “los más contentos serán los de Podemos”. Públicamente, se han conocido che los tuits de Cristina Cifuentes y de Xavier García albiol. La presidenta de la Comunidad de Madrid le da la enhorabuena para indicar a continuación que “tienes la enorme responsabilidad de hacer que el PSOE siga siendo útil para la estabilidad de España”. Mucho menos contemporizador es el presidente del PP catalán, para quien el regreso de Sánchez “es una desgracia para España”, aunque al escorar “al PSOE en la extrema izquierda y una oportunidad de ampliar base del PP”.

Mañana se reúne la ejecutiva popular para analizar la situación política abierta con el triunfo de Sánchez. Éste siempre ha sido considerado por los populares el más imprevisible de los tres candidatos socialistas, lo que dificulta la comunicación con el primer partido de la oposición. Temen, no sólo que éste cortocircuite cualquier intento de diálogo, sino incluso que, de producirse, “no sea un interlocutor fiable”. Además, creen que el líder sin escaño necesitará un “golpe de efecto” con el que hacerse oír en el Congreso y ese no es otro que una moción de censura, aunque se para perder. Sus cambios de criterio sobre temas de tanta trascendencia como Cataluña y el concepto de nación pueden acabar con la “unidad de acción” de ambos partidos frente al desafío independentista, lo que están convencidos que no hubiera pasado con la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, a la que atribuyen un fuerte sentido de Estado.

Techo de gasto, pensiones o educación son los asuntos que el Gobierno teme no poder negociar con el nuevo PSOE

El Gobierno tiene sobre la mesa una agenda cargada de propuestas de pacto, algunos indispensables, pero para los que tendrá que buscar, sin ninguna duda, otros aliados y hacer encaje de bolillos con la “geometría variable” parlamentaria. Dan por hecho en Moncloa que Sánchez, abrazado al ala izquierda del socialismo al estilo de Corbyn en el Reino Unido o de Hamon en Francia, no querrá tejer ningún acuerdo con ellos, acosados, por su parte por la corrupción.

En julio, pocas semanas después de celebrado el congreso socialista, hay que aprobar el techo de gasto y abordar la negociación de los Presupuestos Generales del Estado para 2018. El techo de gasto de este año se acordó con la gestora socialista, en buena medida, por la presión de los presidentes autonómicos. No es imaginable ni por asomo que Sánchez sea sensible con las peticiones de unas baronías socialistas que le han hecho campaña a la contra.

Pero hay más. “Nos quedan reformas por hacer. A través del diálogo deberíamos llegar a un acuerdo sorbe nuestro sistema de pensiones y su consolidación; sobre la reforma del sistema educativo para que no esté al albur de los cambios de gobierno; para dar una mayor protección a las mujeres en la lucha contra los malos tratos; para seguir avanzando en el proceso de regeneración democrática. Este es el camino y nosotros estamos por una legislatura larga. Ya tuvimos una corta y fue una pérdida de tiempo”, afirman desde el Grupo Parlamentario.

Sánchez carece de tantas ataduras como Díaz para entrar a saco en la comisión de financiación del PP

Hay otra cuestión especialmente espinosa para Moncloa con el triunfo de Pedro Sánchez: la  comisión de investigación de la supuesta financiación ilegal del PP. Si bien, todas los “bandos” socialistas -por usar la terminología “sanchista”- son partidarios de sentar a Rajoy en la misma, los populares pensaban que con la andaluza sería posible “modular” el tono y alcance del ataque. A fin de cuentas, ella también ha tenido que lidiar con el caso de los Eres, tiene a dos presidentes de partido y de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves y José Antonio Gruiñán, imputados, y no está para dar muchas clases sobre este tema. En cambio ¿qué le importa a Sánchez que le saquen los Ere, que le hables de Chaves o Griñán o que el PP amague con pedir la comparecencia de Díaz en el Senado? No hay disuasión posible.

Mala relación personal

Todo ello sin olvidar que la relación personal entre Rajoy y Sánchez está presidida por el recelo mutuo, el rechazo y hasta el desprecio. El “indecente” que le espetó el socialista al popular en su debate electoral de un ya lejanísimo 14 de diciembre de 2015 replicado con un “ruin”, no fue la causa, sino el síntoma, de esa nefasta relación. La falta de sintonía entre ambos solo es equiparable a la que sentían Felipe González y José María Aznar. Y no la disimulan. Tres días después de las elecciones del 20-D Rajoy le recibió en Moncloa. Sánchez apenas estuvo sentado diez minutos, los justos para decirle que no tenía nada que negociar ni hablar con él. Todos recuerdan la ya famosa “cobra” que el gallego le hizo al líder del PSOE cuando se negó a saludarle en una reunión celebrada en el Congreso el 12 de febrero de 2016, aquel año políticamente loco. Todo muy edificante y que puede volver a repetirse.