El secretario general de Sortu, Arnaldo Otegi, ha sido elegido como primer coordinador general de EH Bildu, ya que la candidatura que lideraba que logrado el respaldo del 84 % de los votos.

De esa manera, Otegi liderará una ejecutiva o Mesa Política conformada por 19 miembros, entre los que destacan Gari Mujika, como será director general de EH Bildu, cuya candidatura ha logrado 2.147 votos a favor (el 84%), 267 en contra (un 10%) y 132 votos en blanco (5%).

El congreso de EH Bildu, que se celebra en el Palacio Euskaduna de Bilbao, va a suponer la integración en una formación estructurada como partido político, de las cuatro formaciones -Sortu, EA, Alternatiba y Aralar- que hasta ahora conformaban una coalición. La izquierda abertzale ha asumido en esa primera cita congresual la mayoría de los cargos de la ejecutiva de la formación.

Referente de la izquierda abertzale

Otegi se ha convertido en los últimos 20 años en el referente de la izquierda abertzale, que pretendió convertirle en el “Mandela vasco” cuando salió de la cárcel hace un año. Sin embargo, ese aura de “icono” político quedó devaluada en los últimos meses cuando su protagonismo en la campaña electoral vasca, aunque no pudo ser candidato a lehendakari por estar inhabilitado, no se tradujo en una mejora de los resultados de EH Bildu, sino todo lo contrario, con una pérdida de 50.000 votos (del 25 al 21,26 en porcentaje de voto) y tres escaños menos.

Arnaldo Otegi Mondragón, nacido en Elgoibar (Gipuzkoa) la víspera de San Fermín de 1958, tiene una larga trayectoria política y también carcelaria. Con 19 años se había enrolado en ETA político-militar y en 1981, cuando esta rama se disolvió, él optó por continuar e ingresó en ETA militar, donde se le consideraba un activista de base.

Acusado de participar en tres secuestros, aunque en dos de ellos fue absuelto por la justicia, cumplió una condena de tres años entre 1987 y 1990. Otegi comenzó a participar en política y en 1995 se convirtió en parlamentario vasco. Paradójicamente, la misma Justicia que ha actuado contra él en numerosas ocasiones le puso en bandeja su primer ascenso, al encarcelar en 1997 a toda la Mesa Nacional de HB por difundir un vídeo de ETA en la campaña electoral del año anterior.

Ese vacío de poder en HB le convirtió en el principal portavoz de la izquierda abertzale, seducida por su oratoria fluida y afilada. Participó en las negociaciones que derivaron en el frustrado Pacto de Lizarra y en el acuerdo de legislatura alcanzado con el PNV y EA, que ETA hizo saltar por los aires al romper el “alto el fuego indefinido” declarado en 1998.

Su actuación política en aquellos años oscilaba entre los repetidos intentos de lograr acuerdos entre nacionalistas y un perfil aún radical que le llevaba a justificar y contextualizar cada asesinato de ETA, participar en numerosos homenajes a sus miembros y a cometer algunos excesos verbales.

El 11 de noviembre de 2004, con Batasuna ya ilegalizada, Otegi participó en un acto político en el Velódromo de Anoeta en el que hizo una propuesta de resolución del llamado “conflicto” vasco basada en la constitución de dos mesas paralelas de negociación: una política entre los partidos y otra técnica entre el Gobierno y ETA. Otegi mantenía reuniones informales y discretas en el caserío Txillarre de Elgoibar con los socialistas Jesús Eguiguren y Francisco Egea, germen del intento de “proceso de paz” que acabó enterrado entre los cascotes de la T-4 del aeropuerto de Madrid Barajas.

Durante esa tregua se trató de llevar a la práctica el esquema de las dos mesas ideado por Otegi en 2004, con los partidos vascos hablando de política en Loiola (Gipuzkoa) y con los contactos entre el Ejecutivo y ETA en Suiza y Noruega. ETA reventó el proceso con la bomba de la T-4 de Barajas, que causó dos muertos el último día del año de 2006, un atentado que hizo “caer del caballo” a Arnaldo Otegi, quien a partir de ahí acabó de convencerse de que la organización terrorista era un lastre que evitaba que la causa de la independencia pudieran sumar mayorías.

En 2007 fue condenado por participar en el homenaje al etarra José Manuel Beñaran “Argala” y pasó 15 meses en la cárcel, tras lo que comenzó a trabajar en una nueva estrategia que apostaba por las “vías exclusivamente pacíficas y políticas”. La imposición de esta tesis en la izquierda abertzale conllevó en 2011 el abandono definitivo de las armas por parte de ETA. Otegi había sido detenido en 2009 por el caso Bateragune y meses antes del alto el fuego fue condenado a 10 años de prisión, aunque posteriormente el Tribunal Supremo rebajó la pena a 6 años y medio.

La sentencia estableció que Otegi había intentado reconstituir Batasuna bajo las órdenes de ETA, pero el portavoz abertzale dijo durante el juicio que su actuación en aquel momento trataba precisamente de imponer en la izquierda abertzale la tesis de que la organización terrorista, a la que nunca ha condenado expresamente, “sobraba” y “estorbaba”.

El 1 de marzo de 2016 acabó de cumplir su condena en la cárcel de Logroño y retornó a la política como secretario general de Sortu (cargo que ahora abandonará) y aunque no pudo ser candidato a lehendakari por no estar agotada su inhabilitación para cargo público, tuvo un papel protagonista en la campaña.