El conseller de Interior, Joaquim Forn, ha propuesto hoy a Pere Soler Campins como nuevo director de los Mossos d’Esquadra, cargo para el que será nombrado oficialmente mañana por el Gobierno catalán, en sustitución de Albert Batlle, que ha dimitido por motivos políticos a dos meses y medio del 1-O.

Soler es independentista convencido, abogado de profesión y partidario del referéndum del 1 de octubre. Ex director de Servicios Penitenciarios en el último gobierno de Artur Mas, el nuevo responsable político de los Mossos pertenece al entorno del actual consejero de Territorio y Sostenibilidad, Josep Rull, uno de los hombres fuertes del Gobierno de Puigdemont y del pinyol independentista que en su momento integraban también Oriol Pujol, Quico Homs y el nuevo portavoz, Jordi Turull.

De su absoluta fidelidad al proyecto independentista lanzado por Artur Mas que ahora lidera Carles Puigdemont da muestra el tuit que publicó hace un año, tras un acto de la campaña del PDCat a las elecciones generales de junio de 2016.  «Brillante el president Mas, somos soldados al servicio del Molt Honorable President Puigdemont, por la dignidad y la decencia de nuestro país» afirmaba entonces.

 

Soler fue regidor de Terrassa, su ciudad, cuando Rull lideraba el grupo de CiU en esta localidad, aunque su paso por Servicios Penitenciarios lo hizo bajo el mando de Germà Gordó, ahora proscrito en el partido. Quienes le conocen lo definen como «socialdemócrata, culé y muy familiar».

Batlle, cuestionado por los partidos soberanistas que recelaban de su papel ante el referéndum que el Govern ha anunciado para el 1 de octubre, ha presentado hoy su dimisión por motivos políticos, después de que el pasado viernes renunció al cargo el hasta entonces conseller Jordi Jané, que fue relevado por Joaquim Forn, un político netamente independentista.

Con la rápida designación de Soler al frente de los Mossos Forn cumple uno de los mandatos del president Puigdemont, quien el pasado viernes encargó a su nuevo gobierno que sondeen a los altos cargos de la Generalitat para garantizar su absoluto compromiso con la celebración del referéndum del 1-O. La dimisión de Batlle, en este contexto, parecía cantada, y el Govern ha intentado atajar la nueva imagen de debilidad que supone su cese con una sustitución rápida al frente de la policía autonómica.