Desde julio de 2017, el apellido del padre no prima sobre el de la madre. Como hasta ahora, los progenitores pueden elegir el orden de los apellidos de sus hijos, pero si no hay acuerdo ya no se pone por defecto el apellido paterno.

De todos los nacidos en julio, solo el 0,5% llevan el apellido de su madre por delante (193 de 35.583). La nueva reforma no ha potenciado el cambio, ya que el mes anterior se habían inscrito más con el apellido materno antepuesto (0,8%).

Por Comunidades Autónomas, el número fluctúa mucho de un mes a otro pero es en el País Vasco y Galicia donde se observa en los dos últimos meses una mayor proporción de parejas que optan por anteponer el apellido de la madre.

Desde que en 1999 se reformó la ley y se permite alterar el orden de los apellidos, unos 23.000 menores han sido registrados con el apellido de su madre primero. La tendencia ha ido in crescendo desde los 27 nacidos de 2001 a 2.953 en 2016.

 

«Nosotros lo cambiamos y es un lío»

Es posible que detrás del bajo ratio de elección del apellido de la madre estén algunas dificultades que experimentan aquellos que deciden cambiar el orden de los apellidos y que les ha supuesto, en muchas ocasiones, «un lío». Celia y Antonio decidieron poner primero el apellido de ella, por ser más original y correr el peligro de perderse al ser hija única. Sin embargo, unos años después y a pesar de existir la posibilidad desde 1999, a esta pareja les sigue sorprendiendo, sobre todo, «el desconocimiento dentro de la propia Administración».

Lo que más sorprende a estos padres es el desconocimiento dentro de la propia Administración

«Hemos tenido problemas en la guardería y en el colegio, pero lo que más me sorprende es que entre los propios funcionarios tampoco hay conocimiento. Envías un formulario y te lo devuelven con el orden de los apellidos cambiado o preguntando si hay un error», cuenta Celia. Para ella, el problema parte de que «en todos los papeles oficiales sigue apareciendo primero nombre del padre y segundo el de la madre, en lugar de algo más neutro como progenitor uno y progenitor dos, por ejemplo».

«Cuando un niño lleva el apellido de su madre primero siempre parece que tiene que dar explicaciones, o que es hijo de madre soltera», dice Celia que, tras tener el segundo, confiesa que las cosas son algo más fáciles, «al menos en el colegio, donde ya saben que eres ‘el raro».