El atentado de Barcelona del 17 de agosto podría ser el primer gran atentado del ISIS en España, y al menos el segundo de corte yihadista tras el recordado 11-M, hace casi 13 años. Sin embargo, ¿cómo termina un ciudadano en España abrazando la violencia de masas del radicalismo islámico? En el extenso artículo Dos factores que explican la radicalización yihadista en España, los investigadores Fernando Reinares, Carola García-Calvo y Álvaro Vicente, del Real Instituo Elcano, tratan de dar respuesta.

La primera explicación es el contacto con alguien, un predicador salafista, un muftí que predica la versión más extrema de la religión que domina países como Arabia Saudí o Qatar. «En el 86,9% de los casos», resaltan los autores, «hubo contacto con algún agente de radicalización, ya fuese éste un activista, una figura religiosa o un familiar».

Analizan Reinares, García-Calvo y Vicente el contexto y modo de vida de muchos de los detenidos en nuestro país por terrorismo islámico. «La existencia de vínculos sociales previos al inicio de la radicalización, basados por lo común en relaciones de amistad o parentesco dentro de una misma localidad, pudieron constatarse para un 68,7% de los detenidos», subrayan.

La existencia de ambos elementos no significa la conversión inmediata. Ni mucho menos. «Los dos factores, el contacto con algún agente de radicalización y vínculos sociales previos (…) contribuyen a explicar por qué algunos individuos se radicalicen mientras otros, con características sociales y demográficas similares, en un contexto semejante, no», avanzan. Es decir, que uno puede estar en contacto con elementos radicales y rechazar de plano viajar a Siria a combatir con el ISIS. O incluso predicar una versión radical del Islam y rechazar la violencia terrorista.