Una semana después de los atentados de Barcelona y Cambrils, la Comunidad Musulmana Annour sigue buscando respuestas al horror que se gestó en su seno sin que sus responsables se percataran. En la puerta de la pequeña mezquita de la calle Progreso, el comunicado de condena de los atentados marca todas las distancias con la masacre perpetrada por algunos miembros de su comunidad. Los más jóvenes. «Algunos de los mejores jóvenes» apunta el secretario de Annour, Hammou Minhaj, que señala -como todos a estas alturas- al imán Abdelbaki Es Satty como el único responsable de la tragedia.

El más joven de los terroristas abatidos en Cambrils, Moussa Oukabir, debía empezar a trabajar en septiembre. Tenía su primera oferta de trabajo, así lo explica su familia para abrir aún más interrogantes sobre los motivos de la radicalización. Eran jóvenes integrados, no se sentían excluidos del mercado de trabajo, habían participado en la vida social de su comunidad, desde el fútbol sala a la escuela.

Moussa debía empezar a trabajar en septiembre, su primer trabajo

«Fue a buscar a los más jóvenes» concluye Minhaj como única explicación para el cambio radical experimentado por los terroristas. Se refiere a Abdelbaki Es Satty, el imán de la joven comunidad de Annour -apenas un año y ocho meses de existencia truncada por los atentados- al que define como un hombre reservado del que poco sabían más allá de su trabajo en la mezquita. Un trabajo que pasaba por dirigir las cinco oraciones diarias, el rezo de los viernes y la enseñanza del Corán a los más jóvenes de la comunidad. Los niños empiezan su instrucción religiosa aprendiendo a leer y escribir el árabe con un otro profesor, para pasar después a aprender el Libro Sagrado con el imán.

Mezquita a medio gas

Ahora la mezquita de Annour ha limitado las oraciones a las de las tardes. Por las mañanas decidimos cerrar, reconoce Al Yasine, presidente de la comunidad, por temor a algún ataque xenófobo. «Por las mañanas esta calle está muy vacía» argumenta para explicar que optaron por no buscarse problemas. Tampoco tiene imán que dirija sus rezos desde que en junio Es Satty anunció que dejaba la comunidad, según explicó a Yasine que para viajar a Marruecos.

Sobre el proceso de radicalización de los integrantes de la célula terrorista les cuesta hablar, no se lo explican. Pero Minhaj apunta con tristeza que «si vas a un adolescente y le propones ir a la playa, irá» -tres de los abatidos en Cambrils eran menores de edad-. Se disculpan, los responsables de esta comunidad de 130 personas, señalando una y otra vez que «no podemos controlar lo que el imán hace fuera de la mezquita» y señalan que los integrantes de la célula no se distinguían por su religiosidad. Younes Abouyaakoub «venía una vez al mes, cuando el Corán dice que debes venir cada día a rezar a la mezquita» señala el secretario de la Comunidad.

Junto a la mezquita, en el barrio de la Estación, la cafetería Delicies dels Pirineus promete las «joyas de la pastelería» local. Su responsable pregunta con cierta sorna cuanto tiempo más «vais a seguir por aquí». Se refiere a la prensa que desde el viernes ha invadido esta localidad de 10.500 habitantes con una comunidad musulmana de unas 600 personas, casi todos ellos de origen marroquí. Explica Rosa que han visto a periodistas de todo el mundo «hasta de Australia» en busca de los orígenes de los terroristas de Barcelona. Y repite que eran «chicos normales, uno de ellos vecino de mis cuñados, mi sobrino fue con él al colegio». Pero los orígenes marcan, añade esta hija de cordobeses emigrados al corazón de Cataluña.

A las puertas de la Escola Vedruna, la directora de estudios del centro, Montsina Llimós, se repite los mismos interrogantes ante la prensa. Habla de jóvenes integrados y responsables, especialmente Younes Abouyaakoub, el líder operativo del grupo y autor de la masacre de La Rambla, al que había dado clase. «Younes se había comprado una moto grande hace unas semanas y la iba enseñando», explica Llimós. La profesora apunta que los adolescentes de origen magrebí a menudo están faltos de referentes y asumen responsabilidades antes de lo que les correspondería. Lo que ha pasado, advierte, «podría pasar en cualquier sitio».

«Ante este hecho criminal, la Comunidad Islámica Annour de Ripoll reitera su pleno compromiso con la lucha contra cualquier tipo de terrorismo, y espera que los responsabes de esos atentados puedan ser detenidos y llevados ante la justicia cuanto antes» reza el comunicado de la puerta. Tristeza, incomprensión y algo de miedo -aunque Yasine asegura que de momento no ha habido ningún problema con sus vecinos- en unos días de «mucho dolor» que la comunidad quiere dejar atrás.