Un juzgado de Ubrique (Cádiz) ha archivado las diligencias abiertas contra el activista medioambiental Juan Clavero por supuesto tráfico de drogas al entender que las bolsas con cocaína y hachís que la Guardia Civil le intervino en el interior de su furgoneta fueron colocadas intencionadamente por un tercero con el ánimo de desprestigiarlo socialmente por su feroz defensa de las vías pecuarias para uso público a fin de que cese en sus reivindicaciones.

Clavero fue detenido en la tarde del pasado 26 de agosto en la Sierra de Cádiz tras participar en una marcha en defensa de los caminos públicos ocupados por propietarios privados al hallar la Guardia Civil en los bajos del asiento del copiloto de su vehículo bolsas de hachís y papelinas de cocaína cuando regresaba a su casa por un camino secundario. El juez de guardia le puso en libertad al día siguiente tras tomarle declaración.

En un auto fechado el 6 de septiembre, el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de Ubrique acuerda sobreseer las diligencias por entender que no sólo no hay un indicio que permita mantener la imputación a Clavero por la comisión de un delito de tráfico de drogas, sino que habría sido víctima de «actuaciones malintencionadas por parte de terceros» con la finalidad de alejarlo de sus «actividades habituales» de defensa del medio ambiente.

El juez sospecha de un «señor desconocido» que insistió en ir al vehículo de Clavero a coger sus gafas

El juez Francisco Javier de Lemus llega a esa conclusión por varias circunstancias. De entrada, el instructor llama la atención sobre el hecho de que el aviso anónimo en la que se alertaba a la Guardia Civil de la presencia de droga en un lugar determinado del vehículo del activista se hiciera desde una cabina telefónica, lo que «corta toda posibilidad» de identificar al autor de la llamada que dio pie a la actuación de los agentes.

A ello se suma la presencia en la marcha de un «señor desconocido» que llegó a acceder al vehículo sin que Clavero u otros testigos «estuvieran presentes». «Sólo saben de él lo que les contó, poco más que su nombre -solo Manuel- y su procedencia. Este hecho, unido además a las testificales que indican que este sujeto desconocido insistió sobremanera en ir al coche a recuperar sus gafas antes de que fuera parado por agentes de la Guardia Civil, abre una más que evidente, y no menos lógica, posibilidad de que el investigado más que autor de los hechos de ilícito tráfico de sustancias estupefacientes pudiera ser la víctima de una persecución realizada por personas no determinadas», expone el juez.

«Evidencias físicas»

El hecho de que esa persona no volviera con Juan Clavero al término de la protesta alimenta la sospecha de que sabía que iba a haber un control policial, añade. El instructor asegura que existen «evidencias físicas» de la persona que presumiblemente introdujo la droga en la furgoneta del activista medioambiental al aparecer en varias fotografías.

«La declaración que realiza el investigado es manifiestamente detallada, completa, verosímil y es totalmente coincidente con la que ofrecen los testigos aportadas a las actuaciones. A ello se unen indicios externos de no menos importancia, pues es el investigado el que voluntariamente permite que los agentes de la Guardia Civil acudan a su domicilio a registrarlo, lo que permite apreciar una colaboración con tales agentes poco usual pero al mismo tiempo corroboradora de que no existen más sustancias ocultas de la misma naturaleza que la encontrada en su vehículo», argumenta.