Un matrimonio desayuna junto a la Plaza de Urquinaona cogiendo fuerzas para la manifestación, que reivindica la unidad de España. «La primera a la que voy en mi vida», confiesa él, de 47 años, sujetando en la silla una bandera de España. «La compramos ayer en un chino y le dije guárdala en mi bolso, que no la vea nadie», cuenta ella. Los dos son de Sabadell. «Lo más complicado era qué hacer con el palo», comenta él, «a mi cuñado en el bar le dije que era para una escoba que se nos había roto, no quiero líos con la familia».

«Es la primera vez que voy a una manifestación», reconoce también un señor que ha llegado a Barcelona desde Sant Saturní d’Anoia con una bandera de España en la mano y un pañuelo de Freixenet al cuello. «Mi padre es de Cádiz y ha trabajado 44 años en Freixenet», dice una de sus hijas. «Y mi hermana y yo nacimos aquí, somos catalanas y españolas, pero hasta ahora no habíamos salido a la calle a decirlo». Las dos van envueltas en la senyera. «Cuando acabe esto, si va todo bien, brindaremos con un buen cava por España», dice el padre.

También es la primera vez que se manifiesta una señora muy elegante que parece salida de misa pero que sale de una panadería donde ha entrado a comprar una botella de agua. Porque en la céntrica Vía Laietana, donde se han reunido decenas de miles de personas bajo el lema ‘Recuperem el seny’, hay un sol espléndido y más de 30 grados.

No habíamos salido de casa hasta ahora porque pensábamos que el Gobierno pararía esto’

Con la botella en una mano y la bandera de España en la otra, esta barcelonesa de cuarentaytantos explica por qué esta es la primera vez que sale a la calle por la unidad de España: «No habíamos salido de casa hasta ahora porque pensábamos que el Gobierno pararía esto. Pero como desde Madrid no están siendo capaces, hemos tenido que reaccionar nosotros. Y esperemos que sirva de algo, porque esto es impresionante».

Miles de banderas españolas, catalanas y de la Unión Europea. Carteles de Catalonia is Spain. Las vivas a la policia y la Guardia Civil son constantes. Sobre todo a las puertas de la Jefatura Superior de la Policia Nacional, frente a la sede histórica de La Caixa: «Esta es nuestra policía», cantan a los policías uniformados. Lo que no se ve es ninguna manifestación con la estrella azul del independentismo, salvo las que de vez en cuando cuelgan de los balcones, pero que hoy pasan inadvertidas entre tanto rojo y amarillo.  Tampoco se ven banderas franquistas.

Los cánticos saltan continuamente del Visca España al Visca Catalunya. Tarde o temprano siempre acaban en el «Lo lo lololó loló» y el «Yo soy español, español, español». «Es la primera vez que salgo a cantarlo sin que haya ganado La Roja», dice un veinteañero de Hospitalet que se aleja pegando saltos con sus amigos. «Yo soy catalán, catalán, catalán», cantan ahora. «Viva Manolo Escobar», grita alguien. Y la gente aplaude entre risas.

De vez en cuando se intuye algún madrileño, de los muchos que han llegado en el AVE esta mañana para sumarse a la manifestación, que lleva un polo con la bandera de España en el cuello y grita «¡Viva España!». Siempre hay un grupo a su lado que añade: ¡Y Visca Cataluña!

Algunos piden que se aplique el 155 y gritan «Puigdemont a prisión» y «El Trapero al talego» entre trompetas y silbidos

Pero se nota que las coreografías están poco ensayadas. Cada grupo grita una cosa diferente, la calle no canta al unísono. Porque piensa diferente. Algunos quieren elecciones y otros piden a Rajoy que aplique el 155 y gritan «Puigdemont a prisión» y «El Trapero al talego» entre trompetas y silbidos. Otros prefieren corear «Els carrers serán tambe nostras» (las calles también serán nuestras), en respuesta al tradicional cántico independentista que se repetía en las protestas tras el 1-O.

Se nota hasta en el calzado que la mayoría de las decenas de miles de personas que han recorrido las calles de Barcelona gritando «yo soy español, español, español», son novatos en esto de las manifestaciones. Mucho zapato de domingo y pocas gorras para el sol o mochilas con botellas de agua, a diferencia de las movilizaciones independentistas, que son un despliegue de logística y profesionalidad. La otra gran diferencia de esta gran movilización visiblemente amateur, por el seny y la unidad de España, es que hay que pedirle a muchos de los manifestantes permiso para hacerles una foto. «Saca la bandera, pero no me saques la cara, que luego vete a saber por dónde circula eso y no quiero que me vean en el pueblo».

Una señora, que lleva un abanico con la bandera de España de un lado y la senyera del otro, de los que ha repartido Sociedad Civil Catalana, la entidad convocante, le dice a su hija mientras se hace un selfie entre las banderas: «Mejor no la subas al Facebook, cariño». También es la primera vez que van a una manifestación. «Es muy emocionante», comenta. Y se alejan gritando, con orgullo offline «lo lo lololó, lololó».