La deriva belga del proceso independentista arrancó el domingo, impulsada por el secretario de Estado de Migración y Asilo del país europeo, Theo Francken. «Los catalanes que se sienten políticamente amenazados pueden solicitar asilo en Bélgica. Puigdemont también pertenece a ellos. Eso es totalmente legal», dijo en una entrevista concedida a la televisión VRT. Francken no sólo asfaltaba el camino hacia un conflicto diplomático entre España y Bélgica. Principalmente, de hecho, abría una crisis dentro de su propio gobierno. Otra más.

Las palabras de Francken han sido recibidas en Bélgica como una excentricidad. «‘¡Pero qué estupidez!», arrancaba este lunes el editorial de Le Soir, el periódico francófono de referencia en el país. «Esta es la única conclusión que debe extraerse de las palabras del Secretario de Estado Theo Francken sobre una hipotética solicitud de asilo del independentista Puigdemont, que sumieron a Bélgica este domingo en un ridículo internacional», continuaba el duro posicionamiento del diario.

Las palabras de Francken sumieron a Bélgica este domingo en un ridículo internacional’, dice Le Soir sobre el asilo a Puigdemont

«Este fin de semana Theo Francken pudo haber ganado puntos entre sus ultras, pero perdió la cara ante Bélgica y Charles Michel», escribía el periódico, que consideraba la salida de tono de Francken como «una puñalada en la espalda» del primer ministro.

El propio dirigente tuvo que salir rápidamente al paso de las palabras de su secretario de Estado, una de las cuotas del pujante nacionalismo flamenco dentro de su ejecutivo. «No está en absoluto en nuestro orden del día», dijo Michel, que no es precisamente el mejor aliado de Moncloa en la crisis catalana. Bélgica ha mantenido una de las propuestas más ambiguas en torno al proceso independentista, y fue el único país de la Unión Europea que abrió la puerta a la mediación internacional tras el 1 de octubre. La pronunciada fractura nacionalista en el país europeo obliga a su gobierno a equilibrismos complicados.

Los centristas del CDH: ‘Ya basta de complicidad con las políticas de los independentistas catalanes’

Puigdemont le está costando caro. «Es urgente que el primer ministro dé explicaciones sobre la probable visita de la delegación Puigdemont a Bruselas. Está en juego la credibilidad internacional de Bélgica», ha dicho el ex primer ministro y presidente del Partido Socialista, Elio di Rupo. «Francken sabía que Puigdemont iba a pedir asilo. ¿Charles Michel acepta jugar con las reglas del N-VA? Es extremadamente grave», ha dicho Catherine Fonck, la portavoz del centrista CDH, que ha exigido contundencia: «Ya basta de complicidad con las políticas de los independentistas catalanes».

Los nacionalistas del N-VA, con los que supuestamente iba a reunirse Puigdemont, aseguran que no saben nada de él. La prensa nacional e internacional se ha congregado a las puertas de su sede, donde sospechaban que el ex presidente catalán acudiría a un encuentro. Ni rastro. El corresponsal de TV3 en la capital belga aseguraba a mediodía en Twitter que la delegación se encontraba en un lugar «discreto y seguro».

Francken es foco de polémicas constantes y ha mostrado actitudes muy cercanas a la extrema derecha

Francken es un destacado miembro del partido nacionalista flamenco N-VA y secretario de Estado de Migración y Asilo desde 2014. Foco de polémicas constantes: se ha hecho célebre por rechazar masivamente solicitudes de asilo de familias sirias e irakíes, y por comentarios fuera de tono contra los refugiados en redes sociales. Tuvo que pedir disculpas por acudir a la fiesta de cumpleaños de un político vinculado a los flamencos colaboracionistas con el nazismo durante la Segunda Guerra Mundial.

Cataluña no es el primer asunto que utiliza como arma electoral en clave interna. Lo hizo antes con Sudán del Sur. «Tenía todos los motivos para guardar silencio sobre esto: en primer lugar, el primer ministro Charles Michel es el portavoz de una posición matizada sobre el asunto catalán que también satisface al N-VA. Segundo, esta actitud ha puesto a Bélgica en una posición difícil frente al gobierno español. Tercero, el Secretario de Estado no es Ministro de Asuntos Exteriores y, especialmente, la cuestión de conceder el asilo al señor Puigdemont no está de actualidad», defiende Le Soir.

El ‘protocolo Aznar’

Y no está de actualidad porque, aunque lo pidieran Puigdemont y los cinco ex consejeros que la acompañan en su viaje a Bélgica, las posibilidades de que se le otorgue son escasas. Y eso pese a que Bélgica es uno de los pocos estados miembros de la Unión Europea que no rechazan de inicio las solicitudes de asilo de ciudadanos de la Unión Europea. Una convención que rompen los belgas pero que asume la UE desde 1999, por impulso de José María Aznar, y que basa sus principios en que los estados miembro de la Unión lo son precisamente por sus altos estándares de democracia y respeto a los procedimientos judiciales.

Su posición, sin embargo, es exigente. Las peticiones de asilo de ciudadanos europeos se resuelven en cinco días y se aceptan sólo en los casos de que el solicitante se encuentre «en riesgo de daño grave si vuelven a su país de origen». Un riesgo nada ambiguo. «Daño grave es la pena de muerte o la ejecución; la tortura, el trato inhumano o degradante, o la seria amenaza a la vida del ciudadano a causa de violencia indiscriminada en una situación de conflicto armado nacional o internacional». Ninguna de estas causas concurre en el caso de Puigdemont ni de los consejeros Meritxell Borràs, Toni Comín, Joaquim Forn, Dolors Bassa y Meritxell Serret.

Este procedimiento se ha activado en los últimos años principalmente para casos de minorías étnicas procedentes de Rumanía y Bulgaria. Moncloa tiene claro que no hay ninguna opción de que Bélgica pudiera conceder el asilo a los miembros del Govern, por inaplicabilidad de los supuestos y por el coste político que supondría retirarle de facto a España la consideración de Estado seguro y despreciar el principio de confianza mutua entre los miembros de la Unión Europea.